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lunes, 13 de marzo de 2017

Los primeros vecinos de Monterrey..... V (Edificio de La Botica del León. Edad: 107 años)

Edificio de la Botica del León. Edad: 107 años.


Si caminas por el paso peatonal Morelos en Monterrey, mejor dicho, si sales a “morelear”, una tarde cualquiera y te diriges desde la Macroplaza hacia el poniente, después de ver a tu derecha el famoso edificio del Banco Mercantil de Monterrey y a tu izquierda el Hotel Monterrey y sigues caminando una cuadra, al llegar a la calle Escobedo que antes se llamaba Calle del Teatro, en la esquina nor-poniente encontrarás un edificio que no destaca en su aspecto, pues es un cubo sobre otro, con la esquina truncada y con ventanas rectangulares y cuadradas. Está ocupado por la Farmacia Benavides, tan famosa en Monterrey. Y aunque ahora ese pequeño edificio no refleja lo que fue, guarda una honda historia para el pueblo regiomontano. 

Edificio de la Botica del León. Antigua sede de los Poderes del Estado de NL. Se incendió en 1909.


Fue la Capilla de San Francisco Javier donde el Padre Oblato Gerónimo López Prieto fundó el primer Colegio Seminario de todo el Norte de México. Establecieron allí su convento los Padres de la Compañía de Jesús. Se construyó sobre los cimientos del Convento el Primer Palacio de Gobierno del Estado de Nuevo León y, al comenzar el siglo XX, se estableció allí la famosa Botica del León de don Eduardo Bremer y Compañía, misma que sucumbió al gran incendio de 1909.

Como ya tengo escrito un más amplio artículo sobre la historia de este inmueble, solamente me queda remitirlos a él en este enlace del mismo blog:


La Botica del León de Don Eduardo Bremer y Compañía


Edificio de la Botica del León diseñado por Alfred Giles en 1909



lunes, 13 de febrero de 2017

Los primeros vecinos de Monterrey, Construyendo una ciudad desde sus cimientos II (Edificio de La Reinera. Edad: 116 años)

Edificio de La Reinera. Edad: 116 años


Otro predio y espacio significativo del centro de Monterrey es el que ocupa el edificio de La Reinera. Éste (en la esquina nor-oriente de Morelos y Parás) y todos sus edificios vecinos se encuentran en lo que alguna vez fueron terrenos del Convento Jesuita de San Francisco Javier. 


Edificio de La Reinera c. 1901 (De la Colección de Postales de Ricardo de León T.)



-      Desde 1702 y durante el siglo XVIII las manzana comprendidas entre las calles Morelos, Emilio Carranza, Padre Mier y Escobedo quedando por medio la Calle cerrada de Parás, formaban parte de los terrenos del Convento e Iglesia, cementerio y Seminario de San Francisco Javier.  Esta fue iniciada por el Padre Oblato Jerónimo López Prieto y más tarde entregada a de los padres Jesuitas. 


-      El 13 de marzo de 1702, Jerónimo López Prieto, presbítero, solicita al gobernador Juan Francisco de Vergara y Mendoza la merced de un terreno para construir una capilla a San Francisco Xavier y fundar un colegio seminario. Merced que es concedida el mismo día[1].

-      Los trabajos de edificación de los inmuebles debieron comenzar inmediatamente. Un documento del siguiente año hace mención de la capilla en construcción.

-      En 1704 también había anexo a la capilla un cementerio que daba servicio a la ciudad. Por más de 10 años la mayoría de los difuntos de Monterrey debieron haber sido sepultados en él. El terreno de este cementerio fue cedido al Padre López Prieto por un vecino de la ciudad: Don Francisco de Treviño.

-      El 22 de diciembre de 1708 el juez de tierras y aguas, Don Manuel Campuzano Cos y Cevallos, ratificó la merced y sugirió aumentarla con terrenos de cultivo. Y el 7 de enero de 1709 se llevó a cabo una nueva medición del terreno.

-      El colegio de San Francisco Xavier definitivamente cerró sus puertas hacia1745.

-       El 4 de julio de aquel año el provincial de la Compañía en la Nueva España, P. Cristóbal de Escobar y Llamas, dio orden al padre rector Juan José de Nava para vender la hacienda de los Jesuitas en el Nuevo Reino de León. Y el 1 de febrero de 1746  es vendida la hacienda que poseían en las Sabinas por 10 mil pesos a Don Manuel Flores de Valdés. Por su parte el colegio y la capilla con sus terrenos en el centro de la Ciudad, quedaron abandonados. Las alhajas y ornamentos almacenados en S. Javier fueron trasladados a la parroquia (actual catedral) de Monterrey.

-      En 1768 la iglesia se encuentra demolida y sus terrenos abandonados.


Dos fragmentos del “Mapa de la Situación de la Ciudad de Monterrey en el nuevo Reyno de León…”. Atribuido a Cristóbal Bellido Faxardo, guardián y comisario de misiones. 15 de Febrero de 1791. Archivo General de la Nación MX09017AGNCL01SB01FO178MAPILUUS4262 Se señala con la letra F la iglesia de San Francisco Javier en la esquina nor-oeste de las actuales calles de Morelos y Escobedo. En el mapa original extrañamente el Norte está dirigido hacia abajo. La X señala un pozo de agua.


-      El 14 de Noviembre de 1796 el cabildo de Monterrey otorga a Manuel Antonio Rigada e Inda la merced de esa propiedad a 12 pesos por vara[2]. Rigada compra el solar a todo lo largo de la cuadra colindando por el poniente con un callejón (Parás) y por el oriente con lo que fue la Iglesia de San Francisco Javier. El costo total del terreno fueron 472 pesos en plata.

-      A la muerte de Manuel Antonio de la Rigada y su esposa Rosa María Sada, la propiedad y casa en ella construida, fueron heredadas por María Josefa Guerra viuda de Manuel de Sada y madre de Rosa María.

-      El 4 de marzo de 1826 Juana de Ugarte compra esa propiedad y casa a la familia Sada (hijos de María Josefa) en 3,500 pesos. 

-      En 1855 el comerciante vizcaíno Don Mariano Hernández toma en arrendamiento esta finca e inaugura, el sábado de Gloria de 1855, la casa comercial llamada La Reinera. Ésta comenzó siendo una “casuca de matacán y techos de hormigón, con ligera cornisa y soportal de madera en escuadra y sin pilastras de sostén – admirable demostración de atrevida arquitectura pueblerina – levantaba también orgullosa su frontispicio, enjalbegado con humilde cal que en las noches se alumbraba con los mortecinos rayos de la parpadeante lámpara de petróleo encerrada en aquellos farolotes que, empotrados en las paredes o colgantes, eran también motivo de satisfacción y pavoneo de nuestros sencillos antepasados”[3].


Calle del Comercio finales del Siglo XIX. Al Centro el primer edificio de la Reinera con Toldo.


-      En 1862 Don Mariano dejó la dirección del negocio encomendándola a sus hermanos Don Estanislao y Don José María. Con ellos formó la nueva sociedad bajo la razón de Hernández Hnos. y Cía. Don Mariano volvió a su natal Bilbao donde murió el 26 de Junio de 1891.

-      Don Estanislao Hernández falleció el 5 de Marzo de 1887 y su cadáver fue trasladado a Bilbao. Desde aquel año, hasta 1894, la dirección de los negocios de la sociedad quedó a cargo de los sobrinos de los fundadores, Don Felix y Don Tomás Mendirichaga y Hernández, hasta que en aquel año se practicó la liquidación final de la sociedad Hernández Hnos. Sucs., y se distribuyeron los bienes entre los herederos de los finados socios Don Estanislao y Don Ángel Hernández, retirándose de la dirección activa de los negocios don Félix, que fue a radicarse en España…”[4]

-      El 13 de Septiembre de 1901 La Reinera inaugura su nuevo edificio, diseñado por el Arq. Alfred Giles mismo que continúa en pie, en la Plaza comercial Morelos, esquina con Parás.


Edificio de la Reinera c. 1901


-      El 21 de agosto de 1909 el edificio se libra, podemos decir que milagrosamente y por el esfuerzo de los empleados de la negociación, de un terrible incendio iniciado en la Botica de León, edificio adyacente a La Reinera. El periodista corresponsal del Diario de México en Monterrey escribe: “El salvamento de la negociación se debió más al auxilio de los empleados que al aislamiento del fuego. Este había invadido ya las cabezas de las vigas del piso superior, introduciéndose por bajo del cielo raso y dificultando con esto las maniobras. Rasgado el cielo se atacó el incendio haciendo uso de mangueras de hule pero como el agua de los tinacos estaba hirviente, el hule se deshacía. Solamente los heroicos esfuerzos de los empleados lograron evitar la propagación”[5].


Departamento de Damas del Almacén de la Reinera. (Imagen del Album Conmemorativo del 50º aniversario de la fundación de la casa de sucesores de Hernández Hnos. 1855-1905)


El edificio de la Reinera, de Alfred Giles, permanece allí como un ejemplo de buen gusto arquitectónico. Lo ocupan tiendas comerciales.


La Reinera Viaje al Pasado (Diseño visual de Armando Guevara 2014)





[1] Para los datos cronológicos Cfr. CAVAZOS, Israel  El colegio Jesuita de San Francisco Javier de Monterrey en Anuario Humanitas No. 34 vol. 4 Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, NL. Universidad de Nuevo León, 2007 pp. 16-17.
[2] Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, Tomas Monterrey Antiguo…   p.588 ss.
[3] ROEL, Santiago, Estampas de Antaño
[4] Cfr. Album Conmemorativo del 50º aniversario de la fundación de la casa de sucesores de Hernández Hnos. 1855-1905. Monterrey, NL., 1905.
[5] El Diario Periódico Nacional Independiente, México, DF, 26 de agosto de 1909 p. 1.

viernes, 10 de febrero de 2017

Los primeros vecinos de Monterrey, Construyendo una ciudad desde sus cimientos I (Edificio de la Casa Langstroth Edad: 95 años)

Los primeros vecinos de Monterrey, Construyendo una ciudad desde sus cimientos

Buscando datos que me llevasen a mis antepasados, encontré, en el anuario HUMANITAS, del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León, un excelente estudio de Tomás Mendirichaga Cueva: La Antigua Plaza de Armas de Monterrey, Lado Norte[1]. Me entusiasmó tanto el artículo  que me puso a analizar y sintetizar de una manera visual la inmensidad de datos allí resumidos. El artículo, analiza los cuatro predios  que se encontraban al norte de la Antigua Plaza de Armas de Monterrey y sus propietarios a lo largo de cuatro siglos.  El artículo me llevó a otros del mismo autor en los que asienta la ubicación de muchos otros predios en el mapa actual de Monterrey.

Traté de analizar a fondo la información sobre los predios y descubrí que es posible indagar sobre muchos de ellos con el material historiográfico a la mano. Como describir y estudiar cada predio sería un trabajo colosal, aquí iré escribiendo solo sobre algunos pocos de esos predios y su evolución en el tiempo. Ya se ha descrito repetidas veces la historia de los edificios más emblemáticos de la ciudad, (la Catedral, el Obispado, la casa del Gobernador, etc.), por eso no hablaré de ellos, sino de otros lugares de interés para la historia del trazo urbano de la ciudad.

Comienzo con el predio que ocupó el edificio de la Casa Langstroth.

Edificio Langstroth: Edad 95 años


Casa Langstroth c. 1880.


-       En la esquina sureste de las actuales calles de Escobedo y Padre Mier se ubicaba el solar mercedado, en 1689, al Capitán Pedro de Almandoz, navarro, hijo de Martín de Almandoz y de María de Azanza, natural de la ciudad de Pamplona. Almandoz  estuvo casado con Isabel Maya de Treviño[2]. Al morir en 1705, su finca “tenía zaguán, sala, dormitorio, tienda, desván, cocina y corral” y la casa era "de adobe y lodo de tierra muerta" y techada "con vigas y carrizo"[3].   En el inventario de sus bienes se dice que tres de las piezas estaban techadas de morillos y cubiertas de teja, mencionándose, además, los árboles frutales y dos hornos. La propiedad, fue valuada en casi 1,500 pesos.

-      Los herederos de Almandoz vendieron la propiedad al Capitán José de la Mota[4], hijo de Juan de la Mota y María Flores y casado en primeras nupcias con Doña María del Río, hija del Capitán Andrés del Rio y Doña Margarita Guerra, vecinos de Saltillo. De la Mota fue casado en segundas nupcias con Doña Clara de Treviño hija del capitán Alnoso de Treviño y doña Catalina de Ayala. En su testamento de 1724, su casa es listada entre sus bienes. Consta de “una sala, dormitorio, zaguán, tienda y otros cuartos y cocina, y su corral cercado de piedra”[5].

-     Dice el cronista José P. Saldaña, que por mucho tiempo hubo en este lugar una finca de modestas dimensiones[6].

-      Durante el S. XIX esta propiedad perteneció al Lic. Manuel Antonio Morales y su familia. Don Manuel fue alcalde de Monterrey en 1839 y 1844. Al enviudar de su primera esposa Doña María del Pilar Gómez, Don Manuel, se casó con Doña María del Refugio Gómez quien, una vez muerto Morales, queda como su albacea junto con su consuegro José María Morales[7].

-    Ambos albaceas celebran en Mayo de 1865 un contrato de hipoteca sobre esta propiedad y otra casa marcada con el No. 79 de la calle de Dr. Mier a favor de José Gutiérrez y Gutiérrez, “por 11,840 pesos, con término de 2 años sin rédito”[8]

-      El 10 de Febrero de 1866 estos mismos firman un contrato de arrendamiento con  “Daniel Braindar, en representación como socio de “Brainard y Compañía”, de la casa número 19, ubicada en la esquina sudeste formada por las calles del Teatro y Doctor Mier, con todos los cuartos bajos y altos y demás mejoras que comprende, con término de cinco años y privilegio de cinco más y con renta mensual de 150 pesos”.[9]

-      Una vez más terminada el plazo de la primera hipoteca, el 9 de Mayo de 1867, las propiedades antes mencionadas, son nuevamente hipotecadas. Esta vez a favor de Francisco Garza Fonseca “por 8,000 pesos con término de tres años y sin rédito”[10]

-      En enero de 1871 el contrato de arrendamiento con la compañía de Daniel Brainard es renovado “con renta de 83 pesos 33 centavos mensuales y con término de un año y privilegio de tres años más.”[11]


-     
Francesca Leinchart esposa de James N Langstroth 1909
Por esa época, la propiedad fue adquirida por James Napoleon Langstroth, también conocido como Santiago N. Langstroth socio de Brainard y Compañía.  Langstroth era hijo de John George Langstroth y Rebecca Amelia Dunn. James nació en Philladelphia, el 11 de Octubre de 1813. Estudió en la Universidad de Pensilvania desde 1828 y se graduó en 1832. Contrajo nupcias con Francesca Leichardt[12] en el condado Cameron, Texas, el 26 de agosto de 1853. Ya desde  1851 se ocupaba en actividades comerciales entre Matamoros, Tam., y Brownsville, Tex., principalmente.   Fue coronel simpatizante del ejército confederado durante la Guerra Civil Norteamericana. Sirvió como Cónsul de Estados Unidos en Matamoros en 1852. Durante su permanencia en esa ciudad el “1 de mayo de 1855, el general mexicano Adrian Woll comandante en jefe de la línea del Río Bravo y gobernador militar civil del Estado de Tamaulipas, expidió un decreto del gobierno general de México por el que declaró en estado de sitio el territorio de su mando, con motivo de que en los Estados Vecinos se había levantado una insurrección contra el gobierno central, la cual amagaba a Tamaulipas”[13]. La inconformidad con el gobierno central en México mantuvo a los estados en tensión. El gobierno tamaulipeco decidió  prohibir “toda relación y tráfico mercantil con las poblaciones sublevadas”[14]. Esta acción perjudicó al comercio de Langstroth, quien se estableció temporalmente en Brownsville, no pudiendo atender sus actividades financieras en México. Una vez apaciguados los ánimos, Langstroth demandó al gobierno mexicano. Exigió una indemnización de 11,742.71 pesos por los daños ocasionados a su comercio y el deterioro de sus mercancías que debieron permanecer  en Matamoros. La demanda le fue denegada. 


-      En 1857 James N. Langstroth funda en Monterrey la Casa Langstroth especializada en artículos de ferretería, primero en la acera poniente de la calle Juárez, entre P. Mier y Morelos, y diez años más tarde, en la esquina sureste de P. Mier y Escobedo, No fue una empresa fácil, en México se sucedían las revueltas y revoluciones. Los gobiernos revolucionarios demandaban periódicamente “préstamos forzosos”[15] que amenazaban la estabilidad económica de los principales comerciantes de Monterrey. Entre ellos estaban los americanos J. Ulrich (cónsul de los Estados Unidos en Monterrey) y James Langroth.

-     
Teatro y Calle del idem Lagrange y Hermano 1885-1890 fragmento Edificio de la Ferreteria Langstroth SMU collection



A la muerte de su propietario en Monterrey el 18 de Septiembre de 1876, su Viuda Doña Francesca Leichardt y herderos continuaron desarrollando la Casa Langstroth.

-    En 1877 Caroline Lorraine Langstroth, hija de la Viuda y del difunto James Napoleon, contrajo matrimonio con Gustav Oscar Reginald Westendarp  (1843-1913) quien en 1879, pasó a ser propietario de la nueva Casa Langstroth Sucesores.

-      Entre agosto de 1901 y julio de 1902 la familia Westendarp hizo construir un edificio de tres pisos en el predio donde se encontraba su negocio, cubría un cuarto de cuadra y según “The Mexican Herald” de 4 de julio de 1902, era el más grande y mejor edificio de ferretería del norte de México[16]. Allí se ofrecía al público artículos de ferretería, mercería, muebles, cristalería, “artículos de fantasía”, artículos para minas, máquinas para agricultura, “fancy goods”, dinamita, mechas, tapones y otros artículos para la minería[17].

Edificio de tres pisos de la Casa Langstroth (c.1901)
Fuente:The Mexican Developer, 1906 Colección Tomás Mendirichaga. Cortesía Arq. Juan Manuel Casas




-      En 1922 la empresa la Casa Langstroth Sucs. encargó a la constructora Engineering Company y al ingeniero Frank J. Wood Yard Jr.,[18] el diseño de un nuevo edificio, mismo que permanece hasta hoy día, con algunas modificaciones. El inmueble fue planteado pensando en su función práctica de ferretería. Su puerta principal en la esquina truncada es amplia para permitir el tráfico masivo. La revista American Exporter de 1924, refiere este edificio como “probablemente la más práctica y hermosa ferretería del mundo”, habla de su entrada principal como un acierto del diseñador. Destaca su techo y pilares de una blancura inmaculada “enfatizada por un moderno sistema de luz indirecta”[19]. Mantuvo también su giro comercial tradicional hasta 1995.

Nueva Casa Langstroth Sucs. Esdificio de estilo Art Deco 1922 (Imagen Cortesía de Carlos Hernández)



-      Hasta hace unos 3 o 4 años opera allí el Scotiabank. Desde entonces está abandonado aguardando su destino.

Así luce actualmente el edificio de la Casa Langstroth (Google Maps)




[1] MENDIRICHAGA CUEVA, Tomás La Antigua Plaza de Armas de Monterrey, Lado Norte en anuario  Humanitas Numero 34 UANL Monterrey, N.L. 2007 pp.  29-43. Toda la Información está tomada del artículo. Cuando lo cito textualmente lo indico.
[2] Cfr. CAVAZOS GARZA, Israel Catálogo op. cit Números: 1084). VIII, fol. 158, no. 72; 1049). VIII, fol. 81, no. 37.
[3] MENDIRICHAGA CUEVA, Tomás Monterrey Antiguo 2000 op. cit. p. 578
[4] Ibid, p. 576.
[5] CAVAZOS GARZA Israel, Catálogo… op. cit., No. 1609). XI, fol. 281, no. 108.
[6] Cfr. SALDAÑA,  José P. Estampas de Monterrey Gobierno del Estado de Nuevo León, 3a Ed. 1891, p. 89
[7] Libros parroquiales de la Catedral de Monterrey. Matrimonios 1837-1858. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-159379-651541-76?cc=1473204&wc=M99V-5VW:n2000875630 Matrimonio con Ma. Del Pilar Gómez 8 de Sep 1838. Microfilm LDS 605181 im 28; matrimonio con Refugio Gómez 26 de abril de 1856 im 463.
[8] ALVAREZ HERNÁNDEZ, Ma. Magdalena,  A ustedes les consta… op cit. 10/71.
[9]  ALVAREZ HERNÁNDEZ, Ma. Magdalena,  Restaurando la República y la economía regional Catálogos de Protocolos de Tomás Pacheco 1866-1870. Monterrey, N.L. Junio 2000,  11/17
[10] Ibid., 12/90
[11] ALVAREZ HERNANDEZ, Magdalena Aspectos Económicos de la Preindustrialización Catálogo de Protocolos de Tomás Pacheco 1871-1883, 16/4
[12] 1830-1909
[13] Dictamen del C. comisionado Palacio aprobado como decisión de la comisión en sesión de 17 de Octubre de 1871 James N, Langstroth, contra México en DIARIO OFICIAL (Redacción del) Recopilación de Leyes, Decretos y Providencias de los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la Unión Tomo XVI de julio a Diciembre de 1872, Imprenta del Gobierno en Palacio a Cargo de José María Sandoval, México,  1873
[14] IBIDEM.                                              
[15] Correspondence with the United States Legation to Mexico No. 184 Mr. Seward to Mr. Campbell Oct. 2, 1866 en THE HOUSE OF REPRESENTATIVES, Executive Documents printed by order of the House of Representatives during the second session of the thirty-ninth congress, 1866-'67 in sixteen volumes, Government Printing Office, Washington, 1867, p. 567 ss.
[16] News of Mexico en The Mexican Herald, Ciudad de México, 4 de Julio de 1902 p. 3
[17] ROSS M´DONELL ADVERTISING CO. DIRECTORIO GENERAL DE LA CIUDAD DE MONTERREY 1901 Conteniendo la Historia y descripción de la Ciudad; el Gobierno Actual del Estado…. Ross M´Donell Advertising Co. Redactores  Publicadores Monterrey NL., México 1901, multiples páginas de propaganda.
[18] Jacob Frank Woodyard Boggs (Parkersburg, West Virginia,1875- Monterrey, NL. 1963). Llegó a Monterrey en 1908  invitado por Alfred Giles para colaborar en el proyecto del Puente S. Luisito. Además del edificio Langstroth fueron de su autoría la Casa Holck de la Calle Matamoror (1911), la Cía. Telefónica  y Telegráfica Mexicana ubicado esquina noroeste de 5 de mayo y e. Carranza (1912), el desaparecido edificio Ford (1924),  la agencia de automóviles General Motors en Chuauhtémoc y Espinoza, la casa habitación de Julio Derby en la Colonia Obispado, entre otros. [Datos tomados de AAVV.  (Juan Manuel CASAS GARCIA, Victor Alejandro CAVAZOS PEREZ)
Panteones del El Carmen y Dolores: patrimonio cultural de Nuevo León Fondo editorial de Nuevo León, Monterrey, 2009, p. 142-3.
[19] SOULE, Roy F. Importers build a Hardware Palace en American Exporter: A Monthly Journal of foreigh Trade. 48th year, New York 1924, p. 116. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Una Semana Siniestra en Monterrey, Agosto 21-28 de 1909 1/8 (Sábado)

Una Semana Siniestra en Monterrey,  Agosto 21-28 de 1909.


Sábado 21 de Agosto

Eran como las 10 y media de la noche. Después de un largo día de trabajo, el inspector de policía, Don Ignacio Morelos Zaragoza se retiraba a descansar. Pensaba quizá en la tragedia ocurrida sólo dos semanas antes, en la que él mismo había estado tratando de socorrer a sus compatriotas y cumplir su deber. 

– “¡Los pobres vecinos de San Luisito…!” – cavilaba – “cuando la naturaleza dice “aquí estoy” es mejor echarse a un lado….”  

Pensaba que la imagen del Río Santa Catarina lleno, con sus rugientes y feroces corrientes de lado a lado, iba a permanecer en su memoria para el resto de su vida. Y hacía solo 15 días (el 7 de agosto) esas crueles aguas se habían desbordado matando a por lo menos unas 15 personas. 

– "Pero la vida tiene que seguir y yo me voy a descansar…”  

Perdido en estos pensamientos se encontraba nuestro buen inspector de policía de la ciudad, cuando llegaron a darle el aviso: 

– “Se quema, se quema el palacio, mi coronel. La botica del León está en llamas”
                    
La oficina del inspector de policía, situada en la Calle de San Francisco, no se hallaba muy distante del lugar del incendio. Solo la separaban unas tres cuadras y media.  Pero con un fuego no se vacila.  

– “No hay tiempo qué perder” – se dijo el inspector a sí mismo y subió a un carruaje. A toda velocidad llegó al lugar.  Ya empezaba el ajetreo en aquel punto. El Cabo Diego Sáenz, y el gendarme Carlos Rivera, quienes habían sido los primeros que se percataron del incendio, habían visto las llamas asomarse por las ventanas de los pisos superiores de un inmueble de 4 pisos, propiedad de la empresa Bremer, situado se en la calle del Dr. Mier entre Escobedo y el callejón de Paras. Avisaron al velador de la Botica: Don Onofre Cantú. Y Éste, por su parte, dio aviso a Don Manuel Vela, que era el farmacéutico de guardia aquella funesta noche del sábado 21 de agosto de 1909.


Plano de la Cuadra incendiada en  El Imparcial diario ilustrado de la mañana,  23-08-1909 


El miedo invadía el alma de aquellos hombres. En el lapso de pocos años,  habían presenciado en la ciudad los incendios de dos teatros, de la casa de Carr., de la carrocería de Warden y de las oficinas del periódico “Monterrey News”. Era como si hubiese caído una maldición sobre la ciudad y el fuego, como un amante celoso, la visitara solo para hacerle daño. Sin embargo, aún no sabían estos buenos hombres, que en esta ocasión iba ser aún peor. Los anteriores incendios, comparados con éste, iban a parecer tímidas luminarias públicas.   

Quien más angustiado debió estar, era Don Manuel, el farmacéutico, pues conocía el peligro inminente y la reacción de los elementos químicos en contacto con el aire, el agua y, sobre todo, con el fuego. Aún más, estaba al tanto de las cantidades de materiales químicos acumulados en el laboratorio y las bodegas, los explosivos almacenados en el sótano. Conocía muy bien el depósito de esa sustancia, relativamente nueva, llamada gasolina,  la cantidad de litros que poseía de ella la droguería y lo inflamable que era... No era el momento para amedrentarse. Junto con el miedo se cerniría el valor y el sentido de la lealtad. Lo primero que debió hacer, sin duda, fue dirigirse a las viviendas de los propietarios, por si no se habían percatado aún de las llamas. Fue a dar aviso a Doña Julia Barrera, la esposa de Don Roberto Bremer, a los demás miembros de la familia y a la servidumbre que pudieran hallarse en su vivienda, situada  en el piso superior de la Botica del León, antiguo palacio de gobierno.

Efectivamente  la familia Bremer y la de Don Juan Reichmann vivían en el segundo piso de la Droguería. Pero, hombres de negocios al fin, ninguno de los dos jefes de familia se encontraban en casa en aquel momento. Don Roberto se hallaba en la Ciudad de México. Algún periódico de la época informó que estaba ausente por problemas de salud.  Debió enterarse del siniestro por vía telegráfica, del mismo modo que el Señor Reichmann, quien se hallaba en Saltillo. Pero Doña Julia sí estaba en su hogar para presenciar, en breve, la pérdida de su vivienda, del negocio familiar,  de sus alhajas y de parte de sus bienes.


Don Roberto A. Bremer, su esposa Doña Julia Barrera Treviño de Bremer y familia c, 1921. Foto cortesía de Billy Bremer.

Mientras unos daban aviso y ayudaban a la Señora de Bremer a salir del inmueble, el inspector de la policía, Don Ignacio Morelos y los gendarmes ingresaban al patio de la propiedad. Aquel patio era un lugar de convergencia entre los edificios, especialmente entre los dos inmuebles de la empresa Bremer. Al momento, Don Ignacio y los gendarmes, escucharon un estallido y, tras él, todos quedaron completamente a oscuras en medio de aquel patio y del inminente peligro pues desconocían el terreno. “El señor inspector de Policía logró al fin encontrar la salida, y sin perder la calma, mandó traer una extinguidora, que no pudo ser empleada, debido a la violencia con que aumentaba el fuego.”

Las llamas amenazaban avanzar muy rápidamente. ¿Pero qué las habría provocado? Se preguntaban. ¿Sería un accidente o la obra de algún frenético reyista queriendo perjudicar al General Treviño en la persona de sus descendientes, como declaró más tarde un periódico? En ese momento era imposible saberlo. La verdad es que no había un trasfondo político en la tragedia. Una vulgar chispa eléctrica, desprendida de un cableado defectuoso en el laboratorio químico, era la causante de aquel desastre.

La empresa Bremer y Cía., tenía, en aquel año de 1909, dos edificios adjuntos (podemos decir que uno detrás del otro) en la manzana circundada por las calles Padre Mier, Escobedo, Morelos y el callejón de Paras. Uno, había sido el antiguo palacio de Gobierno que hacía esquina en Morelos y Escobedo. Según el corresponsal del Diario de México, por el lado de Escobedo se encontraba la Botica del León, y por el lado de Morelos, la Droguería Bremer. Pero es el único de entre los reporteros de la época que señala esta diferencia. Todos los demás las mencionan indistintamente o como sinónimos.

El otro edificio de la compañía Bremer era uno de 4 pisos, nuevo, diseñado por el famoso arquitecto Alfredo Giles, cuya fachada daba hacia la calle del Dr. Mier. Era en el 3º ó 4º piso de este último, en donde se situaba el laboratorio de la Droguería, sobre la sucursal del establecimiento de “El Puerto de Liberpool”, que ocupaba las dos primeras plantas. Este almacén cuya matriz se encontraba en Torreón, comercializaba con ropa. En los periódicos se le llama “Cajón de Ropa”. Quizá el hecho de encontrarse el laboratorio y el almacén de ropa en un mismo edificio hayan provocado, además de la propagación acelerada del incendio, las discrepancias entre los reporteros de la época. Algunos informaban que el incendio se originó en la droguería y otros, que había dado inicio en el Cajón de Ropa.


Calle de Padre Mier Hacia el Poniente desde el Callejón de Paras. A la derecha, en la esquina la ferretería Sanford y contigua a ella hacia su derecha, el edificio propiedad de los Sres. Bremer en el que se encontraba el laboratorio químico y el Cajón de Ropa El Puerto de Liverpool.

Después de aquella primera explosión, las llamas avanzaron agilizándose. El fuego tenía prisa. Y el miedo comenzó a abrirse paso en el corazón de los presentes. A la vez que convocó a la población curiosa. Y el pueblo regiomontano se dio cita ante aquella desdicha.

Los materiales altamente inflamables utilizados en el laboratorio para la elaboración de los medicamentos, debieron servir de rápido combustible y eficaz alimento para las llamas que se transmitieron velozmente a los pisos inferiores del edificio en donde los tejidos, telas y ropas fueron también material propicio para incrementar el fuego.

Durante las noches del agosto regiomontano no suele soplar el viento. Es más, parece que no hay ni aire y uno piensa que se va a ahogar. Pero en aquel momento, a pesar de todo, aquello fue una bendición. Sólo una brisa ligera soplaba del Norte. Las llamas continuaron expandiéndose rápidamente hacia la Botica del León y hacia la Ferretería Sanford. Ésta era un edificio de dos plantas. Y al igual que el de la Botica del León, su segunda planta debió haber sido vivienda de sus propietarios o de empleados de confianza. El señor John Bertrams Sanford, vicecónsul de Gran Bretaña en Monterrey desde 1907, tampoco se encontraba allí al momento del incendio. Estaba de viaje por la ciudad inglesa de Birminghan, a donde se le comunicó de la desgracia por vía telegráfica.

Ya los empleados y encargados de todos los negocios de la cuadra habían comenzado a sacar las mercancías para ponerlas a salvo y ayudaban, en cuanto les era posible a contener el fuego. Especialmente en aquella ferretería, que comercializaba con productos mineros y manejaba grandes cantidades de pólvora y dinamita.

“Repentinamente comenzaron a escucharse detonaciones sucesivas – escribe el corresponsal del Diario de México - que en los primeros momentos sembraron el más espantoso pánico, pues se supuso que sería la dinamita que se sabía había almacenada en la ferretería Sanford, la que estaba y se presumía con razón, que cuando menos una gran parte de la ciudad estaba en inminente peligro de volar; pero afortunadamente el terrible explosivo había sido sacado a tiempo. El temor del pueblo fue momentáneo, pues en efecto se repusieron del primer espanto y con verdadero heroísmo volvieron a la faena de apagar el fuego. Las detonaciones que habían escuchado, provenían de los tambores de amoniaco que reventaban al contacto del fuego y de un depósito de gasolina”.

Por su parte muchos de los frascos con sustancias medicinales de la estantería de la Botica explotaban al contacto con el fuego. Aquella cantidad de “pequeños” estallidos tipo petardo parecía el simulacro  de una batalla de guerra.

Y si como al rededor de las 10:00 pm había comenzó el fuego,  a las once ya las llamas se expandían por casi toda la manzana. Las continuas explosiones causadas por los materiales inflamables y la gasolina provocaron la voracidad del fuego que llegó a elevarse por “cientos de metros”. Era imposible aplacarlo.

Toda la ciudadanía estaba en vilo. Temblaba cada vez que irrumpía una explosión. Aquella noche debió ser toda caótica. Se mandó llamar a los bomberos de la cervecería Cuauhtémoc y los de las Fundiciones de Fierro y Acero, quienes acudieron “todo lo violentamente que les fue posible, instalando convenientemente los aparatos y mangueras”.
Y mientras la mayoría de los civiles procuraban ayudar, el populacho aprovechaba la coyuntura para apoderarse de cualquier objeto dejado atrás.

El Ingeniero Don Genaro Dávila dirigió las maniobras de los bomberos, quienes estaban estrenando los materiales que se habían comprado después del incendio del Teatro Juárez. El alcalde de la ciudad Don Pedro Martínez, ordenó los trabajos de salvamento. “El Jefe del día, Coronel D. Tomás Castro se presentó acompañado de su ayudante el Capitán Miguel Ruiz Durán, al Jefe de la zona, General Don Gerónimo Treviño, quien le ordenó que llevara todas las fuerzas federales a fin de cuidar las mercancías, los libros, los muebles y objetos que se había logrado poner a salvo del contacto directo del fuego y que encontraban tirados en el arroyo. Todas las bocacalles de la mencionada manzana quedaron cerradas por los soldados, a fin de evitar que la plebe se llevara los objetos que estaba allí abandonados”.

La ciudad estaba dominada por el caos, de tal manera que nadie debió haber sabido cuando acababa un día y empezaba el otro.

Monterrey despedía aquel día entre sustos y explosiones. “una de las cuales – reportó el corresponsal del diario El Imparcial de la Ciudad de México – lanzó  a gran altura, en el aire, una pieza de maquinaria, que al caer rompió el techo y los pisos del edificio hasta llegar al fondo. Estas explosiones hicieron elevarse las llamas a quinientos pies de altura. Durante este tiempo, las llamas salieron por todas las ventanas del lado de la calle del Dr. Mier, amenazando a los edificios situados en frente, siendo el principal de ellos el ocupado por la compañía de Cilindros de Parras. La atención fue dedicada, principalmente, a salvar la propiedad situada frente al edificio incendiado. Corrientes de agua fueron echadas en los edificios y debido al aire la parte Norte de la calle se salvó.”

Otra explosión increíble, o quizá otra versión de la misma,  es narrada por el corresponsal de El Diario de México: “Cuando el fuego invadió la droguería, estalló un tambor de ácido carbónico y la envoltura, volando con terrible fuerza, saltó desde el segundo piso hasta unos cincuenta metros de altura, volando por encima de las azoteas y yendo a caer en el edificio del Banco Mercantil, situado en la esquina de Zaragoza y Morelos, donde agujeró dos pisos, cayendo al tercero, donde se hundió, no sin antes lesionar al velador Mariano Galván. EL porrón pesaba cuarenta y cinco kilos”.


Y así terminaba aquel día fatídico entre estallidos y confusión.

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