Mostrando entradas con la etiqueta Saltillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Saltillo. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de noviembre de 2015

El Capitán Nicolás Ochoa de Elejalde y sus descendientes. Herederos del Señor de la Capilla.

El Capitán Nicolás Ochoa de Elejalde y sus descendientes.

Herederos del Señor de la Capilla.


          Un interesante personaje de la historia de Monterrey durante el Siglo XVII es el Capitán Nicolás OCHOA de ELEJALDE y Navarro, hijo de Don Martin Ochoa de Elejalde y de Doña María Rojo de Ruelas Navarro propietarios de la inmensa hacienda de San Juan Bautista de los González en el Norte de Saltillo[1]. Dicha hacienda llegó a medir a principios del siglo XVII, más de 618 hectáreas.[2] Y “En 1617… era una de las nueve estancias, donde había indios de encomienda en el valle de Saltillo[3].

La familia de Doña María Rojo, madre del Capitán, fue una de las más acaudaladas de Saltillo y de tanto prestigio, que sus miembros recibieron el título de “Herederos del Señor de la Capilla”. Se llamaba y aún se sigue llamando de esta manera a la imagen de un Cristo Crucificado con más de 400 años de existencia a la que los fieles le han atribuido innumerables intervenciones milagrosas.  La imagen ha congregado a lo largo de todos esos años al pueblo religioso, especialmente al de Saltillo y del Noreste de México. Es parte del patrimonio cultural y religioso de México y un icono de identidad popular. Es un Cristo cruento, lleno de llagas y sangre, con la expresión profunda del dolor en su hermoso rostro de tez oscura.

La leyenda cuenta que la imagen de Cristo entró a Saltillo en una mula, sin que nadie supiera de dónde procedía. La mula se paró en medio de la plaza y allí no quiso moverse más. Los vecinos le dieron hospedaje y con el tiempo le construyeron su casa, es decir, su capilla. Leyenda aparte, es muy probable que la imagen haya llegado a lomo de mula ya que las cargas de la época eran trasladadas de esa manera por los arrieros. 
 
Por su parte, la historia narra que la imagen fue llevada a Saltillo por un rico comerciante de la época de nombre Santos Rojo (abuelo materno del Capitán Nicolás Ochoa de Elejalde) a principios del siglo XVII. En 1824 Don Lucas de las Casas, abogado de las audiencias de la república y cura de la Villa de Saltillo, escribe en una Novena dedicada a la imagen: “…el noble caballero europeo Santos Rojo, uno de sus primeros conquistadores y principales pobladores, compró y trajo la admirable y prodigiosa imagen… aunque no se ha podido averiguar cuando, en dónde, á quién, en cuanto lo compró ni de dónde lo trajo. De dichos documentos consta, que en el mes de marzo del año de 1608 lo puso y colocó en una capilla que con el título de animas había fabricado el espresado Santos Rojo en el crucero de la primera iglesia parroquial[4].

Don Santos Rojo, sus hijos y nietos con sus respectivas familias, adquirieron, con el correr del tiempo, por sus obras pías y la colaboración en la construcción de la capilla del Cristo, el título de herederos del Señor de la Capilla. No todos los descendientes de la familia, como sucede casi siempre, permanecieron en el mismo sitio, es decir en Saltillo, sino que construyeron sus respectivas familias en otras latitudes de México. A finales de la década de 1640, más o menos de unos 16 años de edad, el joven Nicolás Ochoa de Elejalde se trasladó a vivir al Nuevo Reino de León. Allí se casó con Doña Isabel de la Garza. Compró, de Juan de Solís, la hacienda de la Santa Cruz, a la que puso por nombre San Agustín, al oriente de Monterrey (En la actualidad Guadalupe NL).

          El Capitán Nicolás Ochoa se dedicó a la minería además de desempeñar varios puestos gubernamentales y militares en el Nuevo Reino de León. En 1659 fue regidor del Cabildo de Monterrey y en 1660 alcalde ordinario. Participó en las guerras que pretendieron pacificar a los indios naturales de la región. En 1686 estuvo encargado de comandar uno de los dos ejércitos bajo el mando del Capitán Alonso de León consignados a hacerle frente a los franceses que se pensaba estaban poblando la Bahía del Espíritu Santo. Las campañas de pacificación le merecieron mercedes y la encomienda de indios saratigua de nación borrados[5]. Superó Don Nicolás riesgos y peligros en los enfrentamientos contra "indios bárbaros" y en las expediciones a través de los desiertos del noreste de la Nueva España. Sin embargo, su destino era morir en un trágico accidente. 

          El Autor Anónimo de la Historia del Nuevo Reino de León del S. XVII relata la terrible muerte don Nicolás Ochoa. Dice que febrero de 1688 fue un mes aciago,  no sólo por la  muerte de 9 hombres en un encuentro entre soldados e indios serranos de Tamaulipas, sino además por la muerte, en Monterrey, de su Justicia Mayor.  Escribe:

“habiendo subido al cerro que llaman de las Mitras, distante dos leguas de la ciudad, el Capitán Nicolás de Ochoa, Justicia Mayor en ella y Regidor, a ver una mina que se trataba de beneficiar, la cual estaba en mucha altura, habiendo ya los barreteros comenzado a trabajar en ella y el susodicho sentándose encima de una laja a rezar ciertas oraciones, estando toda la gente descuidada, ora fuese que le diese al contenido algún vahido (sic), ó  que desmintiese la laja en un improviso, resbalo y cayo precipitado en una barranca de más de veinte estados y se hizo pedazos, cosa que no pudo remediar la gente, aunque oyeron, cuando iba cayendo, que invocó con el nombre de la Virgen, que sin duda en trance tan fuerte le favorecería, como a devoto suyo. La sierra es altísima y costó mucho trabajo el sacar el cuerpo, y causó mucha lástima a todos la muerte tan violenta”[6].

El acta de defunción del respectivo libro de la parroquia de Monterrey (actual catedral) registra la muerte el 13 de febrero de aquel año. Don Nicolás fue sepultado “en la Parroquial de esta ciudad con vigilia y misa de cuerpo presente y le mandaron decir sus hijos un novenario de misas cantadas en dicha parroquial y otro de misas rezadas en el Convento del Señor san Francisco”. [7]

Cerro de las Mitras, por Hector Martínez, via Flickr

Don Nicolás Ochoa de Elejalde y Doña Isabel de la Garza Montemayor González tuvieron al menos estos siete hijos:

-       Salvador   (n. hacia 1644) casado con Doña Catalina de la Garza Guerrero.

-   Capitán Joseph de Ochoa de Elejalde nacido en 1650[8] casado en primeras nupcias con Mencia de las Casas de la Vega (m. Monterrey 27 de septiembre de 1689)[9] y en segundas con Doña Teresa de Medina Cortés.

-       María Ochoa de Elejalde casada con Juan González.

-       Alférez Nicolás de Ochoa de Elejalde  (n. hacia 1659) Casado en primeras nupcias con Doña Lugarda de Medina. En segundas nupcias con Doña Margaríta de las Casas (m. Monterrey, 15 de enero de 1697)[10], en terceras nupcias con Doña Margarita García Dávila Cavazos (m. Monterrey  25 de Octubre de 1711)[11], y en cuartas nupcias con  Doña Josepha Méndez Tovar Gutierrez (m. Monterrey 16 de agosto de 1689)[12] 

-       Luisa Ochoa de Elejalde  nacida en Monterrey en 1666 y casada con Joseph de Escamilla Ayala (m. Monterrey 4 de enero de 1683)[13]

-     Blas Ochoa de Elejalde  bautizado el 31 de octubre de 1669[14]. Y casado con Doña Antonia Lozano de la Garza (m. Monterrey 4 de Junio de 1692)[15]

-       Isabel Ochoa  bautizada en Monterrey el 24 Dec 1671[16]  y casada con José Ayala

Una de las principales propiedades de esta familia fue la Hacienda de San Agustín. La estancia establecida en 1627 por Juan de Solís llamada de la Santa Cruz (en donde ahora se encuentra la cabecera municipal de Guadalupe, NL) fue comprada en 1658 por el capitán Nicolás Ochoa de Elejalde quien le cambió el nombre a “Hacienda de San Agustín”.  Tenía una extensión de 4 caballerías y cuarto (alrededor de 180 hectáreas). El 9 de enero de 1694 la propiedad fue dividida entre los hijos de Nicolás Ochoa e Isabel de la Garza exceptuando a María “mujer de Juan González, porque vendió su Parte a José de Ochoa, su hermano”[17].

Años más tarde, el 19 de febrero de 1710, Nicolás, el Mozo, vende a su cuñada Doña Teresa de Medina parte de su propiedad (media caballería de tierra)[18].  En esta hacienda se cultivaba caña de azúcar y maíz entre otros productos. En 1715 la hacienda fue expropiada por el licenciado Francisco de Barbadillo quien tenía orden del virrey Duque de Linares[19] de acabar con las congregas o encomiendas que esclavizaban a los indios. Barbadillo confiscó las tierras de la antigua hacienda de San Agustín de los Ochoa de Elejalde y en ellas estableció, en febrero de 1715 el pueblo de indios de Guadalupe. (Guadalupe NL).

Los Ochoa de Elejalde perdieron así su hacienda de San Agustín y nació en el mismo lugar una misión o pueblo de indios congregados de varios lugares de la Sierra Madre, y más tarde, en 1756,  del Pilón (Montemorelos NL).

Ya en épocas muy recientes (1980), cuando el ayuntamiento municipal concedió un escudo de armas a la ciudad de Guadalupe, se eligieron los símbolos que describen su historia. Uno de ellos, en el cuadrante superior izquierdo, es un Lobo Sable, es decir, un lobo color negro, insignia del apellido Ochoa de Elejalde debajo de un sol de gaules (rojo) representación del apellido Solís. Por ser Juan Solís el fundador de la Hacienda de la Santa Cruz y Nicolás Ochoa el primer patriarca de la Hacienda de San Agustín, que precedieron al "Pueblo de la Nueva Tlaxcala de Nuestra Señora de Guadalupe de Horcasitas". La presencia tlaxcalteca, como es obvio, también fue plasmada en el escudo con el jeroglífico en el cuadrante superior derecho representando a la república de Tlaxcala.

A la Izquierda Escudo del apellido Ochoa y a la derecha el Escudo de La Ciudad de Guadalupe, NL

Dos propiedades pertenecientes a algunos miembros de esta familia, específicamente a Margarita de las Casas, segunda esposa de Nicolás Ochoa, fueron también las que se hallaban frente a la plaza de armas (Plaza Zaragoza y hoy Macroplaza de Monterrey). Estaban ubicadas en las esquinas noreste y noroeste de las calles Zaragoza y Corregidora.  En 1712 el Capitán Nicolás Ochoa de Elejalde, el Mozo, hijo de Doña Margarita y el Capitán Nicolás Ochoa, el 30 de julio, vende parte de la propiedad a María Buentello de Morales casada con el Cap. José de la Serna por 180 pesos de oro común.

A lo largo de 300 años las propiedades tuvieron varios propietarios. Fueron usadas como viviendas y como tiendas comerciales. A fines del Siglo XIX la propiedad de la esquina noreste pertenecía a la Casa Comercial de Pedro Maíz y Compañía y lleva el nombre de Palacio de Cristal y más tarde, perteneció a la negociación Martín Vizcaya. En el S. XX se construyó allí el Edificio Layer con ornamentación “colonial”. Hoy el lugar forma parte de la Macroplaza.[20].



Antigua Plaza de Armas de Monterrey (Llamada Zaragoza desde 1864) Autor: Daniel Powers Whiting, 1846. Al fondo a la derecha el cerro de las Mitras. En la plaza a la derecha a uno y otro lado de la actual calle Zaragoza las propiedades de las que se hace referencia aquí. Para la época en que este cuadro fue realizado hacía ya mucho tiempo que no pertenecían a la familia Ochoa.

A. Lagrange y Hermano. Palacio Municipal (City Hall - side view, c. 1900). Calle Zaragoza de Norte a sur. A ambos lados del primer Plano esquinas noreste y noroeste del cruce de las Calles de Zaragoza y Corregidora. Las dos esquinas pertenecieron en su momento a miembros de la familia Ochoa de Elejalde. El Edificio de Arcos es el Palacio Municipal y al fondo se ve la desparecida iglesia del convento franciscano de San Andrés.

Mismas Esquinas vistas de sur a norte. En primer plano a la derecha, el edificio Layer. Foto publicada por el usuario Juan Crouset en Skyscraper. 



          Los descendientes del Capitán Ochoa de Elejalde llegaron a poseer riquezas, prestigio y propiedades. A Joseph Ochoa de Elejalde, uno de sus hijos mayores, le fueron concedidos por el Capitán Alonso de León, 35 sitios de ganado mayor y cinco de menor en la Mesa de las Amapolas a la orilla del río de La Pesquería[21].  Acumuló una fortuna muy considerable.  En su testamento del 10 de abril de 1708 se vislumbra la magnitud de sus posesiones en, ganado, caballos, bodegas de maíz, carbón, que comerciaba en la región.  Su testamento refleja también el estatus social y religioso que desempeñaba en Monterrey. Declara  haber sido mayordomo de la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio. Como mayordomo debió haber hecho, a lo largo de su vida, diversas promesas y mandas a favor del culto y de la cofradía.  A su muerte deja a la cofradía 25 yeguas y 10 mulas mansas además de las 25 yeguas y caballo que le debe. Como era costumbre de la época pide se le recen un buen número de misas cantadas y rezadas por él y 40 misas  “por las almas de la gente muerta a su servicio”.  “Declara asimismo que dio a su hermano la mitad de la labor en el valle del Pilón (Montemorelos, NL) y 750 pesos en los sitios de  la Salada”[22].  Sus deudas también son reflejo de su fortuna: debe dinero al herrero, a un vecino del Pilón, al Marqués de la Torre, a su mayordomo, etc. Entre deudas en dinero, maíz y quizá otros productos, el monto total debió ascender a unos mil pesos. En su testamento, además de propiedades en el campo y la ciudad de Monterrey, ganado y tierras de cultivo, declara tener algunos esclavos.

Don Joseph Ochoa murió  en Monterrey  en mayo de 1708 un mes después de haber redactado su testamento.  Fue sepultado en la Iglesia de San Francisco el día 17 de mayo de 1708[23]. Su esposa Teresa de Medina lo siguió algunos años después: falleció el 11 de Marzo 1713[24]

He podido documentar, con la ayuda de los archivos eclesiásticos microfilmados por la Iglesia Mormona, algunas ramas genealógicas de los miembros de esta familia hasta la actualidad. Claro, dentro de lo posible y con sus limitantes.  Estos herederos del Cristo de la Capilla de Saltillo preservaron su prestigio pero no siempre su fortuna ni su hacienda. Por su parte, la ortografía de su apellido se fue modificando, del primitivo  “Ochoa de Elejalde” pasó a ser “de Ochoa” y actualmente es también simplemente “Ochoa”.




[1] Lo que hoy se conoce como Los González fue parte de esta hacienda.
[2] Cfr. CUELLO, José Saltillo Colonial: Orígenes y Formación de una Sociedad Mexicana en la Frontera Norte Archivo Municipal de Saltillo, 2004 p. 112.
[3] LCD 20 feb 1617 Cit por AAVV GARZA MARTINEZ, Valentina PEREZ ZEVALLOS, Juan Manuel Libro del Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo 1578-1655 CIESAS, 2002 p. 35
[4] DE LAS CASAS DE LA MOLA y FLORES, Lucas  Novena a Cristo Señor Nuestro Crucificado cuya portentosa imagen se venera en su capilla contigua a la Parroquia de la Villa del Saltillo. Reimpresa en la oficina del C Urbano Sanromán, Guadalajara 1824 p. 3.
[5] AAVV GARZA MARTINEZ, Valentina PEREZ ZEVALLOS, Juan Manuel Libro del Cabildo op. cit. p. 98.
[6] AAVV DE LEON Alonso, Un Autor ANONIMO y SANCHEZ de ZAMORA, Fernando Historia de Nuevo León con noticas sobre Coahuila, Tejas y Nuevo México, México 1909 p. 312
[7] Monterrey, NL Defunciones (Sagrario Metropolitano) LDS 605195 , im 33
[8] AAVV GARZA MARTINEZ, Valentina PEREZ ZEVALLOS, Juan Manuel Libro del Cabildo op. cit. p. 98
[9] Monterrey, NL Matrimonios (Sagrario Metropolitano) LDS 605179 im 19.
[10] Guadalajara Jal. Matrimonios (Dispensas) LDS 168113 im 309-312.
[11] Guadalajara Jal. Matrimonios (Dispensas) LDS 168353 im 307.
[12] Guadalajara Jal. Matrimonios (Dispensas) LDS 168112 im 142.
[13] Guadalajara Jal. Matrimonios (Dispensas) LDS 167982 im 117-223.
[14] Monterrey, NL Bautizos (Catedral) LDS 605147 im 14.
[15] Guadalajara Jal. Matrimonios (Dispensas) LDS 168057 im 201-206.
[16] Monterrey, NL Bautizos (Catedral) LDS 605147 im 19.
[17] Archivo Municipal de Monterrey PROTOCOLOS Volumen: 6 Expediente: 1 Folio: 11 NO. 5
[18] CAVAZOS GARZA, Israel Catálogo y síntesis de los protocolos del Archivo municipal de Monterrey, 1700-1725. 1164). IX, fol. 120, no. 36.
[19] Fernando de Alencastre Noroña y Silva XXXV  Virrey de Nueva España 13 de noviembre de 1710 - 16 de julio de 1716.
[20] Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, Tomás La Antigua Plaza de Armas de Monterrey, Lado Norte en anuario  Humanitas Numero 34 UANL Monterrey, N.L. 2007 pp.  29-43.
[21] AAVV GARZA MARTINEZ, Valentina PEREZ ZEVALLOS, Juan Manuel Libro del Cabildo op. cit. p. 98.
[22] CAVAZOS GARZA, Israel Catálogo y síntesis de los protocolos del Archivo municipal de Monterrey, 1700-1725 1127). VIII, fol. 359, no. 113.
[23] Monterrey, NL Defunciones (Sagrario Metropolitano) LDS 605195 im. 87.
[24] CAVAZOS GARZA, Israel Catálogo y síntesis de los protocolos del Archivo municipal de Monterrey, 1700-1725 No. 1295). X, fol. 49, no. 15.

martes, 18 de febrero de 2014

Indios Serranos y Tlaxcaltecas, Españoles y Mestizos del Pueblo de Purificación (Gil de Leyva) NL


Indios Serranos y Tlaxcaltecas,  Españoles y Mestizos del Pueblo de Purificación (Gil de Leyva) NL 
La Fille du Peon 1907
Le tour du Mexique
Mon journal de voyage por J A Lippe

Breve reflexión sobre un pueblo de Indios de “Nueva Conversión” en Nuevo León.  En Scribd


Un artículo sobre los distintos grupos humanos que formaron el pueblo misión de Purificación (hoy Gil de Leyva) en Nuevo León. El pueblo de mi madre y mis abuelos.


Los pueblos misión como éste, estaban a cargo de uno o varios misioneros franciscanos, quienes evangelizaban a los grupos nativos de indios seminómadas que habitaron el noreste mexicano con la colaboración de familias de indios Tlaxcaltecas a quienes llamaron madrinas o madrineros. Otros pueblos de este tipo en el estado de Nuevo León fueron: Concepción (Escobedo, Montemorelos), Guadalupe (en Guadalupe, NL), San Miguel de Aguayo y Bustamante. En Coahuila: San Esteban de la Nueva Tlaxcala (junto a Saltillo, La Divina Pastora (Piedras Negras), San Juan del Carrizal, Santa María de las Parras (Parras de la Fuente) y San Francisco, entre otras.


Indios Serranos y Tlaxcaltecas, Españoles y Mestizos del Pueblo de Purificación (Gil de Leyva) NL by Jorge H. Elías (Leoncillo Sabino)

domingo, 21 de octubre de 2012

Buena Vista, Ecos de la Guerra II


Toque de Retirada (Santa Anna´s Retreat)

Sigo tratando de escuchar los ecos de aquella batalla de Buena Vista o Angostura y de los batallones mexicanos atacando, retrocediendo, cavilando la mejor estrategia por parte de los líderes militares, etc. Angostura fue un peldaño más avanzado por los norteamericanos en su implacable marcha hacia la capital. Hay quien dice que la batalla de Buena Vista no fue ganada por ninguno de ambos bandos, sino que fue un “empate técnico”. Yo de eso no sé nada. A mí me parece que en la guerra no hay empates, pero no estoy aquí para desmentir a nadie ni para analizar las tácticas y acuerdos de la batalla. Quiero oír “las voces” de los soldados, mis ancestros (que alguno de ellos estaría peleando por defender su patria arrebatada). Aquellas voces eran multi-lingüísticas, aunque el término no encaja en la época. Entre los ejércitos mexicanos ¿habría quienes hablaran mexicano o náhuatl, otomí o alguna otra lengua nativa? Tampoco sé responder a eso. 

Sin embargo es bien sabido que entre los ejércitos de Santa Anna se encontraba el Batallón de San Patricio, en el que no solo hablarían inglés sino también irlandés, pues era su lengua materna. Junto con su idioma y cultura debieron también influir en la música de los regimientos. Un posible ejemplo de ello es una melancólica melodía llamada “Santa Anna´s Retreat”, de la que se dice, era tocada cuando los escuadrones de Santa Anna se retiraban. 

Ejecución de los Sanpatricios
por S. Chamberlain

En la colección “American Memory” de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se lee, y traduzco: Henry Reed decía, presuntamente apoyado en la autoridad de su maestro de flautín y mentor, Quinci Dillion,  que fue pífano[1] en la Guerra Mexicana,  que esta marcha era tocada por el ejército de Santa Anna al alejarse de las fuerzas americanas durante la Guerra Mexicana. Ya que la melodía es una aria[2] británica venerable, parece más verosímil que fuese tocada por el contingente americano, aunque había de hecho Irlandeses (o americano-irlandeses) participando en la armada mexicana.[3]

Es también verosímil que el batallón de San Patricio tocase las marchas y melodías militares a las que estaban acostumbrados antes de descertar del ejército norteamericano y que Quinci Dillon no estuviese equivocado en adjudicar la melodía a los ejércitos mexicanos.

De esta pieza tengo dos versiones, ambas al violín.

1.   Una del propio Henry Reed, publicada en 1966 en y que aparece en la página citada:



2.    La versión de mi PC, en base a la partitura manuscrita del mismo Reed. Aquí se puede escuchar y después de la primera parte y un breve silencio, una variante de la melodía registrada en el mismo manuscrito. 








[1] Persona que toca el pífano (flautín de tono muy agudo, usado en las bandas militares.)
[2] Aria: composición musical sobre cierto número de versos para que la cante una sola voz. En este caso la voz única del instrumento.
[3] Fiddle Tunes of the Old Frontier: The HenryReed Collection en American Memory, Library of Congress. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Buena Vista, Ecos de la Guerra I

Marcha de Santa Anna


A finales de 1846 ondeaba ya la bandera norteamericana en la cima del cerro del Obispado en Monterrey y las tropas extranjeras iban arrebatando pedazo a pedazo la patria. Dominaban todas las provincias norteñas y, por el Golfo de México, se aproximaban a Veracruz con la prisa cebada por la ambición. Los americanos avanzarían irremediablemente hasta la Capital. Se libraron batallas y se asediaron ciudades y pueblos. Una de estas batallas fue la de Angostura, cerca de Saltillo también llamada Buena Vista (febrero de 1847). En los relatos de guerra norteamericanos destaca la admiración de éstos por el lustre que mostraba el ejército de Santa Anna con sus pulidos metales e instrumentos, sus impecables uniformes blancos, sus procesiones religiosas y misas solemnes antes de iniciar las batallas. Un soldado norteamericano, Sam Chamberlain, escribe en su diario de guerra sobre uno de estos actos religiosos: “… un chocante contraste con la situación de nuestras líneas. ¡En nuestro ejército no había ni siquiera un capellán!”

Procesión Religiosa en Buena Vista por Sam Chamberlain
 
La guerra entonces y ahora era y es el acto inmoral, manipulado por las ambiciones de una élite poderosa. En ella convergen la soberbia, el odio y el vicio sazonado con pólvora a sangre y fuego.  Y sin embargo, las sociedades se han empeñado desde tiempos primigenios a justificarla. La misma voz latina que traduce guerra, bellum, sirve de raíz, tanto para nuestro vocablo bello, como para bélico. Se ha dicho que la guerra sirve para contener la población mundial, para desarrollar la tecnología, la ciencia y la medicina. Vamos, que indudablemente en tiempos y regiones de guerra se incrementa el conocimiento y el desarrollo tecnológico, pero ¿seríamos capaces de evolucionar sin necesidad del sufrimiento que ocasionan los encuentros bélicos?  Y tenemos entre los batallones al capellán e incluso a los “dignatarios de la iglesia”  en el caso de aquella Batalla de Buena Vista (o por lo menos lo que le parecieron  dignatarios al desenfadado Chamberlain).

Otra cosa que debió provocar, si no admiración, sí un particular interés, además del imponente aspecto del ejército mexicano, fue la música local, sea en las bandas de guerra o en las cantinas.

La Creole 
 Au Mexique 1862 
Combats er retraite des six mille par Georges Bibesco 
Como siempre después de la tormenta vino la calma, el regocijo de los vencedores y la desazón de los vencidos. Los norteamericanos celebraban cantando, pintando, escribiendo poemas a la Señorita de Monterrey y no podía ser de otra manera, la Señorita era hermosa y el soldado, galante, aunque fuera un pelmazo. Y la mayoría, que no tendría talentos artísticos, se conformaría con festejar en las cantinas.  No hace falta echar a volar la imaginación demasiado para entrar a una taberna y asistir a un fandango de aquella época, oír a las “margaritas”[1] hablar un fresco e incipiente  espanglish,   escuchar las risotadas, los pleitos entre borrachos y las canciones acompañadas por locales guitarras, bandolones o mandolinas y el instrumento que se iba poniendo de moda: el Piano.

Es más difícil señalar una melodía específica de aquella época. En otras entradas de este blog, he hecho algunos intentos de materializar melodías precisas: La Pasadita, El Tecolote, La Señorita de Monterrey. Es el turno de una melodía que pretende ser una marcha mexicana. Con el título de “Marcha de Santa Anna a la que se añade una Melodía popular compuesta en el campo de batalla de Buena Vista por un oficial americano arreglada para el Piano y dedicada a la Señorita (Mary Ann) Fitzgerald por W. C. Peters[2]. Dicho sea de paso, un ejemplar de la partitura de esta pieza, que se lanzó al público en su época por 25 centavos, se ofreció en subasta en abril de 2011  por internet con un valor de entre 1,200 y 1,500 dólares[3].

Volvamos a 1847. Esta misma marcha en la versión de Peters en Sol mayor, ya había sido publicada un mes antes en Do Mayor como una pieza única con el título:  “Marcha de Santa Anna como se tocaba por las Bandas del Ejército Mexicano en el campo de Buenavista la noche previa a la batalla, arreglada para el Piano por William Ratel. NB. Esta hermosa Aria fue traída por algunos Voluntarios de Kentucky habiéndola oído tocar por los regimientos Mexicanos en Buena Vista durante su servicio de guardia”[4].

¿Es posible que Voluntarios de Kentucky hayan llevado la melodía de Buena Vista a Lexington? Creo que sí es posible. Un poco como se hace con las canciones populares. Se cantan por cada quien a su aire. Y en este caso, incluso algunos compases evocan a  “The Maid of Monterrey”. La melodía en ambas versiones es la misma aunque cambiada de tono. Y por otra parte, los compositores (Ratel y Peters), sólo se adjudican la composición de los arreglos para piano. El compositor de la Marcha queda así en el anonimato, al igual que el oficial autor de la “melodía popular” presuntamente gestada en Buena Vista  con el título de “Trío”, “el  primer ejemplo  impreso  de  colaboración  musical  mexicano-norteamericana” [5].

¿Cuánto de Mexicano hay en estas melodías? Yo creo que mucho, quizá no ganarían hoy, un óscar a la mejor composición musical, pero reflejan un momento de la historia mexicano-norteamericana.  Se apartan de la narración histórica fría, crítica o parcial (dependiendo de cada bando) de los hechos, para revelar mediante la música, una parte del alma de los hombres y mujeres que se enfrentaron en una guerra injustificada, como casi todas las guerras.

Aquí les dejo la Marcha de Santa Anna interpretada al piano por mi PC.







[1] Término de la época sinónimo de prostituta.
[2] Santa Anna´s March to wich is added a Popular Melody composed on the battle field of Buena Vista by an American Officer. Arranged for the Piano Forte and Inscribed to Miss Fitzgerald by W. C. Peters. Publicada por W. C. Peters Cincinnati Ohio Diciembre 1847.
[4] Santa Anna´s March As played by the Bandsof tne Mexican army on the field of Buena Vista the night previous to thebattle arranged for the Piano Forte by William Ratel NB: This beautiful air was brought by some Kentucky Volunteers having Heard it played by the Mexican Bands at Buena Vista while on sentry duty. Philadelphia George Willig, Lexington Kentucky Noviembre 1847
[5] Stevenson Robert Visión norteamericana de las otras Américas hacia 1900. Revista Musical Chilena on line. 

Entradas populares