lunes, 9 de abril de 2012

La Versión Colonial del Chupacabras, siglo XVIII


¿Será que el ser humano es propenso a creer en cualquier cosa con tal de que ésta sea increíble?

¿O será que de cuando en cuando el “niño”, que dicen todos llevamos dentro, echa a volar la imaginación?

Yo personalmente “creo” que  existe vida en otras partes del universo y ésta debe ser tan diversa a la que conocemos en este planeta azul, que sólo podemos imaginarla desde nuestros parámetros cognitivos. Hay incluso pensadores y filósofos que se inclinan a especular la teoría de un MULTIVERSO compuesto de infinitos UNIVERSOS. Teoría imposible de probar. Como quiera que sea, cada cierto tiempo surgen acontecimientos inexplicables que llaman nuestra atención como es el caso de la aparición de nuestro chupacabras mexicano o boricua, chileno o americano.  Y queremos explicar su “existencia”  diciendo que es el resultado de un experimento genético o que es un extraterrestre o simplemente decimos que sólo existe en la imaginación de los más simples.
  
En la Vieja y Nueva España del siglo XVIII también tuvieron su versión del chupacabras, aunque no creo que nadie haya pensado que fuese un extraterrestre, más me parece que se inclinaban a pensar en que el “Maligno” metió su mano o mandó alguna de las criaturas que lo acompañan en el infierno para divertirse un poco destrozando humanos.

En las Gazetas de México,: Compendio de noticias de Nueva España desde principios del año de 1784…[1] aparece en dos ocasiones la noticia de la aparición, en Jerusalén, de un “Formidable y Horroroso Animal Silvestre”. Una de las noticias relata el hecho que más adelante transcribo íntegro; la otra, parece ser la respuesta a críticas hechas a los editores de la Gaceta porque la noticia ya había aparecido en otra publicación más de 60 años antes.

A mí me gustó la nota de la Gaceta y, además de hacerme recordar que hace unos 20 años el chupacabras estaba de moda, me pareció interesante de compartir  y aquí la transcribo. Espero les guste.



Relación y verdadero retrato de un formidable y horroroso Animal silvestre, que fué visto y muerto en los montes ó sierras de Jerusalén, copiada Fielmente de una que se imprimió en Palermo y se reimprimió en Génova, Turín, y Puerto de Santa María, año de 1788.


En el término de Jerusalén, catorce millas de esta antiquísima y famosa Ciudad, por la parte del Monte Doresta, se había advertido muchos días anteriores un notable estrago de variedades de hombres despedazados, bueyes, ganados menores, de carneros, puercos, caballos &c. de los que pastaban en aquellos contornos medio conocidos, sin poderse averiguar qual fuese la causa, hasta que pasando un Caminante por aquel sitio, á poca distancia de la montaña, reparó y vió, que otro que iba más adelantado que él, fue acometido por un Animal monstruoso, el qual con sus garras lo destrozó en un instante; y lleno de un temor igual a tan gran peligro, se separó del camino, huyendo para la primer población, donde habiendo contado el suceso, llenó de pavor y espanto a todos los vecinos, conociendo entonces el ignorado motivo de tantos estragos y discurriendo medios como librarse de semejante fiera, avisaron á los circunvecinos Pueblos, para que como interesados en el logro de extinguir y ver el enemigo que tamos daños causaba cónsultasen el modo de ponerlo en execución. Concurrieorn todos a hacer una montería a fin de darle caza o quitarle la vida, convinieron todos en seguir con su intento: se juntó un gran número de gente proveídos de todas clases de armas llevando por guía al que les había dado la noticia y estando próximo al sitio donde el mismo había visto desaparecer al Pasagero, de cuyo cadáver aún ayaron los despojos, se fueron aposentando en la circunferencia de la montaña, donde a pocas horas vieron repentinamente aparecer el monstruoso Animal que buscaban. Este horrendo monstruo era de la magnitud de un caballo; pero su espantosa cabeza a especie de la de un León: en ella tiene dos astas a modo de las de un Buey: la punta de la nariz como un gran poco de Aguila: los dientes de un gran león: colmillos de Javalí: de a palmo y medio de largo: las orejas muy caídas: quatro tetas como Baca: el pecho poblado de pelo: los pies con garras muy largas: la cola de un Basilisco sobre seis palmos de largo, y la punta como flecha: del espinazo le salen seis espolones de Gallo; pero muchos mayores, y todo el cuerpo cubierto de conchas, tan juntas y tan unidas, que las balas no le hacían el menor daño. A vista de tan formidable monstruo desanimaronse los que les perseguían, y mucho más viendo que del primer ímpetu los hacía pedazos, Desistieron de su empresa, y dieron cuenta al Baxá, quien mando a dicha expedición un Regimiento de Caballería y otro de infantería, que se situaron en el parage que se acostumbraba a ver dicha Fiera, la que en efecto apareció la tarde del día 15 de Noviembre del año pasado de 1787, e inmediatamente que vio los caballos acometió con tal ferocidad a ellos, que se espantaron dichos animales de manera, que sin obedecer al freno ni a la espuela, echaron por tierra a la mayor parte de los Soldados, de los quales muchos acabaron en las garras de este monstruoso Animal, y los que lograron escapar y acogerse en un inmediato Bosque, desde él eran testigos del estrago que padecían sus compañeros. La Infantería, formada en la figura que en las evoluciones militares llaman puerco espín , procuraron marchando con singular unión, aguantar el ímpetu de este monstruo, que la vista del movimiento tan igual de la Tropa, lo timidó, y le hizo retirarse poco a poco al Bosque, con lo que animados los Soldados, dieron en perseguirlo hasta lograr ponerlo en una precipitada fuga, dando unes horribles ahullidos que atemorizaban. Los que al principio del ataque se habían retirado al bosque, se hallaron en nuevo peligro luego que sé entró en él el Monstruo, que añadiendo á su braveza natural el furor que le causó la persecución, todo lo que encontraba lo hacía pedazos; y viendo uno de los Soldados que estaban allí acogidos, que la Fiera se encaminaba hacia él, echó pies atrás, y el libertar la vida le animó a aguardarle, y enristrar la lanza tan oportunamente, que se la metió por la garganta, y cayó mortal en tierra. No puede explicarse el gozo general que este triunfo ocasionó a todos los sitiadores, que recobrando valor acudieron á emplear sus armas en la moribunda bestia, no logrando herirla á su satisfacción, porque con el violento movimiento de las ansias de la muerte, y sacudidas de la cola, derribó á muchos, que algunos murieron, y otros quedaron muy mal heridos. El júbilo que causó la muerte de este Monstruo fué general por todos aquellos Pueblos circunvecinos, que estaban en el mayor conflicto, pues en un mes, además de los ganados de todas especies, se echaron menos quarenta y nueve personas conocidas: concurrieron á la montaña infinitas gentes para ver la Fiera muerta, la que fué conducida en un Carro á Jerusalén, donde se han sacado retratos para todas las partes del Mundo. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Tonantzin de Guadalupe


Tonantzin de Guadalupe

El hecho guadalupano es un acontecimiento sorprendente en sí mismo, polémico desde su origen. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia General de las Cosas de la Nueva España hacia 1576, al hablar de la principales idolatrías antiguas asociadas a “aguas y montes”, menciona algunas prácticas que, según él, conviene “requerirlas para ver lo que allí se ofrece”.  

Uno de estos montes, donde se practicaba  la  “idolatría” a  Tonantzin, se hallaba en la misma ciudad de  México y Fr. Bernardino dice: 
“…aquí en México, donde está un montecillo que se llama Tepeacac, y los españoles llaman Tepeaquilla, y ahora se llama Ntra. Sra. de Guadalupe. En este lugar tenían un templo dedicado á la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, quiere decir nuestra madre: allí hacian muchos sacrificios á honra de ésta diosa, y venian á ellos de muy lejas tierras, hasta de mas de veinte leguas de todas éstas comarcas de México, y traían muchas ofrendas: venian hombres, mugeres, mozos y mozas á éstas fiestas: era grande el concurso de gente en estos dias, y todos decían; "vamos á la fiesta de Tonantzin": agora que está allí edificada la iglesia de Ntra. Sra. de Guadalupe, también la llaman Tonantzin, tomada ocasion de los predicádores, que á Ntra Sra. la Madre de Dios la llamaban Tonantzin. De donde haya nacido esta fundación de ésta Tonantzin, no se sabe de cierto; pero lo que sabemos verdaderamente és, que el vocablo significa de su primera imposición, á aquella Tonantzin antigua, y es cosa que se debia remediar, porque el propio nombre de la Madre de Dios señora nuestra, no es Tonantzin, sino Dios, y nantzin. Parece ésta invención satánica para paliar la idolatría bajo la equivocación de éste nombre Tonantzin, y vienen ahora á visitar á esta Tonantzin de muy lejos, tanto como de antes; la cual devocion también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Ntra. Sra., y no van á ellas; y vienen de lejas tierras á ésta Tonantzin, como antiguamente".
En esta cita bien conocida se refleja la mentalidad del conquistador que veía idolatría satánica en todas las prácticas religiosas de los mexicanos. Una religión con sacrificios humanos y ritos extremos como comer la carne del sacrificado y aún vestir su piel por días, no podría estar inspirada sino por el demonio, según ellos,  y todo lo que recordara las antiguas prácticas debía ser erradicado.  

Ni apología hispánica ni elogio azteca, pero  ¿no fue acaso la conquista una carnicería satánica? A veces hasta siento pena por el pobre diablo, a quien queremos culpar de todos nuestros excesos sociales. 

Y con el tiempo aprendemos a pactar: Guadalupe y Tonanzin son la misma persona y si no ¿para qué han estado siempre esparcidas por el mundo las semillas del Verbo?  
Virgen de Guadalupe
Oleo sobre Tela por Jorge H. Elías

lunes, 28 de noviembre de 2011

Personajes Olvidados de la historia de México V La mujer indígena

La mujer indígena

No se puede decir que se trata de un personaje olvidado, más bien es un personaje nada reconocido aunque esté presente siempre. La mujer que por ser mujer e indígena es doblemente segregada, hecha a un lado. La encontramos pidiendo limosna, vendiendo cualquier cosa en las calles de las ciudades de México con el niño a la espalda. No habla, y si habla no la entendemos, porque no hablamos su idioma.

Marchade de Tortillas 1862
BIBESCO, Georges Au Mexique 1862 Combats et retraite des six mille  Paris 1887
La mujer indígena es la madre india de nuestra patria, nos dio su tierra, su cultura y su alimento: la tortilla que está en todas las familias mexicanas.

Según el censo del año 2010 en México 6.6 millones de habitantes hablan una de las 89 lenguas indígenas. Un poco más de la mitad de esos habitantes son mujeres. Según la INEGI “en Nuevo León viven 40,137 personas de 3 años y más que hablan alguna lengua indígena, este número significa 1% del total de la población.” La mayoría de estas personas habla también español excepto unas 104 personas. Los dos idiomas indígenas más hablados en el estado son Náhuatl y Huasteco. Y aunque en el mismo censo se especifica que son lenguas inmigrantes, la presencia de estos dos idiomas ha prevalecido en la región por largo tiempo. Algunos de los primeros habitantes seminómadas de Nuevo León debieron hablar idiomas ya extintos, entre ellos la lengua quinigua, otros quizá hablaron algún dialecto emparentado con la lengua huasteca, y los tlaxcaltecas, que fueron trasladados a varios pueblos de indios del Nuevo Reino de León en los siglos XVII Y XVIII, tenían por lengua el náhuatl. 


Otros idiomas registrados en el Estado por el censo, aunque con menos porcentaje de hablantes, son: otomí, zapoteca, mixteca, mazahua, totonaca, mazateco, mixe y maya.

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lunes, 21 de noviembre de 2011

Personajes olvidados de la historia de México IV El Lépero

El Lépero

Otro personaje olvidado de la historia de México es el Lépero. No puede haber un personaje más anónimo ni más público que éste en la historia patria. Creo que ni él mismo hubiera podido dar razón de su nombre si alguien se hubiera atrevido a preguntárselo. Sin embargo era conocido por todos en la ciudad quizá con algún sobrenombre, como sucede hasta hoy. Porque el lépero es ese ser urbano, de rasgos raciales indefinidos y pasado misterioso, como todos los vagabundos. Unos lo dibujan mestizo, otros, puramente indio, remanente de los apaches comanches.  Se dice que  es “la unión de lo peor de la raza española con lo peor de la raza azteca” e incluso hay quien dice que cuando Cortés llegó a México se sorprendió de la multitud de mendigos  de la capital azteca. Como quiera que sea todos coinciden en calificar al lépero  como la hez de la sociedad.

(Lepero) Vagabond
Litografia de Claudio Linati 1828
Costumes Civils Militaires et Réligieux de Mexique dessinés d’après Nature,
De las descripciones de este personaje que he visto por la web, la de un americano del ejército de intervención fue la que me pareció más original y aquí les dejo la traducción:

“Jueves abril 20 1848… Nadie puede dar razón de la ocupación del pobre lépero. Solo Dios sabe cómo vive o de qué vive. El siempre tiene tan poca necesidad de vestimenta como la que tenían Adán y Eva en el Jardín del Edén. Su piel bebe todo el sol por cada poro, y si un edicto requiriese a los léperos usar pantalones, se extinguiría su raza. Un lépero en un completo par de pantalones bombachos dejaría de ser un lépero, porque una cosa desplaza a la otra. EL lépero es enfáticamente un hijo de la naturaleza, el sol reluciente, la sonora briza, el rostro sonriente de la naturaleza son su prerrogativa y su propiedad. Otros hombres tienen caballos, haciendas y tierras. El lépero tiene al mundo. No tiene amo, ni leyes. Come cuando tiene hambre, bebe cuando está sediento y duerme donde y cuando le llega el sueño. Otros hombres descansan de sus trabajos. El lépero trabaja cuando se cansa de descansar. Su trabajo, como quiera, nunca dura más de una hora, con frecuencia solo unos 10 ó 15 minutos, lo justo para proveer los pequeños y escasos requerimientos del día. Carga un bulto como equipaje, y en él lleva todo lo que le cae en la mano, incluso billeteras robadas y extiende la mano por caridad. La principal ocupación visible del lépero es su propia diversión. Y en la ciudad de México, en tiempos de paz nunca falta la diversión barata. Hay revistas militares, procesiones religiosas y música, que le encanta oír al lépero; bailes, corridas de toros, carreras de caballos e iglesias, a las que el lépero es muy afecto y un asiduo visitante, porque al lépero le encanta oír un buen sermón. El lépero no tiene opiniones políticas; puedes decir cuanto te plazca en su presencia sobre su país y sus leyes. No le importa si insultas al General Santa Anna, al General Bustamante, Herrera o a Paredes. Mientras no digas nada ofensivo contra la Virgen de Guadalupe estás a salvo; pero en el momento en que tocas ese tema, va en busca de su cuchillo. Durante las horas del día es tan inofensivo como cualquier creatura viviente que camina bajo el sol de Dios. No atacará a nadie a la luz del día y hasta le teme a los borrachos, especialmente a los soldados borrachos, pero de noche el lépero no teme a nadie y particularmente a los soldados borrachos; éstos son a los primeros que atacará, clavando su daga en la espalda del hombre  se lanzará hacia su bolsillo  y si no encuentra gran cosa en él, lo deja tirado y herido, pero si encuentra algo de valor, o una gran cantidad de dinero encima, lo mata y lo pone fuera del camino”.[1]
Mexicaine en haillons  (mexicano en arapos) (1861-1880)
 Fotografía del Album of Mexican and French cartes-de-visite de Desmaisons,
Getty Digital Collection

Las ciudades crecieron y el desarrollo se implantó en ellas, los léperos siguieron allí pero no perdieron su empleo porque nunca lo tuvieron. 




[1] OSWANDEL, J. Jacob Notes of the Mexican War 1846-48 Philadelphia 1885 p. 533 ss. 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Revista NODO


NODO

La sección de la Revista Digital NODO, Materia Prima, es un espacio dónde se publican todos los días trabajos de distintas disciplinas como fotografía, diseño, arte, ilustración, video, accesorios, grupos musicales, etc. 

Hoy publicaron algunos de mis trabajos. 
Se puede Acceder a la Revista aqui:




Agradezco a Benjamín Martínez, director creativo de la revista, por invitarme a participar.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Personajes Olvidados de la Historia de México III Don Serapio, El Sereno

Don Serapio, El Sereno



Otro personaje olvidado, quizá no tanto como Trinidad el Aguador, es Don Serapio, el Sereno. Bueno, quizá no se llamara exactamente así, pero por ahí más o menos. De oficio “Sereno”,  o sea  “oficial” encargado del orden de las ciudades en México durante la noche. Por allí leí que los serenos comenzaron siendo una especie de voluntarios que cuidaban las calles, pero sin sueldo. Sólo recibían los donativos de los parroquianos a quienes hacía algún servicio. Esos servicios de muchos tipos: acudir a rescatar jovencitas acosadas, mujeres a punto de dar a luz, intentos o sospechas de robo, desórdenes, acciones para apaciguar a borrachos escandalosos, etc. Con el tiempo se les adjudicó un salario por parte de las alcaldías.


"Sereno
Wachman a Mexico"
Litografía de Claudio Linati 1828 [1]
El nombre SERENO les viene, como es sabido, porque al cumplir la más característica de sus obligaciones que era proclamar cada hora de la noche y el estado del tiempo decían, por ejemplo, "las 10 y sereno", o "las 10 Tiempo Sereno". Linati[1] en 1828, dice que los serenos "para conservar en su ministerio ese  tinte religioso que da color a sus pequeñas cosas" agregaban en lúgubre tono la jaculatoria "Alabado sea Dios y Nuestra Señora de Guadalupe" antes de cada grito.

Aunque la figura de este personaje sigue en la memoria de muchos mexicanos quienes jamás lo vimos en persona y solo lo conocemos de oídas, en algunas versiones de las mañanitas” cuando le pedimos “apagar su linternita para que bese a mi amor … ahora sí señor sereno le agradezco su favor, encienda su linternita que ya ha pasado mi amor”. Otras veces en alguna leyenda o cuento, pero el sereno como tal, es una reliquia del pasado, un mexicano que ya no existe y que desapareció hace mucho tiempo y ojalá que no sea para siempre, porque nuestros policías de hoy no tienen nada que ver con Don Serapio: la honradez y altruismo personificados.  Linati escribe que el sereno debía “dar la alarma en caso de incendio, acompañar a los extranjeros extraviados o a aquellos a quienes la embriaguez les ha hecho perder la razón, en fin, detener a quienes perturbaren la paz pública y llevarlos al cuerpo de guardia, hasta que se averigüe mejor su caso”. Y agrega que es una institución “digna de ser adoptada en países donde haga falta.[2]

Claro que eso era antes, cuando no había luz eléctrica. ¿A quién, en su sano juicio, se le ocurriría hoy recomendar a la policía mexicana para algo honrado?.

Todavía en 1913 otro extranjero escribe: “El sereno mexicano es generalmente un íntegro y fiable oficial y está comprometido con el extranjero. Han hecho las calles de la Ciudad de México tan seguras como las de París.  Los sentidos de la vista y el olfato pudieran ser ofendidos frecuentemente, pero el bolsillo y la vida están seguros”[3].

Bueno algo sigue más o menos igual y no tiene nada que ver con la integridad de nadie.

"Serenos or gards de nuit" (1861-1880)
Fotografía del Album of Mexican and French cartes-de-visite de Desmaisons, E.
Getty Digital Collection



En fin, a Monterrey la luz eléctrica llegó en 1882, primero al Teatro del Progreso y fue recibida con tremendo baile. Más tarde se instaló en la Plaza Zaragoza y para 1890 se establecería el alumbrado eléctrico público (626 faroles) que debió desplazar, si no del todo, parte del servicio que unos 30 serenos ofrecían con sus linternas de aceite.[4]

Vamos, y la historia se repite, el progreso dejó sin trabajo a Don Serapio.







[2] Ibidem
[3] WINTER, Nevin Otto Mexico and her people of to-day: an account of the customs, characteristics, amusements, history and advancement of the Mexicans, and the development and resources of their country, New York 1913 p 342.
[4] Cfr. VIZCAYA, Isidro Los orígenes de la industrialización en Monterrey, Monterrey 2006 p. 54 

martes, 8 de noviembre de 2011

Personajes Olvidados de la Historia de México II Trinidad el Aguador

Trinidad el Aguador

Le llamaremos Trinidad a nuestro personaje olvidado, pero pudo haberse llamado Hermenegildo, Pánfilo o Casimiro, lo de menos es el nombre porque será imposible darle uno adecuado y mucho menos un apellido.  Era conocido por todos en la ciudad o en el pueblo y no sólo por su oficio de aguador, sino también por servir de mensajero entre los jóvenes enamorados de las buenas familias mexicanas de los siglos XVIII y XIX.

Trinidad era indio, como todos los aguadores de la ciudad, debía serlo para poder soportar el peso y la abnegación del oficio. Era el personaje más peculiar de todos los que recorrían las calles de la ciudad, por la agilidad para manejar los cántaros de agua y por su peculiar vestuario.

Aguador, Lit. de Claudio Linati 1828
Los extranjeros sencillamente quedaban admirados por la pinta del Aguador. Cuando el Conde Claudio Linati decidió hacer una lámina litográfica de nuestro personaje hacia 1828, junto con el dibujo dio esta explicación: “El aguador de México es uno de los personajes que más impresionan a los ojos del extranjero: apenas se concibe cómo, para llevar 50 libras de agua, no se haya encontrado otro medio que meterla en un cántaro de barro casi tan pesado como su contenido, cuya forma esferoide concentra su peso en un solo punto… una pequeña reserva suplementaria contenida en un cántaro unido por dos correas cruzadas sobre la cabeza y sujetas por la frente sirve de contrapeso a la primera carga….  inmovilizado o restringido por esta doble correa camina recto hacia adelante sin permitirse el menor movimiento de cabeza…”.[1]

Una descripción más reciente (de 1885) también de otro extranjero, Jules Leclercq refiere a nuestro personaje como algo originalmente mexicano. Dice así: “es un personaje que no he visto en otro sitio, ya que en cada ciudad mexicana los hay diferentes…. Lleva unos pantalones de tela blancos y unas chaparreras de terciopelo o piel que no bajan más allá de la rodilla. Encima de la camisa se pone una chaqueta de cuero provista por detrás de un cojín destinado a sostener el chochocol, un cántaro de barro rojo que contiene la mercancía del aguador. Se cubre con una gorra de cuero y, con la ayuda de una correa que le pasa por la frente sostiene el voluminoso cántaro que le cuelga sobre la espalda, mientras que otra correa adaptada a la nuca sostiene el cántaro más pequeño que cuelga sobre el estómago: así los dos cántaros se equilibran. Imagino que el aguador llevaba su mercancía de la misma manera en tiempos de Moctezuma: es uno de esos personajes que persisten a través de los siglos y evocan una antigua civilización.”[2].

Yo no sé decir si en la sociedad de Moctezuma había aguadores o no, aunque un autor mexicano los remonta a la época de piedra “El aguador de México (dice), único en su especie, se pierde en la noche de los tiempos; aunque si hemos de precisar su aparición, para no llamarle prehistórico, debemos traer su origen a la época de piedra.”[3] Creo que esa es una afirmación simplista, en el caso de ese autor para alcanzar sus fines, que eran los de retirar a los aguadores de la ciudad de México y sustituir el suministro de agua mediante “cántaros” por un abastecimiento más práctico e higiénico mediante tubería urbana. De cualquier manera, el aguador debió ser único en sus métodos y atuendo. Por supuesto que aguadores había en Europa y eran famosos, basta recordar la pintura de El Aguador de Velázquez, pero el aguador mexicano había hecho suyo el personaje con su vestimenta de cuero única y su exclusiva gorra. Dice Linati en 1828: “El aguador es la única alma en México que usa gorra”. 


Para los ojos mexicanos el aguador no era ese personaje sorprendentemente extraño, estaban acostumbrados a verlo a diario, era Trinidad, o Pepe, un hombre en el que se podía confiar, sencillo y trabajador. “comedido, entregado al trabajo, casi siempre buen padre y no tan peor esposo, pasa la  mitad de su vida con el chochocol a la espalda, como un emblema de las penalidades de la vida y la otra mitad semi-beodo, pero sin zozobras y sin accidentes. Hace de su miseria un escudo á sus necesidades, y como estas son tan pocas lo son también sus exigencias. Si accidentalmente crecen sus gastos como cuando espera que su mujer lo obsequie con un nuevo hijo el aguador halla medios de subvenir á todos. Para ello toma á su cargo otras comisiones, como la de asear la calle en ciertos días, algunos mensajes más ó menos delicados, y otros agregados á su profesión. Se levanta con la aurora…[4] Son famosas sus contribuciones como el llevaitrae de cartas amorosas entre los jóvenes y señoritas de las familias mexicanas. De esta manera se hacían de un ingreso extra a su exiguo salario. Por cierto usaban un sistema muy extraño de "cómputo" para cobrar sus servicios. Por cada viaje que hacían a sus clientes y podían ser varios al día, el aguador dejaba un "tanto" o "colorín" (la semilla de la flor del boj) a la criada de la casa como comprobante de recibo. Pero este sistema desafía el sentido común o es la prueba máxima de la confianza, porque es el deudor quien tenía los comprobantes de la deuda y si quisiera hubiera podido desapareceros y pagar menos o simplemente no pagar. Pero eso a Trinidad parecía no quitarle el sueño.


Generalmente la ciudad exigía a los aguadores mantener limpias las plazas y lugares donde se encontraban las fuentes de agua, otra de sus contribuciones era la de acudir a sofocar los incendios. Celebraban especialmente el día de la Santa Cruz (3 de Mayo) fecha en que adornaban las fuentes con flores y monumentos y, por supuesto, celebraban también el Sábado de Gloria, día en que acostumbraban los aguadores a darse correazos unos a otros. 

El modo de trasportar el agua, no fue igual en todas partes. En el libro los mexicanos pintados a sí mismos, se dice que "hay ciertos provincialismos muy notables. En otros lugares de la república (el aguador) tercia en sus hombros un timón encorvado con dos canaladuras en sus extremos, adonde cuelga con dos cuerdas dos cántaros de igual tamaño para poder caminar equilibrado con el peso". Eso me hace recordar a algún vendedor que todavía en los 1970's recorría las calles de Monterrey, pero no recuerdo si vendía tamales o qué otra cosa.

Es de suponer que no en todos los pueblos y ciudades de México el transporte del agua se limitó exclusivamente a la fuerza humana sola. En muchos lugares debió hacerse uso de carretas y bestias para ese fin.  

Aguador a principios del Siglo XX
En 1890 había sólo en la ciudad de México alrededor de 1,500 aguadores. Todavía en la primera década del siglo XX los aguadores seguían prestando sus servicios en algunas ciudades y pueblos de México. En 1900 ya no había aguadores en Monterrey y en el censo general sólo se registran 14 en todo el estado de Nuevo León (4 en Cadereyta Jiménez, 2 en General Terán, 1 en García, 2 en Santa Catarina, 3 en Mina, y uno en Bravo)[5]. Y curiosamente en Santiago había una aguadora.

Con el tiempo se estableció el Servicio de Agua y Drenaje de Monterrey.... y Trinidad se quedó sin trabajo, entonces empezamos a olvidarlo, y colorín colorado...




















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[1] LINATI, Claudio Costumes Civils Militaires et Réligieux de Mexique dessinés d’après Nature, Bruxeles 1828  
[2] LECLERC, Jules Voyage au Mexique de New York a Vera Cruz en suivant les routes de Terre Pasis 1885 p. 145
[3] CUELLAR, Jose de en La Linterna Mágica 1890 México Tomo 9 p. 71.
[4] AAVV Los Mexicanos Pintados por sí mismos Edición de M. Murgía Lit Portal del Águila de Oro México 1854
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