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viernes, 25 de enero de 2013

Un Poco Más...

martes, 8 de enero de 2013

Los Rurales de México 6/7


IV.             En la Revolución Mexicana

Los rurales formaban la primera reserva del ejército. En caso de guerra se echaría mano de ellos y, de hecho, se les mandaba a apaciguar cualquier revuelta o agitación social. El reglamento lo estipulaba: cuando sirvan en el ejército, servirán en la “persecución de guerrillas poco numerosas”. Las fuerzas revolucionarias comenzarían siendo eso: pequeñas guerrillas armadas. Al estallar la revolución en 1910, los rurales pelearon al lado del ejército federal en la supresión de las guerrillas surgidas primero en Chihuahua, Durango, San Luis Potosí y Veracruz y luego, poco a poco, en toda la república. Llegó la hora en que el Dictador debió torcer el brazo y salir del país hacia el exilio, para ceder el puesto a un exiliado: Don Francisco I. Madero. Parece que la historia se empeña en repetirse una y otra vez en todos los rincones del planeta. Y el texto bíblico comprueba una vez más ser verídico: “hay un tiempo para reír  y otro para llorar” en un ancestral y nietzscheano eterno retorno.

Un Guardia Rural por Robert Runyon 1910-1920 

La Revolución no es, sin embargo, solo un acontecimiento del pasado, sino el lugar donde converge nuestra identidad presente, un hecho violento en el que participaron nuestros abuelos. El mío, por ejemplo, cuando se casó con mi abuela, en 1919, debió pedir una dispensa por haberse encontrado “durante ocho años al servicio de las armas sin residencia fija” en diferentes partes del país. Quiere decir, para alimentar mi orgullo, que casi desde el comienzo de la Revolución, desde 1911, mi abuelo se encontraría peleando una Revolución gestora de un México más justo (al menos esos eran los ideales). La Revolución profundizó la marca de la mexicanidad cuyos paradigmas fueron la Adelita y el Charro mexicano plasmados en las fotografías de la época que ayudaron a la difusión del “prototipo del mexicano” también en el extranjero.
   

Rurales con Bandera por John C. Hemment 
(fragmento)
Por su parte ese prototipo personificado en la policía rural, que había ganado prestigio y estima popular por su habilidad ecuestre y su conocimiento del terreno, reflejaba quizá el ideal de libertad hecho hombre y caballo al mismo tiempo. ¿Sería esto lo que llevaría a Madero a integrarlos y multiplicarlos en su ejército? Lo que sí es un hecho, es que lo condujeron a su propio fracaso y a la disolución de los Rurales como institución federal. Vanderwood afirma: “Cuando Francisco Madero asumió la presidencia de la Republica no licenció a los Rurales de Díaz, sino que los conservó como fundamento de una fuerza policíaca rural más amplia. El resultado fue una organización casi cuatro veces mayor que el grupo de Díaz – y un grupo así de debilitado por la participación de individuos sin principios, dominados por la ambición personal, demostró ser casi incontrolable. De hecho, los Rurales de Madero contribuyeron mucho al desorden interno que eventualmente condujo a la caída de su gobierno”[1].   Más aún, Francisco Cárdenas, miembro del 5º cuerpo de rurales fue el autor material del asesinato de Madero en febrero de 1913.

Victoriano Huerta sucesor golpista de Madero intentó inútilmente la reorganización de las fuerzas rurales. Éstas fueron desmanteladas junto con todo el ejército en julio de 1914 por  un nuevo presidente: Don Venustiano Carranza, quien, después de un tiempo, incorporó a muchos oficiales de la fuerza rural a su ejército, otros rurales se integraron a los ejércitos de Zapata y Villa.



[1] VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 48

miércoles, 2 de enero de 2013

Los Rurales de México 5/7


3.   ¡Vivan los Rurales!

A pesar de los defectos de esta institución y los casos de corrupción e impunidad en los que pudieron verse envueltos, la gente quería a los rurales. O quizá más que quererlos sentía hacia ellos una mezcla de admiración y temor. Sería famosa en aquel tiempo la frase “allí vienen los rurales” con la cual, dicen algunos autores, los delincuentes ponían “pies en polvorosa”. Emerson se pregunta ¿Causaría asombro que el solo nombre de los rurales sea suficiente para causar terror en los corazones de algunas personas de pies ágiles a lo largo del Río Grande?[1] refiriéndose muy probablemente a los ágiles pies de los grupos étnicos del norte de México.   

 Otra frase famosa según el mismo autor era: “besar y cabalgar como un rural” expresando el estilo de vida de los Rurales y dos elementos esenciales a su existencia. Él mismo afirma “De verdad, un rural en su atavío completo sobre un caballo, es una imagen que agrada a los ojos de la mayoría de las doncellas. Vestido en tono rojizo, gris ratón o negro aterciopelado de suave cuero desde el cuello hasta los tobillos, con elaboradas “grescas” de seda y botonaduras sobre la corta chaqueta bolera y el chaleco o sobre las costuras exteriores de los ajustados pantalones de cuero, con un sarape color rojo sangre al hombro y con los destellos de plata sólida sobre el sombrero, la silla y las espuelas, estos hombres delgados con sus oscuros rostros, penetrantes ojos y fieros bigotes negros, proyectan una imagen que nadie que haya estado en  México puede olvidar.”


Rurales en Gomez Palacios c. 1910
Por American Press Association, New York
The Library Of Congress Prints And Photographs Online Catalog
Eran, según dicen algunos, el deleite de los extranjeros, la alegría de las fiestas, especialmente la parada militar del 5 de Mayo y los desfiles por el zócalo frente al Palacio de Gobierno y por el Paseo de la Reforma. La gente los aplaudía y les gritaba ¡vivas! Y se brindaba por ellos. En una de aquellas fiestas, el 3 de Mayo de 1891, el poeta Juan de Dios Peza hace un brindis improvisado por los rurales de México[2]:


¡POR LOS RURALES!

IMPROVISACIÓN EN EL BANQUETE DE 3 DE MAYO DE 1891.

La voz mal, torpe el acento
De la «influenza» á la presión,
Pero sano el pensamiento
Y el espíritu contento
En esta franca reunión.

Brindo, cual siempre he brindado
Con plectro humilde y sincero,
Por el ranchero-soldado,
Que presenta uniformado,
Vivo, á Nicolás Romero.

 El cosaco mexicano
Que tiene en monte y pradera
Por cetro un lazo en la mano,
Por corona su jarano,
Trono en su silla vaquera.

Qué orgulloso se cimbrea
Cuando el caballo relincha
Si el rancho vecino otea
Y ufano caracolea
Haciendo crujir la cincha.

Por el ranchero sencillo
Cuya riqueza á mi ver
La forman un vaquerillo,
Un jorongo del Saltillo,
Un rifle y una mujer.

Que en el palacio, en la choza,
De la tierra en la extensión,
Desde Marte á Zaragoza,
No hay quien no rinda á una moza
La espada y el corazón.

Brindo al que prefiere osado
Al «vol-au-vent» el elote,
Y al «Champagne» el «colorado»
Y al mejor faisán trufado
El «mole de guajolote».

Al jazmín las amapolas,
Y en música es su ideal,
No Valkirias ni mamolas
Sino el wals «Sobre las olas»
Junto al Himno Nacional.

Por el que con frente ufana
Odia todo lo extranjero,
Y declara gente vana
Al que no echa una mangana
Ni luce en un herradero.

Por el que no halla en Europa
Semejante ni rival
En garbo, en usos y en ropa
Y que surge en nuestra tropa
Como tipo nacional.

Y por el hombre de honor
A cuyo augusto perfil
La gloria le da esplendor....
El caudillo vencedor
De Puebla en el dos de Abril.

 Por su gloria y los fulgores
De su renombre inmortal
Y por sus timbres mejores;
Es decir, los tres colores
Del pabellón nacional.


Y desde entonces la imagen del charro se quedó grabada en la memoria histórica y folklórica de nuestro país.


  Guillermo de Landa y Escandón,  Cap. Porfirio Díaz Jr,                                 Don Porfirio Díaz 
Los Rurales en una Marcha Matutina. Al Fondo El Castillo De Chapultepec.
en TWEEDIE Alec Porfirio Díaz, Seven Times Presiden Of Mexico
 Hurst And Blackett London 1906




[1] EMERSON, E. The Rurales op. cit.
[2] PEZA, Juan de Dios Las Glorias de México Música Épica Cantos ala Patria. Maucci Hermanos México Buenos Aires Habana 1904 p.  279.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Los Rurales de México 4/7

2.     Agentes de la Paz Porfiriana

 Además del desarrollo de los ferrocarriles, los Rurales fueron uno de los principales recursos utilizados por  Díaz  para establecer la llamada Paz Porfiriana. (Un período de adelanto económico, paz social – muchas veces quizá, mediante la represión – y una imagen de seguridad y prosperidad que motivó la inversión de capitales extranjeros en la República). Este recurso humano llamado policía rural, era sobre todo, un individuo particular, con nombre propio.
General Sub-Inspector 1907
Mexico Of The Twentieth Century Vol I
por MARTIN, Percy F. London 1907
¿Qué podemos decir del tipo de personas integrantes  de la policía rural?

 En primer lugar, que eran en su mayoría, campesinos y artesanos que “provenían de las filas de desempleados, de la misma gente cuyas frustraciones trataba de controlar el gobierno” [1]

Es posible que entre sus tropas hubiera algún ex-bandido o salteador como vimos antes, sin embargo, un conocedor a profundidad de este tema, Paul Vanderwood expone que “No existe ninguna evidencia de que Díaz haya reclutado deliberadamente bandidos dentro del cuerpo de Rurales, aunque ese sea el mito popular posrevolucionario. Por el contrario, la documentación indica que la organización hizo todo por deshacerse de personas desprestigiadas…” La leyenda de que las tropas estaban formadas por ex bandidos era fuerte incluso entre los mismos Rurales.  “Me informó un rural, (escribe E. Emerson en un artículo de 1911) que uno de los más famosos entre todos ellos, que como bandido aterrorizó el territorio salvaje de Tepic entre la costa del Pacífico y Guadalajara, prestó juramento como líder rural al mismo Porfirio Díaz.”[2] Y en el mismo artículo se relata la anécdota de cómo Díaz lo capturó y le dio a escoger entre la muerte o el reclutamiento. Emerson advierte “Este tipo de historias abundan y algunas son probablemente ciertas”[3].

Podemos decir también que los Rurales eran gente sencilla y que, aunque el reglamento de 1880 estipulaba, entre los requisitos para ser admitido, el saber leer y escribir, no obstante el 50% de los miembros era analfabeto[4].

Domando A Un Bronco 1911
Por Edward Borein
Eran en su mayoría expertos jinetes, y tenían gran conocimiento del terreno. La mayor parte de la literatura referente a los Rurales, sobre todo la literatura extranjera, hace referencia a sus habilidades excepcionales en el dominio del caballo, la soga y el terreno en que se desarrollaban. Emerson, quien convivió con ellos como su escolta a principios del S. XX escribe: “… fue (Porfirio Díaz) quien (los) condujo… a su nivel actual de eficacia, sobresaliendo esta caballería nativa sobre la de otros lugares, sean la de los cosacos, ulanos, húsares, la policía montada de Canadá e incluso los Rangers de Texas… Comparado a los rurales, nuestra propia caballería regular y la de la mayoría de los grupos militares europeos serían calificadas de infantería montada. Los rurales son jinetes por excelencia[5]. Otros autores de la misma época, califican a los Rurales como “el único cuerpo de soldados de su tipo en el mundo”[6]. Por lo general los autores se despliegan en elogios a las destrezas ecuestres de nuestros rurales e incluso, afirma Vanderwood,  “cuando Estados Unidos ocupó Cuba en 1898, las autoridades militares tomaron como modelo a México para la creación de la fuerza rural policíaca de Cuba”[7].

La principal función del policía rural, como quedaba estipulado desde el primer decreto de Juárez, era la vigilancia de los caminos, atrapar a los delincuentes y sospechosos para ponerlos en manos de las autoridades, sin embargo ésta no fue su única tarea. Conforme la paz porfiriana fue impregnando a la república, los Rurales iban diversificando sus funciones. Por su extraordinario conocimiento del campo, eran requeridos como guías y escoltas para expediciones científicas del gobierno, estudios geodésicos y otras empresas gubernamentales. Actuaban como escolta montada de gobernantes, jefes políticos, transportes valiosos y viajeros extranjeros cuando las condiciones del país así lo requerían. En alguna ocasión debieron transportar el correo[8] y hasta  un párroco de pueblo trató de utilizarlos ¡para recolectar el diezmo![9]

Parece que conforme iba envejeciendo el régimen de Díaz, con él se fueron acentuando la corrupción y el desorden entre los guardias rurales. Se emitieron una gran cantidad de reglamentos muy detallados con el fin de controlar las actividades de los guardias, pero se hizo poco para ponerlos en práctica, después de una inspección por parte del ministerio de Gobernación se encontró que “muchos Rurales ocupaban puestos políticos o administraban cantinas a las que los obreros se veían obligados a asistir, o servían como fuerzas policíacas personales de cafetaleros extranjeros que tenían que recurrir a la represión para mantener el control sobre sus peones. … En los cuarteles encontraron oficiales borrachos, guardias que no sabían montar y a uno de ellos que, siendo el herrero, tenía miedo a los caballos”[10].

No se debe generalizar y no todos los guardias eran corruptos y frecuentemente, los que sí lo eran, iban presos por su crimen, fuera civil o militar. Sin embargo los excesos de los Rurales eran frecuentemente denunciados por las autoridades locales (principalmente los alcaldes). De los variados incidentes que refiere Vanderwood sobre los excesos de la policía rural no está de más citar el siguiente: “En una hacienda en el estado de Veracruz literalmente (el policía rural) retorció sus sables al azotar a los peones para mantenerlos bajo control, mientras su superior, un teniente, se probaba un uniforme norteamericano y practicaba su inglés brindando con los supervisores de la hacienda… estos abusos descubiertos por algún investigador, parecen haber permanecido impunes”[11].
Rurales en Revista 1911
Por Edward Borein



[1] VANDERWOOD Paul J. Los Rurales procucto de una cecesidad social. En: Historia mexicana, v.22, no. 1 [85] El Colegio de México (jul. sep., 1972) p. 39.
[2] EMERSON, E. The Rurales op. cit.
[3] IBIDEM
[4] Cfr. VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 40
[5] EMERSON, E. The Rurales op. cit
[6] TWEEDIE Alec Porfirio Díaz, seven timespresiden of Mexico Hurst and Blackett London 1906 p 278.
[7] Cfr. VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 47.
[8] Cfr. EMERSON, E. The Rurales op. cit
[9] Cfr. VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 42.
[10] IBIDEM p. 46.
[11] VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 45

viernes, 14 de diciembre de 2012

Los Rurales de México 3/7


III.                   Policía Rural Porfiriana

1.      Reglamento

Rural 1907
 Mexico Of  The Twentieth Century
por Martin, Percy F. Vol I
London 1907
Hay personajes en la historia que la marcan definitivamente, y para la historia de México, el General Díaz, es uno de ellos. Militar, general del ejército mexicano, protagonista durante la intervención francesa, héroe de guerra, gobernador de Oaxaca, presidente interino y constitucional de la República ¿9 veces? O una sola en 9 capítulos. Genio organizador, pacificador, dictador, precursor del progreso, contra los franceses y afrancesado, despreciable villano amado y odiado. No podía ser de otra forma, sólo una revolución más grande que él podía sucederlo. En su tiempo y por su liderazgo acontecieron muchas cosas “buenas” y “malas” en México (si es que puede hablarse de maldad o bondad en la historia) es imposible negarlo. Pero la que viene al caso aquí de entre las cosas “buenas”, es el desarrollo de las vías férreas y los caminos que, después de la Guerra de Reforma, la intervención Francesa y las revoluciones continuas para perpetuarse en el poder, se encontraban en continuo asecho de los salteadores, ladrones, plagiarios y oportunistas de todo tipo.
El gobierno de Díaz en su determinación por acabar con la delincuencia en los caminos estaba decidido a fortalecer los cuerpos de policía rural.
Desde el 21 de enero de 1869 la policía rural había pasado de depender del Ministerio de Guerra al Ministerio de Gobernación y, aunque los gobiernos anteriores al de Díaz habían implementado modificaciones a la organización de los cuerpos de policía rural, no fue sino hasta el 24 de junio de 1880, cuando se decretó un nuevo reglamento que superaba con creces al decreto de Juárez de 1861. El nuevo reglamento[1] incluía 13 capítulos tocantes a la organización, desempeño y regulación de los rurales.
El reglamento prevé la existencia de un inspector en quien recae la vigilancia y la responsabilidad del buen funcionamiento de los cuerpos de policía. Especifica los salarios, la jerarquía y las funciones de cada miembro de la tropa, las tareas y los procedimientos de vigilancia en los pueblos y caminos pequeños y grandes, se detalla la vestimenta y la diferencia por galones según el rango, etc. Algunas cosas me parecen más llamativas, aunque quizá no sean las más esenciales del reglamento. Estas son:
a)     Los requisitos para ser admitido:
-         “Ser ciudadano mexicano por nacimiento ó naturalización.
-         Acreditar, con certificado de dos personas respetables, su buena conducta.
-         Saber leer y escribir.
-         Tener más de veinte años y menos de cincuenta.
-         Ser diestro para el manejo del caballo y apto para su cuidado.
-         Disfrutar de perfecta salud, tener buena constitución y despejo intelectual; y por último,
-         Presentar un fiador que responda del vestuario y equipo, mientras el guarda satisface su valor”

b)    El fin:
-         “El objeto exclusivo de la Policía Rural, es cuidar de la seguridad de los caminos, ayudar á la policía urbana en todo lo concerniente á su ramo, dar garantías á todos los ciudadanos, evitar los delitos, perseguir á los criminales, aprehenderlos y ponerlos á disposición de las autoridades civiles ó del orden judicial”.

c)     El uniforme y equipo:  
“El vestuario, armamento y equipo que usarán los Cuerpos, será el siguiente:
-         Una blusa de dril.
-         Dos camisas de calicot.
-         Dos calzoncillos de manta.
-         Una corbata de merino negro.
-         Una chaqueta de casimir gris.
-         Un chaleco y pantalón de idem.
-         Un sarape encarnado.
-         Un par de botas fuertes, bayas, color natural.
-         Un sombrero jarano, aplomado, con el número del Cuerpo en las chapetas y con forro de hule.
-         Una carabina Remington.
-         Una bandolera, de timbre, color natural, con adornos y gancho de metal blanco.
-         Una canana, de timbre, color natural, para cuarenta cartuchos.
-         Un sable de caballería ligera, igual á los del Ejército.
-         Un cinturón y dragona, de timbre, color natural, con adornos y escudo de metal blanco.
-         Una silla vaquera, de timbre, color natural, llevando en la cabeza un ruedo y chapetón de metal blanco con el número del Cuerpo.
-         Dos cabezadas, una de freno y otra de pesebre.
-         Un freno con riendas de cerda.
-         Dos mantillas, una gris y otra encarnada.
-         Unas chaparreras de vaqueta.
-         Unas espuelas, reata, morral, sudadero, cuarta y útiles para la limpia.”
Rurales 1906 
por Tweedie, Alec London 1906

d)    Procedimientos y comportamiento:
-         …. procurarán estudiar el terreno hasta conocerlo perfectamente; asimismo la conducta y costumbres de sus habitantes, y fijarán especialmente su atención en los desconocidos que se alberguen en las ventas ó mesones. En este caso, el Jefe del destacamento ó grupo, procurará informarse, con prudencia, sobre el objeto del viaje del desconocido é inquirirá todos los datos que pueda acerca de él. Si en vista de ellos le pareciere manifiestamente sospechoso, dispondrá que una pareja permanezca en la posada para no perderlo de vista y averiguar cuanto haga. Si el desconocido dejare el alojamiento, lo seguirá la pareja hasta el límite del terreno que esté encomendado al grupo, en donde dará aviso al Jefe del inmediato destacamento, á fin de que se continúe ejerciendo la mayor vigilancia sobre el sospechoso.
-         … Cuando se presente un grupo de hombres sospechosos en los caminos ó posadas, el sargento dispondrá que un número competente de guardas los vigile y siga, dando aviso al destacamento inmediato y al cabo segundo si fuere posible, para que estén dispuestos á auxiliarlo en caso necesario.
-         …  Por regla general los Jefes y guardas de la Policía Rural, procurarán, más bien, evitar los crímenes vigilando á los sospechosos aun hasta hacerse notar de ellos, que esperar á sorprenderlos en la comisión de un delito; pero si no fuere posible prevenir un crimen, procurarán con todo empeño la captura de los responsables, sean reos ó cómplices.
-         … tomarán violentamente cuantas noticias puedan adquirir sobre los autores del delito, y seguirán las huellas de estos, dando aviso, con violencia, á los destacamentos y patrullas inmediatas,
-         … Está absolutamente prohibido…tener músicas ó charangas que distraerían de su objeto, los fondos destinados al servicio. Subsistirá esta prohibición, aún cuando las personas que formen la música ó charanga, sean de los mismos guardas y no reciban más haberes, que los que les corresponden como tales guardas. Podrán tener, á lo más, un clarín por compañía, siempre que sea uno de los mismos guardas que acompañen al Cabo primero; pero por regla general, se evitará ocupar á los citados guardas en esta clase de comisiones, que son absolutamente inútiles para el servicio de policía.
-         … Les está absolutamente prohibido, entrar á las tabernas y pulquerías, con el objeto de tomar bebidas embriagantes, y concurrir á los bailes y diversiones públicas, para tomar parte activa en ellas…
-         … No usarán otro traje que no sea el uniforme designado, y estarán armados, por lo menos, con el sable, aún en las reuniones más íntimas.

e)     Cuando estén a disposición del Ejército actuarán como “tropas irregulares, que se destinarán al servicio de exploradores y persecución de guerrillas poco numerosas, exigiéndose solamente de ellos, que en las marchas guarden la formación que se les señale, y en los hechos de armas la posición que se les confíe”. 

f)      En los puntos no previstos del reglamento, los rurales se someterán a la ordenanza general del Ejército.


Rural Con Corneta Por Edward Borein 1911 
por Emerson, Edwin,  London October 1911





[1] Reglamento para el Servicio de la Policía Rural Junio 24 de 1880 Imprenta del Gobierno en Palacio México 1880

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