Mostrando entradas con la etiqueta heroes del 47. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta heroes del 47. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de octubre de 2012

Buena Vista, Ecos de la Guerra II


Toque de Retirada (Santa Anna´s Retreat)

Sigo tratando de escuchar los ecos de aquella batalla de Buena Vista o Angostura y de los batallones mexicanos atacando, retrocediendo, cavilando la mejor estrategia por parte de los líderes militares, etc. Angostura fue un peldaño más avanzado por los norteamericanos en su implacable marcha hacia la capital. Hay quien dice que la batalla de Buena Vista no fue ganada por ninguno de ambos bandos, sino que fue un “empate técnico”. Yo de eso no sé nada. A mí me parece que en la guerra no hay empates, pero no estoy aquí para desmentir a nadie ni para analizar las tácticas y acuerdos de la batalla. Quiero oír “las voces” de los soldados, mis ancestros (que alguno de ellos estaría peleando por defender su patria arrebatada). Aquellas voces eran multi-lingüísticas, aunque el término no encaja en la época. Entre los ejércitos mexicanos ¿habría quienes hablaran mexicano o náhuatl, otomí o alguna otra lengua nativa? Tampoco sé responder a eso. 

Sin embargo es bien sabido que entre los ejércitos de Santa Anna se encontraba el Batallón de San Patricio, en el que no solo hablarían inglés sino también irlandés, pues era su lengua materna. Junto con su idioma y cultura debieron también influir en la música de los regimientos. Un posible ejemplo de ello es una melancólica melodía llamada “Santa Anna´s Retreat”, de la que se dice, era tocada cuando los escuadrones de Santa Anna se retiraban. 

Ejecución de los Sanpatricios
por S. Chamberlain

En la colección “American Memory” de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se lee, y traduzco: Henry Reed decía, presuntamente apoyado en la autoridad de su maestro de flautín y mentor, Quinci Dillion,  que fue pífano[1] en la Guerra Mexicana,  que esta marcha era tocada por el ejército de Santa Anna al alejarse de las fuerzas americanas durante la Guerra Mexicana. Ya que la melodía es una aria[2] británica venerable, parece más verosímil que fuese tocada por el contingente americano, aunque había de hecho Irlandeses (o americano-irlandeses) participando en la armada mexicana.[3]

Es también verosímil que el batallón de San Patricio tocase las marchas y melodías militares a las que estaban acostumbrados antes de descertar del ejército norteamericano y que Quinci Dillon no estuviese equivocado en adjudicar la melodía a los ejércitos mexicanos.

De esta pieza tengo dos versiones, ambas al violín.

1.   Una del propio Henry Reed, publicada en 1966 en y que aparece en la página citada:



2.    La versión de mi PC, en base a la partitura manuscrita del mismo Reed. Aquí se puede escuchar y después de la primera parte y un breve silencio, una variante de la melodía registrada en el mismo manuscrito. 








[1] Persona que toca el pífano (flautín de tono muy agudo, usado en las bandas militares.)
[2] Aria: composición musical sobre cierto número de versos para que la cante una sola voz. En este caso la voz única del instrumento.
[3] Fiddle Tunes of the Old Frontier: The HenryReed Collection en American Memory, Library of Congress. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Buena Vista, Ecos de la Guerra I

Marcha de Santa Anna


A finales de 1846 ondeaba ya la bandera norteamericana en la cima del cerro del Obispado en Monterrey y las tropas extranjeras iban arrebatando pedazo a pedazo la patria. Dominaban todas las provincias norteñas y, por el Golfo de México, se aproximaban a Veracruz con la prisa cebada por la ambición. Los americanos avanzarían irremediablemente hasta la Capital. Se libraron batallas y se asediaron ciudades y pueblos. Una de estas batallas fue la de Angostura, cerca de Saltillo también llamada Buena Vista (febrero de 1847). En los relatos de guerra norteamericanos destaca la admiración de éstos por el lustre que mostraba el ejército de Santa Anna con sus pulidos metales e instrumentos, sus impecables uniformes blancos, sus procesiones religiosas y misas solemnes antes de iniciar las batallas. Un soldado norteamericano, Sam Chamberlain, escribe en su diario de guerra sobre uno de estos actos religiosos: “… un chocante contraste con la situación de nuestras líneas. ¡En nuestro ejército no había ni siquiera un capellán!”

Procesión Religiosa en Buena Vista por Sam Chamberlain
 
La guerra entonces y ahora era y es el acto inmoral, manipulado por las ambiciones de una élite poderosa. En ella convergen la soberbia, el odio y el vicio sazonado con pólvora a sangre y fuego.  Y sin embargo, las sociedades se han empeñado desde tiempos primigenios a justificarla. La misma voz latina que traduce guerra, bellum, sirve de raíz, tanto para nuestro vocablo bello, como para bélico. Se ha dicho que la guerra sirve para contener la población mundial, para desarrollar la tecnología, la ciencia y la medicina. Vamos, que indudablemente en tiempos y regiones de guerra se incrementa el conocimiento y el desarrollo tecnológico, pero ¿seríamos capaces de evolucionar sin necesidad del sufrimiento que ocasionan los encuentros bélicos?  Y tenemos entre los batallones al capellán e incluso a los “dignatarios de la iglesia”  en el caso de aquella Batalla de Buena Vista (o por lo menos lo que le parecieron  dignatarios al desenfadado Chamberlain).

Otra cosa que debió provocar, si no admiración, sí un particular interés, además del imponente aspecto del ejército mexicano, fue la música local, sea en las bandas de guerra o en las cantinas.

La Creole 
 Au Mexique 1862 
Combats er retraite des six mille par Georges Bibesco 
Como siempre después de la tormenta vino la calma, el regocijo de los vencedores y la desazón de los vencidos. Los norteamericanos celebraban cantando, pintando, escribiendo poemas a la Señorita de Monterrey y no podía ser de otra manera, la Señorita era hermosa y el soldado, galante, aunque fuera un pelmazo. Y la mayoría, que no tendría talentos artísticos, se conformaría con festejar en las cantinas.  No hace falta echar a volar la imaginación demasiado para entrar a una taberna y asistir a un fandango de aquella época, oír a las “margaritas”[1] hablar un fresco e incipiente  espanglish,   escuchar las risotadas, los pleitos entre borrachos y las canciones acompañadas por locales guitarras, bandolones o mandolinas y el instrumento que se iba poniendo de moda: el Piano.

Es más difícil señalar una melodía específica de aquella época. En otras entradas de este blog, he hecho algunos intentos de materializar melodías precisas: La Pasadita, El Tecolote, La Señorita de Monterrey. Es el turno de una melodía que pretende ser una marcha mexicana. Con el título de “Marcha de Santa Anna a la que se añade una Melodía popular compuesta en el campo de batalla de Buena Vista por un oficial americano arreglada para el Piano y dedicada a la Señorita (Mary Ann) Fitzgerald por W. C. Peters[2]. Dicho sea de paso, un ejemplar de la partitura de esta pieza, que se lanzó al público en su época por 25 centavos, se ofreció en subasta en abril de 2011  por internet con un valor de entre 1,200 y 1,500 dólares[3].

Volvamos a 1847. Esta misma marcha en la versión de Peters en Sol mayor, ya había sido publicada un mes antes en Do Mayor como una pieza única con el título:  “Marcha de Santa Anna como se tocaba por las Bandas del Ejército Mexicano en el campo de Buenavista la noche previa a la batalla, arreglada para el Piano por William Ratel. NB. Esta hermosa Aria fue traída por algunos Voluntarios de Kentucky habiéndola oído tocar por los regimientos Mexicanos en Buena Vista durante su servicio de guardia”[4].

¿Es posible que Voluntarios de Kentucky hayan llevado la melodía de Buena Vista a Lexington? Creo que sí es posible. Un poco como se hace con las canciones populares. Se cantan por cada quien a su aire. Y en este caso, incluso algunos compases evocan a  “The Maid of Monterrey”. La melodía en ambas versiones es la misma aunque cambiada de tono. Y por otra parte, los compositores (Ratel y Peters), sólo se adjudican la composición de los arreglos para piano. El compositor de la Marcha queda así en el anonimato, al igual que el oficial autor de la “melodía popular” presuntamente gestada en Buena Vista  con el título de “Trío”, “el  primer ejemplo  impreso  de  colaboración  musical  mexicano-norteamericana” [5].

¿Cuánto de Mexicano hay en estas melodías? Yo creo que mucho, quizá no ganarían hoy, un óscar a la mejor composición musical, pero reflejan un momento de la historia mexicano-norteamericana.  Se apartan de la narración histórica fría, crítica o parcial (dependiendo de cada bando) de los hechos, para revelar mediante la música, una parte del alma de los hombres y mujeres que se enfrentaron en una guerra injustificada, como casi todas las guerras.

Aquí les dejo la Marcha de Santa Anna interpretada al piano por mi PC.







[1] Término de la época sinónimo de prostituta.
[2] Santa Anna´s March to wich is added a Popular Melody composed on the battle field of Buena Vista by an American Officer. Arranged for the Piano Forte and Inscribed to Miss Fitzgerald by W. C. Peters. Publicada por W. C. Peters Cincinnati Ohio Diciembre 1847.
[4] Santa Anna´s March As played by the Bandsof tne Mexican army on the field of Buena Vista the night previous to thebattle arranged for the Piano Forte by William Ratel NB: This beautiful air was brought by some Kentucky Volunteers having Heard it played by the Mexican Bands at Buena Vista while on sentry duty. Philadelphia George Willig, Lexington Kentucky Noviembre 1847
[5] Stevenson Robert Visión norteamericana de las otras Américas hacia 1900. Revista Musical Chilena on line. 

sábado, 17 de septiembre de 2011

My Confession, Sam Chamberlain

Samuel Chamberlain from Wikipedia
Samuel Emery Chamberlain, nació en New Hampshire el 28 de noviembre de 1829 y se trasladó a Boston a los 7 años. Se enroló en el ejército norteamericano a los 17 años y peleó en la guerra con México. Fue un soldado con alma de artista, romántico, educado, soñador y con mucha chispa al expresarse. Testigo de la guerra y ocupación del ejército norteamericano en suelo mexicano. Protagonista él mismo de las refriegas, las marchas, asaltos, desvelos y fuegos cruzados. Soldado, pero con ventajas sobre sus camaradas: inteligencia, carisma y la habilidad para registrar los acontecimientos con la pluma y el pincel. Ese era él. De regreso a su país continuó su vida normal de ciudadano honorable con un puesto en la oficina pública, formó una familia y llegó a ser teniente honorario primero[1] general en el Ejército de la Unión, al finalizar la Guerra Civil Norteamericana.  Sam nunca olvidó sus “aventuras” en la guerra contra México. Los quince últimos años de su vida se empeñó en redactar una autobiografía que tituló “My Confession”. Es básicamente su vida de soldado durante aquella guerra. En ella redacta e ilustra con sus propias acuarelas, cuatro cuadernos llenos de anécdotas melodramáticas que quizá no se apeguen siempre a una realidad científicamente comprobable. Sin embargo, William H. Goetzmann, quizá quien más haya analizado y estudiado a éste personaje y su obra, ha probado con su ardua investigación, que la mayoría de los hechos relatados por Chamberlain son verídicos. Esos cuadernos permanecieron “ocultos” bajo el resguardo de la familia Chamberlain por casi 100 años y de ellos sobrevivió solo uno. En los años 1940´s ese documento apareció en una tienda de antigüedades y fue comprado por un coleccionista privado quien lo vendió a la revista LIFE en 1956. Después de su publicación como artículo en tres partes por la revista LIFE[2] y como libro por Harper and Brothers[3]  en el otoño de aquel año, el manuscrito original y todas sus pinturas fueron obsequiados por la editorial de la revista al Museo de la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point y desde ese momento pasaron a ser propiedad de la Nación. Yo sólo traduzco, lo mejor que puedo, el relato del soldado, porque creo que semejante narración e imágenes son un tesoro. De él dice Goetzmann[4] que es “quizá la mejor relación escrita de las aventuras e infortunios de un soldado de la guerra mexicana”.

La introducción al artículo de LIFE dice que “Sam Chamberlain, cargaba un libro de apuntes con él durante la guerra. Cuando se sentaba para escribir su libro privado lo embellecía con ilustraciones de sus propios dibujos de brillante colorido y llenos de acción. También adornó las páginas de sus textos escritos con iniciales coloreadas y encabezados, viñetas de pluma y tinta y escritos preciosamente trabajados, a la manera como un monje medieval  trabajaría sobre un manuscrito elaborado”. Los dibujos y relatos particularmente de la Batalla de Monterrey no aparecen en la edición de LIFE  y sí, en la página de internet dedicada a este artista soldado. La página está a cargo del Dr. William H. Goetzmann, premio Pulizer de historia y de Jack S. Blanton, Sr. de la cátedra de Historia y Estudios Americanos en la Universidad de Austin Texas. Son de igual interés aunque se sepa que Chamberlain no participó en dicha batalla y por ello también los incluyo en el documento.


Este año Monterrey se dispone a celebrar con eventos especiales y la colocación de la primera piedra de una plaza histórica en Honor A los Héroes de la Batalla de Monterrey 1846. Desde lejos me hago solidario al trabajo de los Amigos de la Batalla de Monterrey, por recuperar la memoria histórica de este evento.   

Jorge H. Elías


[1] El término en inglés es Brevet
[2] The romantic memoires of a Soldier artist. Artículo en tres partes publicado por la revista LIFE el 23, 30 de julio y 6 de agosto de 1954.
[3] CHAMBERLAIN, Samuel E. My Confession, Harper and Brothers 1956.


Enhanced by Zemanta

domingo, 1 de agosto de 2010

The heroes of Monterey

The Heroes of Monterey

Continuando con la búsqueda de la música que pudo haberse escuchado en México a lo largo del siglo XIX me topé otra vez con partituras muy interesantes, aunque norteamericanas. A juzgar por la producción musical americana después de su triunfo en La Batalla de Monterrey, ésta fue sin duda un motivo de orgullo de aquella nación que se desarrollaba a velocidad vertiginosa. En The Library of Congress se pueden encontrar 14 piezas musicales que hacen referencia a la batalla. En esta ocasión les presento esta pieza para un cuarteto de voces dos tenores y dos bajos. Por problemas "técnicos" y porque no soy ni tenor ni bajo, sino todo lo contrario, procesé esta partitura con el sonido de un cuarteto de cuerdas: mandolina, guitarras y bajo acústico en el archivo wav final.

Me parece una pieza solemne y hermosa. Debe escucharse preciosa con las voces correspondientes.

No deja de provocarme un sentimiento encontrado esto de elaborar  un documento en el que se habla de México como enemigo y se exalta la nobleza de los combatientes norteamericanos. Pero los hechos no tienen vuelta atrás y quizá esto sirva para suscitar el interés sobre el conocimiento de la historia y la búsqueda de la paz entre los pueblos.

La Letra es de T. W. Tucker,

The Heroes of Monterey

What glad notes of joy are loud sounding on high.
As the tidings of triumph reecho again.
But the terar of true sympathy moistens eye,
For heroes have peris’d brave heroes are slain.
For heroes have peris’d brave heroes are slain.

They are buried in silence beneath the dark sod,
Far away from their kindred and homes they lov’d dear;
They sleep ‘neath ground they so gallantly trod,
Whence foemen were driven in deadly career.
Whence foemen were driven in deadly career.

The din of the battle shall wake them no more;
Undisturb’d by commotions they peacefully rest.
But their fame is resounding from mountain and shore,
Where liberty kindles each patriot breast! 
Where liberty kindles each patriot breast! 

Los Héroes de Monterrey
(solo traducción sin buscar que encaje en la música o rima)



Qué agradables notas de alegría suenan fuerte en las alturas.
Mientras las noticias del triunfo hace eco nuevamente.
Perola la lágrima del pesar sincero enjuga los ojos,
Porque han perecido los héroes, valientes héroes han muerto.
Porque han perecido los héroes, valientes héroes han muerto.

Fueron sepultados en silencio bajo la negra tierra,
Lejos de sus seres queridos y de los hogares de sus amadas.
Duermen bajo la tierra que tan gallardamente pisaron,
De donde los enemigos fueron arrastrados en carrera mortal.
De donde los enemigos fueron arrastrados en carrera mortal.

El estruendo de la batalla no podrá despertarlos más.
Descansan en paz sin ser perturbados por la conmoción.
Pero su fama sigue resonando desde montañas y costas,
Donde la libertad enciende cada pecho patriótico!
Donde la libertad enciende cada pecho patriótico!

La música es de Leonard Marshal, aquí les dejo este archivo con la música acompañada, como siempre con algunos dibujos del Sam Chamberlain.

Entradas populares