lunes, 30 de marzo de 2015

John Russel Bartlett. La frontera entre México y Estados Unidos en 1852 (2a. Parte)







Bartlett en Monterrey se aloja en el "Hotel de Coindreau" (Diciembre 1852)

Bartlett y su equipo de exploradores partieron de Saltillo hacia Monterrey el 10 de Diciembre de 1852. El trayecto que hoy día nos demora una hora en automóvil le costó dos días. Esto debido principalmente a problemas con las ruedas de las carretas, que se encontraban en mal estado. El primer detalle que llama la atención en el relato de Bartlett es la preocupación por la seguridad ante el posible ataque de los indios. Para prevenir cualquier incidente, solicita a las autoridades locales una escolta de 10 jinetes la cual le es concedida. Durante el camino no hubo ningún incidente con indios.

Bartlett esperaba llegar a Monterrey al día siguiente.No pudimos llegar a Monterrey como esperábamos hacerlo – escribe en su diario – y  fue mucho tiempo después de que oscureciera cuando alcanzamos la villa de Santa Catarina, en las faldas de la Sierra Madre y a unas veinte millas de Rinconada, donde acampamos”.


Ya el día 12 de Diciembre, cuando la gente de Monterrey se encontraba celebrando la fiesta de la Virgen de Guadalupe con ruidosos cañonazos, el grupo de exploradores llegó a la Ciudad después de haber pasado por el Molino de harina de Jesús María. Entrando en la ciudad encontraron “recintos amurallados, donde junto con variedades de árboles frutales y ornamentales, vimos algunos llenos de naranjas y limones”.

Bartlett  señala en su diario que  las casas de Monterrey eran “de piedra con altos techos de paja, rodeadas de hermosos jardines con un aire de confort mayor que cualquier otro que hayamos visto, alineadas a la entrada de la ciudad.

El grupo se alojó en el Hotel de Coindreau. En su diario, Bartlett escribe “we took up our quarters at Coindreau's Hotel” lo que me hace suponer que quizá el Hotel estaría, de alguna manera, organizado para recibir grupos militares o simpatizaba con militares norteamericanos. El hotel probablemente se hallaba en lo que es actualmente la Plaza Hidalgo y debió pertenecer a Don Luis Gustavo Coindrau, originario de Charente, Francia. Coindreau debió llegar a Monterrey procedente de Boston, durante la Batalla de Monterrey o poco tiempo después mientras el ejército norteamericano ocupaba la ciudad[1]
Fue empresario en aquella época y tuvo una fábrica de velas en la década de 1870s. Bartlett sólo asienta el dato del nombre del Hotel “Cointreau´s” y lo describe brevemente como “un amplio edificio con un gran patio, en el estilo del país”.

Al día siguiente Bartlett se dispuso a explorar la ciudad, no sin antes poner a trabajar a un carpintero local en el mantenimiento de las carretas de su tren de exploración.  Durante su recorrido por las calles y plazas de Monterrey se percata de la presencia de compatriotas. “Encontramos varios americanos en  el lugar – anota en su diario –  aunque el número ha disminuido bastante en el año. Hay muchas grandes tiendas, y se puede encontrar todo tipo de artículos en ellos. En muchos el dependiente habla inglés, aprendido durante la ocupación de la ciudad por los americanos”.

Ese mismo día Bartlett visitó el Obispado y allí elaboró un muy interesante boceto del edificio. En él representa la fachada con el cerro de las Mitras al fondo y en su costado la sierra Madre. La peculiaridad de este boceto es, que a diferencia de otras representaciones de la época en él se muestra su fachada y una especie de barricadas o muros protectores en su costado sur. Anota en su diario: “Este es un hermoso edificio de piedra antiguo  y en sus días sería sin duda una estructura elegante, estaba en ruinas, sin embargo, mucho antes que el General Worth lo tomara”.

Fragmento del Boceto de Bartlett mostrando la fachada del Obispado y el cerro de las Mitras. 

Otro boceto realizado en Monterrey por Bartlett y fechado el 14 de diciembre, representa la ciudad vista desde la el sur-este. En él se aprecia el cauce del Río Santa Catarina y la ciudad con detalles de la Catedral el Convento y las casas en torno a ellos. En su diario Bartlett anota: “La ciudad se encuentra en una llanura a una milla de distancia, y la rodean hermosos jardines y huertos, sus blancas casas presentan un fuerte contraste con el verde profundo del follaje. Hacia el sur, corre un pequeño arroyo, un ramal del Rio San Juan, a la mitad de un gran arroyo, más allá en el que un chaparral se intercala con campos de maíz, se extiende cerca de siete millas hacia el Cerro de la Silla, una de las montañas del país más singulares en su forma. Al Norte y este de la ciudad, una gran llanura se extiende hasta donde alcanza la mirada, en la que por aquí y allá hay campos de maíz y caña de azúcar entre grandes chaparrales”.

Anota además en su diario un hecho interesante que le sucedió en el Fuerte de la Ciudadela. Dice que, aunque presentó sus credenciales, se le negó la entrada al fuerte y expresa que ese fue el único incidente de este tipo a lo largo de todo su recorrido.

Continúa su descripción de la ciudad y el estado de los lugares que fueron usados como puestos defensivos durante la Batalla de Monterrey: “El “Black Fort” o ciudadela […] Cubre un área de unas tres hectáreas. Sus paredes son de sólida construcción, con bastiones dominando el acercamiento del lado norte. Al lado este de la ciudad, hay varios reductos, así como a lo largo del margen del arroyo. Fue en la toma de éste durante la cual sufrió más nuestro ejército. Las viejas tenerías, donde hubo un encuentro fuerte, permanecen tal y cual las dejaron nuestras tropas. Un caballero americano familiarizado con la historia de este encuentro, me acompañó en una visita a este cuartel, y señaló varios lugares.
Monterrey es la capital del estado de Nuevo León y tiene una población de entre 15 y 18 mil almas[2]. Es la única ciudad que visité en México (exceptuando Hermosillo, Sonora) que está creciendo. Aquí progresaban las mejoras. Muchas casas de buena calidad estaban en proceso de construcción, otras estaban en reparación y todo tiene la apariencia de ser un lugar con actividad y desarrollo. Las calles están pavimentadas y se mantienen limpias. Mucho se ha hablado de la suciedad de los pueblos mexicanos, yo puedo testificar que los inspectores de las calles de nuestra Nueva York podrían beneficiarse del ejemplo de Monterrey.
Visitamos la Iglesia en la plaza, que ha sido el hospital de nuestras tropas. Tiene algunas pinturas de mala calidad y una gran cantidad de chapa de plata abundante. Las tropas mexicanas fueron a esta plaza antes de capitular.

Fragmento del boceto de Bartlett mostrando la Catedral a la derecha. Al centro la Iglesia del Convento de San Andrés y al fondo el cerro de las Mitras.


El equipo de exploradores continúa su camino hacia el norte el día 15 de diciembre. Salen por el camino para Marín. En la Ciudadela, la escolta de 10 dragones provista por las autoridades locales para la seguridad de la misión, se une nuevamente al grupo. Su destino es el Golfo de México. El día 1º de Enero de 1853 Bartlett y sus compañeros tocan la bahía de Corpus Christi en el estado de Texas.

El edificio del obispado como debieron verlo en 1852 el grupo de Exploradores (Jorge H. Elías)



[1] Datos tomados de la partida matrimonial de Luis G. Coidreau con Doña Francisca de la Garza (Monterrey, 20 de julio de 1856). El acta señala: “Don Luis Gustavo Coindreau originario de Francia en el Departamento de Charente Inferior  residente que fue en Boston de los Estados Unidos del Norte y vecino de esta ciudad hace 9 años hijo legítimo del Dr. Don Santiago Coindreau y de Da Ma. Anna Pelagia Jhenard Dumousseau  difunta” Microfilm de la Iglesia LDS No. 605181 im 473.
[2] [Nota del Mismo Bartlett]: Mis cálculos sobre la población de ésta y otras ciudades, proceden de las autoridades mexicanas y no son siempre confiables. La gente está siempre demasiado apta para sobre-estimar a la población en sus ciudades y se niegan a declarar su declive.  

martes, 24 de marzo de 2015

John Russel Bartlett. La frontera entre México y Estados Unidos en 1852 (1a. Parte)

John Russel Bartlett. La frontera entre México y Estados Unidos en 1852
Jorge H. Elías

Una travesía de más de 3 mil Kilómetros


John Russell Bartlett fue un historiador y Lingüista norteamericano originario del estado de Rhode Island (1805 -1886).

Entre 1850 y 1853, desempeñó el cargo de comisionado responsable de medir los límites internacionales entre Estados Unidos y México.  Para esa tarea emprendió, junto con un grupo de agrimensores, un viaje por los Estados norteños de México y los del sur de Estados Unidos comenzando en las Californias y avanzando hacia el sureste. Recorrió partes de California y Baja California Norte, Arizona, Nuevo México, Sonora, Chihuahua, Durango, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Texas[1].

A lo largo de su recorrido Bartlett fue redactando un diario bastante detallado de sus experiencias durante el trayecto. En él puntualiza los paisajes, especifica las distancias entre pueblos y lugares donde acampa. Narra anécdotas, incidentes, peligros y vicisitudes. Traza, junto con su diario, múltiples bocetos a lápiz  a partir del paisaje, los caminos, la vegetación, etc. También dibuja personas, ciudades, casas, montañas, rocas, ruinas, piezas y restos cerámicos y mapas a lo largo de toda la frontera. El resultado de esta travesía es, sin lugar a dudas, un trabajo de inmenso valor artístico, científico e histórico vertido en su obra: “Personal Narrative of Explorations and Incidentes in Texas, New Mexico, California, Sonora and Chihuahua, connected with The United States and Mexican Boundary Commission, during the years 1850, ’51, ’52, and ’53[2]

Una recopilación de más de 230 obras de Bartlett se puede consultar on line en la página web de “The John Carter Brown Library at Brown University[3] Allí, los paisajes en color de Nuevo México y Arizona, junto con los bocetos de nativos, creo yo, son los más atractivos y hermosos.  Pero incluso los bocetos de trazos rápidos recogen detalles de gran interés para la investigación.

La citada colección incluye paisajes realizados en los Estados mexicanos de Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Aunque de entre estos, sólo hay unos cuantos elaborados con detalle y a todo color. La mayoría son bocetos a lápiz, apuntes y bosquejos realizados in situ.  

Figure 1 John Russell Bartlett, Casas Grandes Chihuahua Agosto 9 1852


La tarea de Bartlett era básicamente recorrer y explorar poblaciones relativamente vecinas a la línea fronteriza entre ambos países, y  “medir” la frontera. Podemos decir que Bartlett comenzó su recorrido como comisionado en San Diego, California en febrero de 1852 con su pequeño grupo de agrimensores. Durante el recorrido debió afrontar y superar los problemas de toda exploración de aquella época: cruzar o navegar ríos, atravesar desiertos, bosques o lugares montañosos, conseguir alimento para las bestias y los hombres del grupo, contratar guías que dirigiesen al grupo por los mejores caminos, etc. Un tema del que Bartlett hace referencia constante es la incertidumbre al afrontar las bandas de indios de la región. No todas las tribus o naciones eran amistosas y los encuentros con ellas podían llegar a ser fatales.

El grupo permaneció unos tres meses California. De San Diego no comenzó inmediatamente a recorrer la frontera. Subió a San Francisco por mar y exploró los Valles de Napa y San José, las misiones de Santa Clara, Maonterey, San Carlos, San Pedro, Los Angeles, San Gabriel,  San Diego, etc.

Para el 5 de junio, la comisión exploradora se encontraba en Alamo Mucho, actualmente conocido como Mexicali, en Baja California. Continuó su ruta hacia Fort Yuma, explorando los pueblos de indios Pimas y Maricopas en Arizona. El 16 de Julio la comisión llegó a Tucson, Arizona “La ciudad más al norte de México – escribe Bartlett – y un lugar muy antiguo”.

Continuó el grupo hacia el Presidio de Janos, en Chihuahua y después hacia Casas Grandes también en el Estado de Chihuahua llegando a El Paso del Norte (Ciudad Juárez, Chihuahua) el 18 de agosto.

En el Paso, Bartlett y sus compañeros, permanecieron hasta el 10 de Octubre. Continuaron su recorrido rumbo a la Ciudad de Chihuahua a la que llegaron el 22 de ese mes. De allí partieron hacia Parras de la Fuente Coahuila, ciudad a la que llegaron el 27 de Noviembre. En este tramo de la ruta, Bartlett refiere la escasez de lugares habitados y la peligrosa presencia de bandas de Apaches.

El 7 de Diciembre el grupo expedicionario se encontraba ya en Saltillo, donde permaneció 3 días. Continuó su ruta hacia el noreste. Del 11 al 15 de Diciembre los exploradores transitaron por Santa Catarina y Monterrey, llegando a Camargo, Tamaulipas, el día 20 del mismo mes. Por fin el 1 de Enero de 1853 la comisión encargada de medir la frontera llegó a Corpus Christi, Texas, en el Golfo de México.

Figure 2 Trayecto aproximado del Recorrido del Equipo de John R Bartlett desde San Diego, California hasta Corpus Christi, Texas. 1852.


[1] Es difícil contabilizar los kilómetros recorridos por este grupo de exploradores. Con la herramienta de Google-Maps y siguiendo aproximadamente los lugares que aparecen en la “Personal Narrative…” de Bartlett el resultado del recorrido a pié es de 3,167 Kms durante 641 horas.
[2] BARTLETT John Russell “Personal Narrative of Explorations and Incidents in Texas, New Mexico, California, Sonora and Chihuahua, connected with The United States and Mexican Boundary Commission, during the years 1850, ’51, ’52, and ’53” by John Russell Bartlett United States Commissioner During that Period. In Two Volumes Whid Map and Illustrations New York D. Appleton & Company, 346 & 348 Brodway, and 16 Little Britain, London. 1854. https://books.google.com/books?id=bXoUAAAAYAAJ&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

martes, 17 de febrero de 2015

Welch, el “Jefe Blanco de los Sioux” de visita en Monterrey (Diciembre, 1937) 2a. parte

En Monterrey

Welch continúa el relato de su viaje y su entrada a la ciudad de Monterrey. Traduzco parte de su diario:

“En medio de [aquel] anfiteatro [de Montañas] se encuentra la hermosa e importante ciudad de Monterrey. Pasamos primero un gran cuartel aquí, que congrega los regimientos de Infantería y un escuadrón de Caballería, y a una corta distancia entramos a los Regina Courts, donde nos dispusimos a pasar la noche. El patio estaba lleno de matas  de plátano y otras plantas semi-tropicales. Las habitaciones son de mosaico y cemento, cada apartamento amueblado con una regadera y otros requisitos modernos. Una gran cantidad de flores llaman la atención por sus extrañas formas y exóticos aromas.  Los arreglos para pasar la noche fueron conducidos en español. Aquí se nos presentó la costumbre y súper necesaria provisión de “tener un guía” si se espera ver los lugares de interés en cada localidad en México. Hicimos una cena temprana y tomamos café en los Courts. Casi nos sorprendimos al hallar el menú impreso en español y, ya que yo era el único en el grupo que tenía experiencia con la lengua, herencia de mi experiencia en Las Filipinas, nos divertimos mucho al elegir la comida."

Regina Courts

"El cajero intentó quedarse con uno de mis pesos mexicanos, con la excusa de que no tenía cambio, esperando, por supuesto, que los pocos centavos en cambio fuesen ignorados con un saludo. “¿Acaso no son todos los americanos gente rica y no nos dan propina?” Pero comenzamos bien exigiendo cada centavo que habíamos traído y al final los obtuvimos. Entonces nos dirigimos al centro de la Ciudad con Luis, quien manejaba el carro. A los guías les gusta manejar, pero si un viajero tiene el respeto debido para con su auto, manejará por sí mismo ya que a los choferes en México les gusta conducir  a un par de pies de distancia del carro delantero y a ritmo veloz, cosa que en esas calles tortuosas y estrechas significa daño para cualquier auto. Todo mundo en México camina por el medio de la calle; los burros con sus pesadas cargas también. La reacción del transeúnte común es muy lenta y el sonido del claxon parece no ser notado por varios segundos y entonces son muy propensos a saltar tanto de un lado como de otro para después  tratar de cruzar hacia el otro lado. Fue una maravilla que no matásemos a algunos en este viaje. Y ciertamente lo hubiésemos hecho sin el cuidado que procuramos durante todo el recorrido".

 El Obispado y la Plaza Zaragoza
                     
"Monterrey. Esta ciudad es el centro fabril más grande de todo México y yace al pie del extremo oeste de la Sierra Madre. Está por completo rodeada por esa cordillera [….] La influencia española sigue persistiendo aquí, pero entre sus viejas iglesias y otras construcciones que reflejan la marca de una era pasada, hay hoteles y cafés espléndidos, modernos en todos los sentidos."
"Por toda la ciudad, la vieja vida pintoresca permanece como era hace un siglo. Paseamos en el carro por la ciudad aquella tarde y el guía Luis, nos subió por una carretera áspera, pedregosa y tortuosa, que nos condujo al punto más alto de la ciudad y finalmente, después de chocar sobre quicios de piedra, llegamos al “Obispa [sic] (Palacio del Obispo) una estructura imponente tipo iglesia, construida hace dos siglos en la cima del “Chipe Verde[sic] [1]. Oscurecía en ese momento y nos sentimos incómodos ya que era el lugar ideal para un atraco, pero no sucedió tal cosa, en cambio vimos, con interés,  el área de la ciudad iluminada con luz eléctrica, descansando en el fondo y circundada por las vecinas montañas."

"Fuimos entonces a la Plaza Zaragoza a escuchar la banda y a mirar la función: una suerte de costumbre urbana, en la que las muchachas y los jóvenes caminan por el parque, cada uno por su camino y llegan a “encontrarse con respeto”.  Vestidos con su mejor ropa, con sonrisitas y  100% seguros de sí mismos, pasean al compás lento de la música de la banda, lanzan tímidas miradas mutuas mientras pasan por sus caminos separados. Una clase de gloriosa fiesta municipal del coqueteo."

"…a pesar de los tentadores paseos en torno a Monterrey, nos pusimos en marcha al día siguiente. Era temprano y la mañana brillante, después del desayuno en los Regina Courts. Probamos varios tipos de bebidas nativas en Monterrey y el sabor de  “La Noche de Monterrey” aún persistía, pero  se borró con un shot o dos de aguardiente….”

Montaron su “pequeño Chévrolet” y tomaron la carretera que sale para la Villa de Santiago. Su siguiente destino fue Ciudad Valles“Por todo el camino desde Monterrey – escribe Welch – nos topábamos y observábamos grupos de soldados mexicanos, aparentemente patrullas de caminos, ya que los pobladores están inclinados de vez en cuando a convertirse en bandidos. Casi cada hombre carga un largo y buen machete bajo el brazo y un par de dagas al cinto, o faja y algunos pocos son lo suficientemente ricos como para presumir una pistola al flanco. A lo largo de la carretera notamos pequeñas cruces, plantadas por las autoridades en los lugares donde se encuentran enterrados los cadáveres de las personas encontradas muertas. Frecuentemente estas cruces exhiben las palabras “Mort por le Machete” [sic] (Muerto por un machete) lo que ciertamente indica que algunas personas han encontrado esa muerte violenta en aquel sitio. … Como quiera que sea, durante nuestro largo viaje de unos 2,500 millas en México, no tuvimos la más leve dificultad con los miles de hombres que nos topamos en las carreteras. Es verdad que parecen más bien hoscos y poco comunicativos  pero a menudo recibíamos las más cordiales sonrisas y el saludo de “Adiós Amigos”.






[1] Sic por Obispado y Chepe Vera respectivamente. Pero no estoy seguro si sea un error del paleógrafo al interpretar la caligrafía de Welch.

martes, 10 de febrero de 2015

Welch, el “Jefe Blanco de los Sioux” de visita en Monterrey (Diciembre, 1937) 1a. parte

Welch, el “Jefe Blanco de los Sioux” de visita en Monterrey (Diciembre, 1937)
Por Jorge H. Elias


Alfred Burton Welch nació en Afton, Iowa en septiembre de 1874, pero gran parte de su infancia transcurrió en una pequeña granja de Dakota del Sur, en la Reservación India Standing Rock de la tribu Sioux.  John Grass, jefe de la tribu, lo adoptó como hijo  en marzo de 1913 designándole su nombre guerrero: Charging Bear[1], siendo el primer hombre blanco adoptado por la Nación Sioux. 
Wlech llegó a ser coronel del ejército norteamericano. Su carrera militar fue muy extensa. Comenzó durante la Insurrección Filipina de 1899 y se extendió a lo largo de otros movimientos armados, entre ellos la llamada “Mexican Border War” (crisis provocada por Pancho Villa en 1916 en Texas-Chihuahua) y la Primera Guerra Mundial.

Durante la Gran Depresión Económica Estadounidense, Welch se encontraba tratando de vender carros Chevrolet. No sé si llegó a progresar en su negocio pero a finales de noviembre de 1937 con uno de esos autos, y acompañado de tres buenos amigos  (William Keuther  de New Salem y los esposos Turner de Bismarck), emprendió un viaje desde Mandan, Dakota del Norte[2]  hasta un “somnoliento pueblo mexicano de unas 13 mil almas” llamado Acapulco.

El viaje, según lo registra el propio Diario del jefe Sioux fue muy interesante y divertido.  Ese Diario es una joya en información sobre su vida y sus vivencias. Está ilustrado con fotografías, recortes de periódicos, mapas, las etiquetas de los licores que prueba durante el recorrido, etc. Está lleno de detalles y anécdotas  cotidianas. Refleja su original forma de ver las cosas. 

No creo que el diario original de Welch se pueda consultar on line, sin embargo es posible entreverlo a través de la página Web  HISTORIA ORAL DE LAS TRIBUS DE DAKOTA 1800s-1945 SEGÚN ES NARRADA POR ELCORONEL A. B. WELCH, PRIMER HOMBRE BLANCO ADOPTADO POR LA NACION SIOUX[3].

Viaje a México, un día en Monterrey (Diciembre de 1937)

La descripción del viaje comienza en el Álamo, Texas. Pero el interés de Welch no se encuentra en ese momento del lado norte de la frontera, sino en México. El 1º de diciembre a medio día el grupo de turistas llega a la frontera de Laredo, Texas y al cruzar el puente internacional “fuimos tratados muy bien por los oficiales mexicanos” –escribe Welch en su diario – “y después de contestar muchas preguntas y firmar muchos papeles impresos en español de cuyo tenor entendíamos muy poco, excepto que no se nos exigían pasaportes, estuvimos justamente sobre la grandiosa y nueva Carretera Panamericana rumbo a Acapulco, Guerrero, vía México DF.”   

Como muchos otros personajes que narraron anteriormente sus experiencias de Viaje en México, Welch, a lo largo de su diario, se deleita en hacer referencia a las antiguas civilizaciones mexicanas, así como a los acontecimientos más relevantes de la historia patria: la conquista, la independencia, la guerra con Estados Unidos, la Revolución, etc. Pero lo más interesante, sin duda, son sus experiencias vividas entre la gente y la descripción de los escenas cotidianas: “No perdimos tiempo en dejar Nuevo Laredo” –escribe el jefe Sioux en su diario – “conforme íbamos avanzando kilómetros, el país cambiaba, la arquitectura, la gente, las vestimentas y comenzamos a ver muchos burros cargados por las orejas con paja, combustible, carbón, vegetales, mercancías… mientras encima, serenamente, meditando aquello (cualquier cosa que sea) que los mexicanos piensen, sentado, el señor de la creación, medio dormido bajo el sol radiante,  golpeando con ambos talones la marca repetida sobre el costado de la montura del cargado obrero.”  Welch describe también el paisaje, la flora y la fauna, etc.

El grupo de turistas hicieron su primera parada en el Power´s Café de Sabinas Hidalgo Nuevo León “una ciudad de 12 mil habitantes” . El coronel escribe: “Este es un lugar interesante con todo tipo de cosas para comprar. Aquí vimos un joven indio tejiendo un sarape sobre un burdo, pero eficiente telar”


Continuaron su viaje por aquella antigua carretera Panamericana. Al ir acercándose a Monterrey el paisaje montañoso comienza a seducir a los espectadores: “A unas 120 millas de Laredo nos parece entra e en un “cul-de-sac”[4] de altas montañas a derecha, izquierda y frente a nosotros finalizando en magníficos picos. Una formación adusta y reciente, afilada y amenazante, pero hermosa”

La antigua carretera, como sucede al presente, entraba en la ciudad por la actual Avenida Alfonso Reyes. En su lado poniente donde hoy se encuentra el Parque Niños Héroes, al sur de la actual Ciudad Universitaria, se hallaba el Campo Militar y un poco más adelante los apartamentos Regina o “Regina Courts”. En ellos se alojó la comitiva procedente de Dakota.

Regina Courts, recorte del diario de A. B Welch.






[1] Oso atacando.
[2] Su lugar de residencia desde 1905.
[3] Oral History of the Dakota Tribes 1800´s -1945 As Told to Colonel A.B. Welch The First White Man Adopted by the Sioux Nation http://www.welchdakotapapers.com/
[4] Callejón sin salida.

jueves, 5 de febrero de 2015

Conrad Wise Chapman Un artista-soldado en Monterrey, México 1865, 3a Parte

Cuatro Cuadros con temas regiomontanos

               
                He logrado encontrar sólo 4 obras on line de Monterrey de la autoría de Conrad Chapman, sin duda debe tener muchas más entre oleos y bocetos a lápiz, tratándose de un autor tan prolífico que trabajó a lo largo de cuatro meses en tierras regiomontanas aquel año de 1865 y reelaborando sus bocetos tiempo después tanto en México como en Europa.

1.    “Franceses en el Cerro del Obispado”, Siglo XIX Oleo sobre Madera, Museo Nacional de Historia CONACULTA INAH-MEX.


En el libro La Colección de Pintura del Banco Nacional de México  se señala  que el banco posee una obra titulada “Franceses en el cerro del Obispado”  firmada por Chapman en 1879 y de dimensiones 27 x 36 cm. La ilustración sobre estas letras fue tomada del libro Benito Juárez por Benito Juárez. Allí no se registran  las dimensiones ni la fecha del cuadro, simplemente se dice que es un Oleo sobre Madera que posee el Museo Nacional de Historia. El cuadro es una representación de los soldados franceses vivaqueando, es decir, descansando con una cierta actitud de vigilancia y listos para cualquier acción repentina con los rifles muy cercanos.

2.     “View of Bishop´s Palace Near Monterrey” 1865 oleo sobre papel  montado sobre lienzo 22 x 81 cm.  (Sotheby´s)



          Este oleo sobre papel datado en 1865 puede ser, quizá, según su fecha, uno de los dos trabajos que Chapman mostró a su llegada a la Ciudad de México a Henry W. Allen, veterano confederado gobernador de Luisiana que en ese momento dirigía el periódico Mexican Times. El 24 de febrero de 1866 el periódico publica: “estamos muy contentos de recibir en nuestra ciudad desde hace unos días, a este joven boyante artista[…] quien nos mostró dos vistas de Monterrey […] muy admirablemente elaborados. Poseen la completa precisión del gusto clásico y tienen el verdadero toque artístico. Lo encomendamos al patronato de su majestad el Emperador, quien siempre gusta ayudar a genios luchadores y a hombres de verdadero mérito. Mr. Chapman planea convertirse en un ciudadano de México”

3.    “Mexican Scene with French Soldiers” 1867 Oleo sobre un panel de 23.5 por 40.6 cm.


Esta obra de Chapman parece haber sido subastada en el año 2005 por la empresa británica Sotheby´s. Su valor estimado fue de 25 a 30 mil dólares.  No he encontrado on line más datos sobre ella. Únicamente el título, la fecha y la sugerencia de haber sido expuesta en el Museo Valentine de Richmond, Virginia en 1962  y en el Timken Museum of Art de San Diego California entre 1996 y 1997[1].  Representa una Vista posterior del Palacio Municipal de Monterrey desde la Plaza Hidalgo que fue conocida anteriormente como Plaza del Comercio. Una Fotografía de Alberto Fahrenberg de 1868 muestra el edificio en el mismo estado en el que es plasmado por el pintor.  Incluso los elementos del árbol y el poste de la plaza (quizá desplazados en el cuadro) coinciden en forma.

4.    “View of Monterrey”, 1865 Olio sobre dos hojas de papel unidas y montadas en un panel. 21 x 82.6 cm.



No me ha sido posible conseguir otra imagen con mejor resolución y tamaño de esta Vista de Monterrey de 1865, quizá una de las dos obras que Chapman mostró a Henry W. Allen a su llegada a la capital mexicana que le valieron los elogios del veterano gobernador.

Los problemas de salud y económicos encaminaron a Chapman de regreso a su País en 1901 con la esperanza de encontrar un mercado para sus obras. En Nueva York, un comerciante  de arte llamado Christian Klackner, adquirió  dos de sus pinturas. Éste, sin embargo, estaba más interesado en dar al artista un empleo permanente coloreando aguafuertes y grabados. Empleo que terminó por aceptar y llevar a cabo en la última década de su vida. Murió en Hampton, Virginia en 1910.

En el mes de Mayo de 1917, el oleo de la "Vista de Monterrey" fue adquirido por 3Museos y se encuentra actualmente en exhibición en el Museo del Palacio de Gobierno. Sobre la adquisición de esta obra, habla la periodista Teresa Martínez en el Periódico El Norte (Ver artículo o  Comentarios en su página de FB

Vista de Monterrey de Conrad W Chapman, (detalle del Cerro de las Mitras)
Expuesta en el Museo del Palacio de Gobierno
Fotografía Cortesía del  Dr Pablo Ramos


Referencias:

ALBINO GONZALEZ, Gerardo (Coordinador General) Benito Juárez por Benito Juárez. Ed. Salvador Castro Mendoza, Gobierno del Estado de Oaxaca. 1ª Ed. 2012.
BANCO NACIONAL DE MEXICO, Fomento Cultural Banamex La Colección de pintura del Banco Nacional de México: catálogo, siglo XIX Vol 1. Ed. Fomento Cultural Banamex. 2004.
BASSHAM, Ben L. Conrad Wise Chapman: Artist & Soldier of the Confederacy Ed. Kent State University Press 1998.
BOTTOM, Davis Collection of Paintings, Drawings, Engravings, etc., by John Gadsby Chapman and Conrad Wise Chapman in the Virgina State Library,  en Bulletin of the Virginia State Library Vol XII Julio/octubre, 1919 Nos. 3,4 Richmond Davis Bottom, Superintendent Public Printing 1920
VALTIER, Ahmed Apuntes de Viaje Conrad Wise Chapman El pintor del Monterrey Invadido en Atisbo IX, num. 50 mayo-junio, Monterrey 2014.




[1] Cfr. http://www.liveauctioneers.com/sothebys/item/17591

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jueves, 29 de enero de 2015

Conrad Wise Chapman Un artista-soldado en Monterrey, México 1865 Segunda Parte

Chapman en Monterrey

                                         
Es interesante analizar la estancia del Artista soldado en Monterrey. Conrad llegó a la ciudad el 29 de junio de 1865 procedente de Matamoros, en compañía de John Magruder, Thomas C. Hindman y otros oficiales confederados que habían luchado en la Batalla de Monterrey de 1846.  Para ellos debió haber sido un acontecimiento especial volver al lugar que, con tanto trabajo y vidas, habían hecho suyo dos décadas antes. Ahora lo veían nuevamente. Seguían allí el Cerro de la Silla y el Obispado. Éste, quizá más atractivo que antes, con su cúpula finalizada. Esta vez sin el temor de la guerra, sin la incertidumbre de tener la vida en vilo. El grupo de confederados recién llegados a Monterrey, celebraron una fiesta en grande. El General Magruder, quien moriría en la pobreza 6 años mas tarde en Texas, dispuso en Monterrey su propio banquete, obsequiando a sus camaradas viajeros y a los lugareños una fiesta que le costó $300.00. Y repartió pequeñas sumas de dinero a sus hombres.

“Mexican Scene” (Parte posterior del Palacio Municipal de Monterrey y Plaza Hidalgo)
1865-1866 Valentine Museum, Richmond, Virginia 


Después de algunas semanas de estancia en la ciudad, el contingente de veteranos de guerra comenzó a despedirse de ella. No así Chapman quien según su biógrafo, “se enamoró de Monterrey”. Él y dos compañeros de nombre Young y Hutchins decidieron quedarse más tiempo. “Fue una decisión afortunada” escribe Bassham, “ya que la belleza de la ciudad y los paisajes montañosos que la rodean inspiraron a Conrad a elaborar algunos de los más caros y coloridos trabajos de su carrera aquel verano y otoño de 1865. Claramente entusiasmado por su entorno, inmediatamente puso manos a la obra bosquejando al aire libre”.

Dos semanas, después de su llegada, Conrad escribe una carta muy sugestiva a su padre (fechada el 13 de julio), explicándole los motivos que tiene para permanecer en México. Vale la pena reproducir aquí  parte de esta carta. Lo traduzco libremente, esperando no traicionar el sentido de su autor y su contexto:
“Estoy a punto de tomar un paso que sé aprobarías si estuvieras aquí. Se trata de permanecer en este país el tiempo necesario para recopilar suficiente material para futuros cuadros.  México es indiscutiblemente el país más pintoresco en el que yo haya estado. El paisaje montañoso supera  a cualquiera que haya visto antes. Tengo la magnífica oportunidad de elaborar estudios y bocetos y recopilar todo el material que desee. Un viejo sacerdote, el Padre Navarro, quien tiene una capilla a pocas millas de aquí, me ha invitado a quedarme y a trabajar con él restaurando su iglesia, de la que se siente orgulloso. El “viejo mapache”[1] es un alegre espécimen de cura mexicano, y entiendo que vive bien y tiene abundante vino añejo en su bodega. El otro día me dijo que tenía una gran biblioteca y que yo podría leer a mis anchas Don Quijote y otros libros españoles. ¡La fiesta en la que he estado desde ahora hasta mi partida! Mañana saldré con el viejo Padre a su residencia en la montaña donde espero trabajar y fumar durante meses…. Muy probablemente debería cansarme de la vida que voy a comenzar, pero tensaré un lienzo grande y me pondré a trabajar. Tengo suficiente dinero para pigmentos y para abastecerme de tabaco hasta tener noticias de todos ustedes y podría desear dinero al partir de aquí. Tengo un caballo y su montura que puedo vender para comprar mi pasaje a Matamoros, donde mi primo George Beull tiene dinero a mi favor, y pudiera fácilmente partir ahora mismo, pero pienso que si abandono este lugar con un portafolio vacío, no me perdonaré nunca por esto. Debo esforzarme, puedo salir adelante pintando Vírgenes a un dólar por pieza”.
Los primeros trabajos conocido de este soldado en México  son un boceto al oleo y un dibujo a lápiz fechados el 15 y 16 de julio de 1865  y fueron realizados en el camino del amplio Valle entre Monterrey y Santa Catarina. Pero su producción pictórica fue muy extensa. La infinidad de bocetos que pudo haber trazado entre las Montañas norteñas fueron retomados posteriormente para su reelaboración como anunció a su padre en aquella carta. Chapman recopiló el material que quiso para después perfeccionarlo en cuadros sobre lienzo y madera. Es por eso que las obras conocidas que representan temas regiomontanos no están todas fechadas en 1865, ya que fueron realizadas a partir de sus bocetos y bosquejos a lápiz y al oleo in situ.

En Monterrey y probablemente en todo México, Chapman prefería pasar por italiano en vez de estadounidense. Estaba muy latente el recuerdo de la invasión norteamericana en la memoria de los regiomontanos. El pintor escribe a su padre “a propósito, paso por un italiano en este país, los Confederados no son populares, y no me extraña, Corrado (Sic) me dicen. Don Corrado Chapman”. Y su biógrafo Ben Bassham agrega: “Aparentemente la facilidad de Conrad por la lengua española y su posible sustrato europeo, lo hizo más aceptable a un pueblo aún resentido por la invasión Americana a México en 1846”

La búsqueda de paisajes pintorescos llevó a Conrad después de unos 4 meses de estancia en Monterrey a continuar su camino. El 27 de Noviembre de 1865 se encuentra dibujando ya en Saltillo  y al día siguiente en el “Viejo Rancho de Buena Vista”. Continuó durante el mes de diciembre su viaje hacia la Capital.




[1] Old Coon. Término despectivo en uso durante aquella época para denigrar a la gente de color. El P. Jesús María Navarro, teniente de cura en Santa Catarina, debió haber sido un sacerdote de edad media pues aparece en los libros administrativos de la iglesia desde 1848 y continúa firmando actas sacramentales en 1886. 

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