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lunes, 20 de marzo de 2017

Los Primeros Vecinos de Monterrey VI.... (Edificio de La Nacional Compañía de Seguros sobre la Vida, S.A. Edad: 79 años)

Edificio de La Nacional Compañía de Seguros sobre la Vida, S.A. Edad: 79 años

Edificio La Nacional
(del Membrete de una de sus oficinas 1940)
El lugar en donde hoy se encuentra el Edificio de La Nacional Cía. De Seguros Sobre La Vida, es otro de los terrenos que alguna vez fueron del Convento de San Francisco Javier de los Padres Jesuitas.

A fines de siglo XVIII toda la manzana que forman las calles Parás, Morelos, Emilio Carranza y P. Mier pertenecía a Doña María Josefa de Mier[1],  hermana del célebre Fray Servando y Viuda de Juan Rosillo Enciso y Rosicler, administrador de las alcabalas en el Nuevo Reino de León.

En 1793, el 8 de julio, Josefa de Mier, quien años más tarde se retiraría a una vida monástica al igual que dos de sus hijas y su hijo Fr. Juan Cuauhtemótzin Rosillo[2],  vendió la mitad norte de aquella manzana por 600 pesos a José María Flores. “La casa estaba compuesta de una sala, cocina y corral cuyo solar estaba cercado de sillería.”[3].

José María muere unos años después. Es sepultado en el cementerio de la ciudad el 19 de noviembre de 1799[4]. Su esposa y albacea Doña Francisca de Cárdenas, debió seguir viviendo en la casa de su morada con sus hijos menores hasta su muerte el 7 de abril de 1803[5]. En el expediente que contiene su testamento, el inventario de sus bienes, deudas y deudores[6] se enumeran como hijos de la pareja los siguientes: “Doña María Josefa, difunta, Don Juan José, casado con Doña Ana María González, Don José Roberto casado con Doña Clara María de cárdenas, Doña María de Jesús casada con Don Alberto Nunin, vecino de la Villa del Saltillo y Don José Ramón casado con Doña María Luisa Martínez. Así como los 4 menores de 14 años Don José Ciprian, Don Félix, Doña María Francisca y Don Pedro José Flores. También enlista a dos pequeños que murieron durante su infancia: Don José de Jesús y Don José Cesario. Todos son herederos de los bienes de la difunta, especialmente sus 4 hijos menores. Los bienes de Doña Francisca, según la tasación ascendía a un total de 4,761 pesos y un real. De los cuales unos 1,500 eran el valor de la propiedad con sus puertas cerraduras, etc. El inventario y testamento son muy interesantes, allí se enlista de todo: propiedades, puertas, dinero, ganados, cuadros, estampas, ropa de uso y de cama, vajillas, cubiertos de plata y utensilios de oro, deudas y deudores, etc. Los 4 niños menores debían heredar cada uno un total de 753 pesos con 3 reales y 5 granos. Por esa razón, y porque la propiedad se iría deteriorando, José Antonio de Cárdenas, hermano de la difunta y curador de los pequeños, decide, años después, poner la casa a la venta. El testamento afirma que la casa, “sita en esta Ciudad, se compone de cinco piezas, corral de tapia y noria, y es así una sala al lado de arriba de doce varas con tres puertas con su cerradura y una ventana”[7].

Callejón de Parás. c. 1940. Toda la Manzana del lado izquierdo perteneció a Doña Josefa de Mier, hermana de Fr. Servando.
Al fondo el edificio La Nacional

El 14 de abril de 1806, José Antonio Cárdenas y Ramón Flores (hijo de Doña Francisca) encargados de hacer cumplir la voluntad de la difunta, vendieron en 1,400 pesos aquella casa “sita en la calle comúnmente llamada de los Arcos con la que linda y es su frente principal al rumbo Norte, por el Oriente con callejón que dicha calle atraviesa a la Real por el Sur con solar de Doña María Josefa López Prieto y  por el poniente  con callejón también que atraviesa de una a otra Calle” al sacerdote Pedro de Hombre[8], prebendado de la catedral de Monterrey durante la época de la lucha independentista. Este sacerdote fue nombrado canónigo en 1801 y aparece años después en las listas de españoles a ser expulsados por la federación[9].

A la muerte del Padre Pedro Hombre, ocurrida a mediados de 1842, quedó como heredera de sus bienesDoña Josefa Flores, viuda de Andrés Viteri. Éste, comerciante español, aparecía, al igual que el Padre Hombre, en la lista negra de quienes debían ser expulsados. Pero, al ser casado con una mexicana, quedó exento de la expulsión, al igual que el clérigo, el 29 de abril de 1929. Viteri poseía una cuantiosa fortuna y un negocio boyante. Era uno de los comerciantes más acaudalados del estado y quizá del país[10], sus negocios se extendían por Tamaulipas, San Luis Potosí y quizá por otros estados del noreste de México. A su muerte en 1841, sus bienes eran cuantiosos, solo sus clientes le debían unos 60 mil pesos, además de lo que poseía en activos fijos y mercancías[11].
En el primer plano las dos manzanas que formaron los terrenos del Convento Jesuita
de San Francisco Javier. Al centro el edificio La Nacional estilo Art Decó.
El 27 de Octubre de 1847, José María Viteri Flores, hijo mayor del Sr. Viteri y su esposa venden “por sí y en representación de sus menores hermanos”  a José María Morell, aquella casa “sita en la calle Terán (hoy Padre Mier) de Monterrey, compuesta de 10 piezas, noria común, caballeriza, noria y demás mejoras en terreno de 38  2/3 varas de frente al norte y 42 3/4 de fondo al sur por 8,250 pesos.”[12] La propiedad había prosperado mientras perteneció al Padre Hombre (persona de confianza del Sr. Viteri, quien le custodiaba parte de su hacienda, según la tesis de Omar Moreno[13]) y a la Viuda de Viteri. Se duplicaron el número de piezas de la casa y ahora poseía una caballeriza.

José Morell fue uno de los fundadores de la Fábrica de textiles de la Fama en Santa Catarina NL, junto con Gregorio Zambrano, Manuel M. de Llano, Valentín Rivero y demás socios.  Al parecer en aquella casa “de modesta fachada y amplias piezas que enmarcaban bello jardín[14] no habitó la familia de Don José María Morell y su esposa Doña Juana Anguiano, o al menos no siempre. Estuvo al menos tres veces hipotecada: en 1860 a favor de María Antonia Arrese y Llano; en 1873, a favor de Juan González y en 1881, a favor de Bernardino García[15] y escribe el cronista José P. Saldaña que allí residió el Lic. Don Crispiniano Madrigal, “de las confianzas absolutas del General Don Bernardo Reyes, puesto que era su cuñado por doble partida, ya que se había casado con dos hermanas del General. Además de numerosos puestos políticos que ocupó, el licenciado Madrigal actuó, durante muchos años, como Notario Público[16].

Don Ramón García Chávarri c. 1864
Colección Familia Llaguno
Imagenes de Nuestra Memoria
del blog Fermin Tellez
Los hijos del la pareja Morell Anguiano de nombres Tomás Ricardo, Enrique, José, Isabel, Juana, Carmen y Josefina, al morir sus padres, vendieron la propiedad el 28 de diciembre de 1888 a Ramón García Chavarri, secretario de gobierno de Nuevo León durante muchos años, por 9,500 pesos. “La casa tenía 33 varas (27.72 metros) y tres cuartas de frente al norte y 40 varas (33.60 metros) y media de fondo al sur”. Chávarri “fue Secretario General del Estado – escribe Saldaña – a   partir de 1890 hasta 1909, en que el General Reyes abandonó el poder. Era Don Ramón un hombre de regular estatura, más bien flaco que gordo. Ningún rasgo físico sobresaliente lo distinguía. Era inteligente, honrado a carta cabal y trabajador apasionado. Sin ser abogado caminaba perfectamente en todos los asuntos que se relacionaban con su delicado puesto.”

La breve semblanza de Ramón García Chávarri[17] escrita por Agustin Basave en 1945[18] se asemeja a la biografía de un santo. Chávarri fue un neoleonés al servicio de los suyos por más de 25 años, primero como tesorero del Estado y después como Secretario General de Gobierno “Era esbelto, seco, barbado, distinguido, ceremonioso, acostumbraba enfundarse en una larga levita cruzada y tocarse con un sombrero de copa, de aquellos que iban para altos y se truncaban, por modestia, a medio camino (…) Era la cortesía personificada”. Nació en Galeana, NL en 1839. Vivió durante su infancia y estudió las primeras letras en Linares, NL. Realizó sus estudios secundarios y superiores en el Seminario Conciliar de Monterrey en donde trabó estrecha y perdurable amistad con uno de sus condiscípulos: Santiago Garza Zambrano, el mismo que llegó a ser el segundo Arzobispo de Monterrey.

Una vez establecido en Monterrey, ya como funcionario de gobierno, lloviese o tronase, nunca faltaba a su trabajo. Y encima de todo era un católico devoto que dedicaba su tiempo libre, los sábados, a impartir el catecismo a los niños del barrio en su propia casa. Es sorprendente imaginar los patios interiores de su casa llena de muchachos recitando el catecismo del Padre Ripalda. Esos patios hoy ya no existen, son la planta baja del Edificio La Nacional. En 1864, Don Ramón contrajo matrimonio con Doña Guadalupe Muguerza Crespo[19], hermana de Don José A. Muguerza, fundador del Hospital que lleva su apellido[20]. De la pareja García Mugerza nacieron 8 hijas que vivieron por largo tiempo en aquella su casa familiar de la Calle Padre Mier entre Parás y Emilio Carranza. Fue allí donde la muerte disfrazada de “neumonía gripal” recogió a Don Ramón García el 20 de abril de 1909 a las 8:15 de la noche[21]. Ésta no lo sorprendió, él la esperaba… trabajando. “Durante su última enfermedad – escribe Basave – siguió dictando oficios y acuerdos hasta… la víspera del día de su muerte. Se refiere que en esos días le llevaron a firmar un decreto que aparecería publicado el día 1º de Mayo de 1909 en el Periódico Oficial; pero lo escrupuloso de su carácter lo hizo rehusarse a firmarlo con anticipación, no fuera a ser que muriese antes y apareciese el escrito firmado por él, en fecha posterior a la de su fallecimiento. Así hubiera sucedido efectivamente, de haber estampado su firma Don Ramón. El decreto quedó pendiente de tramitarse y hubo de nombrarse rápidamente al sucesor, para que aquél quedase en regla. De esta manera, el Sr. García Chávarri murió como buen artillero, al pie del cañón”[22].

Doña Guadalupe Mugerza de García Chávarri murió años más tarde, el 18 de marzo de 1935, “a las 15 horas en la casa Número 303 de la Calle Bolivar[23]  también de pulmonía. Sus restos, al igual que los de su esposo y cuatro de sus hijas descansan en el panteón de El Carmen[24].

Toma nocturna de La Nacional c. 1940. Postal compartida por Luis Martín en FB. Monterrey Viaje al Pasado


En aquella casa familiar, por muchos años propiedad de los García Muguerza, se comenzó a construir  un par de años después de la muerte de Doña Guadalupe Muguerza, el Edificio de La Nacional Compañía de Seguros Sobre la Vida, S.A.  Éste fue inaugurado en 1938 y su construcción se llevó a cabo bajo la dirección del Ingeniero Armando Díaz Moreda

Ing. Armando Díaz Moreda c. 1950.
Fuente: Maria Eugenia Mier MyHeritage 
Díaz Moreda nació en la ciudad de México el 9 de febrero de 1907, según su partida de bautizo, de la Iglesia de San Cosme de aquella ciudad[25]. Fueron sus padres Don José María Díaz de León[26] originario de Guadalajara y Doña Carmen Moreda Falomir[27], de la ciudad de Chihuahua.  Moreda realizó sus estudios superiores en La Universidad Nacional Autónoma de México que le otorgó el título de Ingeniero Civil el 21 de junio de 1928[28]

Un par de años más tarde se encontraba trabajando en Monterrey. “Desde 1931, y a lo largo de esa década, produjo varios proyectos de canalización del río Santa Catarina; realizó el trazo de la colonia Terminal; proyectó y construyó la Plaza de Toros Monterrey (hoy Monumental Monterrey) en la Colonia Del Prado, la alberca del Círculo Mercantil Mutualista y la primera versión del Paso Autel, entre otros edificios[29]. Y a la edad de 30 años dirigió la construcción del Edificio para la Compañía de Seguros La Nacional inaugurado el 22 de Agosto de 1938

Desde entonces el inmueble ha padecido algunas transformaciones o intervenciones, pero no le han arrebatado aún su estilo original. Tal como se encuentra, es considerado un Bien Patrimonial registrado por la Agencia para la Planeación de Desarrollo Urbano de Nuevo León (APDUNL).

Edificio La Nacional 1950´s
El “Programa General de Catalogación de los Monumentos, Edificios y Sitios del Estado de Nuevo León”, aunque no informa mucho sobre su historia, afirma que “el sistema estructural del edificio se encuentra en buenas condiciones. Destaca el recubrimiento de losetas cerámicas en los muros de las fachadas y el remate ascendente del edificio, característico del art decó.”[30] Actualmente sigue operando allí la Compañía De Seguros La Nacional además de oficinas y comercios. Éstos en la planta baja (Oxxo y Torta Barva, y algún local desocupado según se observa en Google Earth).


El actual Edificio de Seguros la Nacional Forografía compartida por Pepe Gómez FB (Monterrey Antiguo)






[1] Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, Tomás, Monterrey Antiguo, Casas y Materiales de construcción I op. cit. p. 585.
[2] Hacia 1917, declara Fray Servando, que su hermana “tiene un hijo Franciscano en la Provincia de Xalisco, llamado Fr. Juan [de Quatemoctin Rosillo] y tres hijas, y ella es actualmente Religiosa con dos de las hijas, en una especie de Beaterío, que hay en Monterrey” Cfr. Declaraciones de Fr. Servando Mier, del 22 de Septiembre de 1917 en HERNANDEZ y DAVALOS J.E. Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821 Tomo VI José Maria Sandoval Impresor México 1882 p. 189.
[3] MENDIRICHAGA CUEVA, T.  op. cit. p. 585
[4] México, Nuevo León, registros parroquiales, 1667-1981, database with images, FamilySearch: 21 May 2014, Monterrey, Catedral, image 131 of 351; Parroquias de la Iglesia Católica, Nuevo León (Catholic Church parishes, Nuevo León).
[5] México, Nuevo León, registros parroquiales, 1667-1981, database with images, FamilySearch: 21 May 2014, Monterrey, Catedral, image 222 of 351; Parroquias de la Iglesia Católica, Nuevo León (Catholic Church parishes, Nuevo León).
[6] AMM, Ramo Civil, vol. 177, expediente. 6. 
[7] Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, T.  op. cit. p. 585.                    
[8] AMM, Protocolos, vol. 27, 185. Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, T.  op. cit. p. 585.  .
[9] AGENL, Caja 4, CL-12/165, 28 enero 1828 Cfr. AAVV Monterrey origen y destino Tomo III, Monterrey 2009, p. 195.
[10] Cfr. MORENO GARZA, Omar Alejandro Tesis Historia de Nuevo León y los ciclos Económicos durante la primera mitad del siglo XIX. Agricultura, ganadería, comercio, industria y otras actividades primaras de 1821 a 1855. UANL Abril 2015.
[11] Ibidem.
[12] Protocolo del escribano público Tomás Crescencio Pacheco. Año 1857. Folios 236 a 246 vuelta. Archivo General del Estado de Nuevo León. Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, T. op. cit. o 585.
[13] Cfr. MORENO GARZA, Omar op. cit.
[14] Cfr. SALDAÑA,  José P. Estampas de Monterrey Gobierno del Estado de Nuevo León, 3a Ed. 1891, p. 102.
[15] Cfr. ALVAREZ HERNANDEZ M. Magdalena A ustedes les consta, Una Historia de dinero, guerra y mercancías, Tomás Pacheco 1856-1865”, Monterrey 1998, Serie: Catálogos. 5/15, 16/32 y 21/98.
[16] Cfr. SALDAÑA,  José P. Estampas… op. cit. p. 102.
[17] (Galeana, NL 8-Dic-1839 – Monterrey, NL 20-Abr-1909).
[18] BASAVE  A., Constructores de Monterrey, ITESM, 1945 pp. 49-53.
[19] (Monterrey,  NL 27- May-1847 – 18-Marzo-1935).
[20] Según la Genealogía de Sanchiz (IIH-UNAM), la pareja García Muguerza tuvo 8 hijas. Ellas son: María Luisa (1866);  Julia (1869);  Bárbara (1873-1880); Virginia (1875-1930) casada con Juan Francisco Farías Hernández (1874-1960);  Mercedes;  María casada con Fernando Zambrano; María de la Luz y  María Juana (1879).
[21] Según su acta de defunción: "México, Nuevo León, Registro Civil, 1859-1962," images, FamilySearch: 21 May 2014, Monterrey, image 687 of 1201; Archivo General del Registro Civil del Estado de Nuevo Leon (Nuevo Leon Civil Registry State Archives).
[22] BASAVE  A., Constructores de Monterrey, ITESM, 1945 pp. 49-53. Basave señala como víspera de la muerte el 21 de abril, pero el acta de defunción (cita No. 65) asienta el día antes como fecha de fallecimiento.
[23] "México, Nuevo León, Registro Civil, 1859-1962," images, FamilySearch: 21 May 2014), Monterrey > image 493 of 824; Archivo General del Registro Civil del Estado de Nuevo Leon (Nuevo Leon Civil Registry State Archives).
[24] Cfr. CASAS GARCÍA, J. M., y  CAVAZOS PÉREZ, V. A.  Panteones de El Carmen y Dolores: patrimonio cultural de Nuevo León. Fondo Editorial de Nuevo León, Monterrey, México, 2009 pp. 235-236.
[25] "México, Distrito Federal, registros parroquiales y diocesanos, 1514-1970," database with images, FamilySearch: 20 July 2015, San Cosme y San Damián (San Cosme) > image 416 of 664; parroquias Católicas, Distrito Federal (Catholic Church parishes, Distrito Federal).
[26] 26 marzo 1882 – 13 diciembre 1919.
[27] 1864 – 1932.
[28] UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. Ingeniería. Órgano de la Facultad Nacional de Ingenieros, UNAM. Mexico, D.F.  1928.
[29] CASAS GARCÍA, J. M., y  CAVAZOS PÉREZ, V. A.  Panteones de El Carmen y Dolores: patrimonio cultural de Nuevo León. Fondo Editorial de Nuevo León, Monterrey, México, 2009 p.  136
[30] PROGRAMA GENERAL DE CATALOGACIÓN ESTRATÉGICA DE LOS MONUMENTOS , EDIFICIOS Y SITIOS DEL ESTADO DE NUEVO LEON, Agencia para la planeación del Desarrollo Urbano de Nuevo León. Identificación 0506. Monterrey NL 2006.

viernes, 8 de enero de 2016

Una Semana Siniestra en Monterrey, Agosto 21-28 de 1909 6/8 (Jueves)

Jueves 26 de Agosto de 1909


Los habitantes de Monterrey se preparaban para una nueva jornada. Las mujeres que acostumbraban barrer las banquetas, aquél día no tuvieron necesidad de hacerlo. Había estado lloviendo por la noche y las calles estaban mojadas. La mañana, sin embargo era clara, aunque nublada. Hacia el mediodía, ya el cielo, encapotado, se tornó del color del plomo.  Empezó a chispear a intervalos continuos y, de vez en cuando, un viento del Este soplaba con ímpetu. Entre la gente del pueblo, pocos eran quienes sabían que aquel norte era parte de un ciclón que estaba azotando las costas del Golfo de México.


Barrio San Luisito, Fotografia de Lagrange c. 1895. Se puede apreciar el primitivo puente San Luisito de Madera.

La vida en la ciudad continuaba como siempre, con sus afanes diarios y sus preocupaciones normales. Los dueños de las tiendas afectadas por el incendio se empeñaban en superar el bache y las vicisitudes lo antes posible.

Estaban ya de regreso en Monterrey Don Roberto Bremer y Don Juan Reichmann de la Casa Bremer, y se ponían en contacto con el Arquitecto Giles, quien también se encontraba en la ciudad, para tratar sobre un nuevo edificio. El negocio no iba a sucumbir. Se hacía lo posible por habilitar los materiales recuperados del desastre y comercializarlos en su despacho provisional de la calle Zaragoza.  

Por su parte el Señor John. B. Sanford había ya partido de Birmingham en el primer Vapor que le fue dado encontrar. Le esperaba una larga travesía. Por lo menos una semana atravesando el Atlántico, haría su primera escala quizá en Nueva York o en algún otro puerto de los Estados Unidos. De allí viajaría en tren a Monterrey para negociar también con el Arquitecto Giles su nueva Casa Sanford. En tanto los empleados de la ferretería atendían a sus clientes en un depósito temporal en la misma calle de Padre Mier.

Los dependientes y empleados de La Reinera, bajo la dirección de sus gerentes, había devuelto a su primitivo orden las mercancías del establecimiento, en caos durante los días pasados. Los ingenieros habían recorrido el edificio y analizado sus desperfectos. En ese edificio, el fuego había dañado las cabezas de las vigas del piso superior y penetrando al cielo raso. Durante el incendio, para combatirlo, hubo necesidad de rasgar aquel cielo raso e impregnar de agua las vigas. Los empleados de ese comercio fueron los héroes en su defensa. A ellos se debió, según la prensa, su preservación. 

El edificio necesitaba reparaciones para corregir las averías. Y al instante comenzaron a remediarlas. Pronto estaría listo para dar nuevamente atención al público.  

Jasper T. Moses Today in the land of tomorrow 1907
Parecía que todo iba tomando nuevamente su curso normal. Lo único malo, aquel día, era la impertinente lluvia. Había dejado de ser interrumpida. Después de mediodía continuó cayendo sin descanso. Mesclada con ráfagas de viento.

Quienes más sufrían por este estado del tiempo, eran los vecinos del Barrio San Luisito. Sus casas de adobes empezaban a remojarse de mala manera y algún viento, para colmo, se colaba por las ventanas causando estragos y haciendo volar algunas láminas y paja de los techos. Era una situación, más que incómoda, alarmante. No todos los regiomontanos, especialmente aquella gente sencilla del barrio, estaban al tanto de las noticias de los periódicos. Allí se anunciaban las tormentas que iban apareciendo a lo largo de la costa del Golfo, el Huracán que estaba azotando el Atlántico y que había pasado por La Habana hacía algunos días y los estragos en el Caribe. La Florida y Nueva Orleans habían estado también en alerta. La verdad era, que uno de los huracanes más letales  de todos los tiempos, se dirigía a paso firme rumbo al Noreste Mexicano. Durante aquella semana había abatido Santo Domingo y Haití, Cuba, la Península de Yucatán y estaba ya azotando las costas de Tamaulipas.

Aquel jueves 26, los diarios mexicanos avisaban de tormentas y altas mareas en Veracruz y Tamaulipas. Pero el ciclón ya estaba haciendo estragos en las costas mexicanas y su sistema llenaba de tempestades el noreste Mexicano. Destruía a su paso los faros marinos, casas y comunicaciones telegráficas. Ante el caos de aquel ataque de la naturaleza, era difícil que los vecinos de Monterrey estuvieran al tanto de la tragedia que se les echaba encima. Hicieron lo mejor que pudieron para resguardarse de la lluvia constante e imploraron al cielo para que pasara pronto el temporal. En el Barrio San Luisito alguna mujer humilde encendió la vela pascual en el pequeño altarcito de Santos, adosado en una cruda pared de barro. Era la vela del domingo de Resurrección que había traído de la basílica del Roble el último día de la Semana Santa. Rezaba un Ave María a la Virgen para que alejase la tormenta. Su sencillez era casi tan inmensa como el misterio de la Voluntad de Dios.

En Monterrey, aquella noche, sólo los niños pequeños durmieron en paz.


Puente, diseño de Alfred Giles sobre el Río Santa Catarina y Barrio San Luisito (Hoy Colonia Independencia) c. 1909
[Dar click a la imagen para agrandar]


martes, 5 de enero de 2016

Una Semana Siniestra en Monterrey, Agosto 21-28 de 1909 5/8 (Miércoles)

Miércoles 25 de Agosto de 1909

Mientras continuaron desde temprano las obras de demolición y limpieza en las ruinas del incendio, los representantes de las casas aseguradoras tenían ya un cálculo de las pérdidas totales y de lo que podían y debían pagar.

¿Cuáles fueron las pérdidas y quienes fueron los perjudicados? Veamos.

La manzana incendiada, fue, como dijimos antes, la que está rodeada por las calles de Padre Mier, Escobedo, Morelos y el callejón de Paras. En la esquina norponiente de Morelos y Escobedo se encontraba el edificio más antiguo y emblemático de la manzana: el antiguo palacio de Gobierno de Nuevo León, convertido en la Botica del León de los Señores Bremer y Compañía. En el mismo inmueble estaba una Tlapalería propiedad de la misma compañía Bremer. Al parecer allí se tenían pinturas y otros materiales inflamables y quizá por eso en una fotografía tomada al día siguiente se ve colapsado el muro en esa parte del inmueble. En la parte superior de la Botica, Droguería y Tlapalería habitaban las familias de Don Roberto A. Bremer y de Don Juan Reichman. En algún lugar de aquel edificio debió situarse también la oficina del Consulado de Austria-Hungria, cuyo cónsul honorario ese año era el Sr. Reichmann.
Croquis de la Cuadra incendiada con anotaciones a partir de la información de los periódicos de aquella semana. El original aparece en la primera plana de El Imparcial del 23 de Agosto de 1909. La escritura y marcas en rojo son mías.


Por la misma calle de Morelos, a continuación, se situaba el edificio de “La Reinera” “Uno de los más bellos de la ciudad” diseñado por el arquitecto Alfredo Giles. Este edificio es el único que queda de aquella época. Recibió algunos daños durante el incendio, pero no pereció en él.  Según las crónicas periodísticas de entonces, eso se debió al esfuerzo y al empeño de sus dependientes. El inmueble de dos pisos se extiende media cuadra por la calle Morelos hasta llegar a la esquina con Paras y continúa por ese callejón más de media cuadra hasta su límite con la Ferretería Sanford.


La Reinera Fuente: Justo Sierra: México Su Evolución Social Tomo III 1900 
La Ferretería Sanford estaba establecida en un inmueble de dos pisos propiedad de Don Marcelino de la Garza, vecino de Saltillo. En los altos de aquel edificio, se hallaba la oficina del Consulado Británico y probablemente la casa habitación del Cónsul Don John Bertrams Sanford. El inmueble se extendía desde la calle o Callejón de Paras, haciendo esquina en Padre Mier y proseguía un tramo hasta colindar con un edificio de 4 pisos propiedad de los Señores Bremer.

Propaganda del Almacén El Puerto de Liverpool de la Cd de México
El edificio de 4 pisos debió ser el más alto de la ciudad en ese momento. Era un diseño del Arquitecto Alfred Giles y sólo tuvo una existencia de escasos 2 años, pues había sido concluido en 1907. Según se deduce de las crónicas periodísticas sobre el incendio, allí se encontraba en el 3º ó 4º piso, el Laboratorio Químico de la Droguería Bremer en la que se producían las medicinas de patente que se vendían en el Despacho de la Botica. Debió haber en él un almacén de productos químicos altamente inflamables. Las notas periodísticas concluyen que allí comenzó el incendio. Los dos pisos inferiores daban cabida a la sucursal del almacén o “Cajón de Ropa” de nombre “El Puerto de Liverpool”, propiedad de los herederos del finado Don José Goodman, de Torreón, quien se habría suicidado un año antes (según la nota periodística de El Popular del 5 de mayo de 1908, por problemas de solvencia económica). Esa negociación no poseía un seguro contra incendios. El corresponsal de El Diario de México escribe en un telegrama: “la pérdida ha sido total para el propietario que ha quedado verdaderamente reducido a la más absoluta miseria.”

Continuando hacia el oriente, por la calle del Dr. Mier, se encontraba un inmueble propiedad de Don Isaac Garza. En esa casa de dos pisos, habitaba, probablemente en la planta superior, la familia Garza Lafón, mientras que en la planta baja, o en parte de ella, se encontraba la “Compañía Manufacturera de Tubería de Plomo”  del Señor Izaguirre.

La última propiedad de la cuadra era una casa de un solo piso. En ella se encontraba la tienda de abarrotes “La Bola de Oro” propiedad de Don Emilio Martínez. Ocupaba la esquina sur-poniente de Padre Mier y Escobedo.

Contiguo a la tienda de abarrotes (por la calle de Escobedo) se hallaba un edificio de dos plantas que, según los informes periodísticos, también era propiedad del Sr. Martínez. En ese edificio, en la planta baja, se hallaba el restaurante y cantina  de nombre “Salón Fausto” y en la parte superior la vivienda de la familia de Don Juan de la Garza. Junto al Salón, estaba un Cinematógrafo, que debió formar parte del mismo inmueble. Todas estas fincas en la esquina de Escobedo y Padre Mier no perecieron en el incendio y fueron las menos dañadas por él. Sin embargo el agua y la turbulencia durante la tragedia hicieron estragos en ellas.  Escribe el corresponsal de El Diario: “La cantina conocida con el nombre de Salón Fausto, uno de los sitios más bonitos de la ciudad, quedó completamente remojada”. Ni el Salón Fausto ni la tienda de Abarrotes poseían seguro.  El imparcial señala que las pérdidas de Don Emilio Martínez se debieron a la “gran cantidad de botellas de licor y latas que se rompieron o extraviaron durante el siniestro”. Y agrega que sólo hacía algunos días que el Señor Martínez “había trasladado su comercio a este local, cancelando su póliza de seguros la semana pasada”.

Esa era la situación de los dueños de los negocios de aquella cuadra. Unos poseían seguro contra incendio, otros no. Pero todos fueron perjudicados. Y lo que es “normal” en estos casos, las pérdidas superan los montos asegurados. 


Titular en EL DIARIO de México del 25 de Agosto de 1909

Habían pasado 4 días del desastre y los primeros cálculos de las pérdidas estaban muy por debajo de la realidad. Los periódicos ahora informaban que éstas ascendían a $2.079,000.00

Por informes obtenidos con los dueños de las casas y establecimientos – escribe el corresponsal de El Diario el día 25 de agosto – sábese  que las pérdidas son estas: Droguería Bremer, 1,400,000 pesos, incluyendo los edificios de las calles Mier, Morelos y Escobedo que quedaron destruidos. La Ferretería Sanford, 300,000, pesos sin incluir el edificio; este valdrá unos 50,000 pesos; “El Puerto de Liverpool” 250,000 “La Reinera” perderá por extravío de mercancías, roturas, reparación de algunos muros y defensa de los que se encuentran calcinados, 60,000 pesos. La Ferretería Langstroth por mercancías averiadas, reparaciones, pintura, etc., 4,000 pesos. La casa Izaguirre por averías en el mobiliario, 1,000 pesos. El Señor Emilio Martínez, dueño del Salón Fausto, por destrucción de mercancías 3,000 pesos. Líneas Telegráficas y Telefónicas, por reparación de pavimento, etc., 1,000 pesos.

Total de pérdidas mal calculadas, dos millones setenta y nueve mil pesos. Excepción del Salón Fausto, todos los demás establecimientos estaban asegurados pero en cantidades menores que su valor real, por lo que las pérdidas de todas maneras serán cuantiosísimas”.

Nota de The Brownsville Daily Herald
 del 24 de agosto de 1909
El cálculo de las pérdidas variaba de día a día y de periódico a periódico. El cálculo en dólares ascendía a un millón 400 mil según The Brownsville Daily Herald del 24 de agosto.  

Por otra parte, no se indica cuál fue la cantidad restituida a los propietarios y damnificados. En una brevísima nota de The Insurance Press a Newspaper for Insurers and Insured del 1 de septiembre (once días después del incendio) se señala que las pérdidas conjuntas de las Casas Bremer y Sanford ascendían a 500,000 dólares. Una cantidad muy inferior a la informada por los diarios mexicanos y extranjeros una semana antes. Sin duda fue una ardua empresa la de reclamar a los seguros la restitución justa.

El vecindario tenía también otras inquietudes además del incendio y sus inconvenientes. En aquella época revuelta y con las elecciones nacionales inminentes, los periódicos informaban sobre el paradero del Gobernador del Estado, el General Reyes quien se había postulado unos meses antes a la vice-presidencia, pero todo parecía confuso. Se decía que Don Porfirio no había querido recibir a Reyes y que lo había mandado a ponerse de acuerdo con su opositor político el General Treviño, jefe de la Zona Militar a que pertenecía Nuevo León. Se decía también que Don Bernardo Reyes estaba en Galeana rodeado de Militares, o que estaba en Cerralvo en una Junta. Había mucha confusión y cierta conmoción en el área. Los periódicos norteamericanos manifiestan una constante inquietud con el ambiente político en el norte de México. La lucha por el poder produce siempre daños colaterales.

Aquel miércoles, la familia del General Reyes partió en automóvil de Monterrey con rumbo a Galeana y los periódicos informaron que todo estaba en orden. Y añadían: “Se asegura que regresará en los primeros días del mes entrante”.

Entre las tragedias políticas y naturales transcurrían los días de aquel funesto agosto. 

Cayó una vez más la noche. Espesas nubes impedían apreciar las estrellas. Al momento un aguacero empapó cada rincón de la ciudad. Fue uno de esos chubascos que duran poco y mojan mucho. Finalmente la manzana en ruinas pasó a ser un montón de cenizas empapadas. Las brazas se convirtieron en trozos de carbón mojado. Sólo entonces cesó cualquier amenaza de fuego.

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