martes, 18 de febrero de 2014

Indios Serranos y Tlaxcaltecas, Españoles y Mestizos del Pueblo de Purificación (Gil de Leyva) NL


Indios Serranos y Tlaxcaltecas,  Españoles y Mestizos del Pueblo de Purificación (Gil de Leyva) NL 
La Fille du Peon 1907
Le tour du Mexique
Mon journal de voyage por J A Lippe

Breve reflexión sobre un pueblo de Indios de “Nueva Conversión” en Nuevo León.  En Scribd


Un artículo sobre los distintos grupos humanos que formaron el pueblo misión de Purificación (hoy Gil de Leyva) en Nuevo León. El pueblo de mi madre y mis abuelos.


Los pueblos misión como éste, estaban a cargo de uno o varios misioneros franciscanos, quienes evangelizaban a los grupos nativos de indios seminómadas que habitaron el noreste mexicano con la colaboración de familias de indios Tlaxcaltecas a quienes llamaron madrinas o madrineros. Otros pueblos de este tipo en el estado de Nuevo León fueron: Concepción (Escobedo, Montemorelos), Guadalupe (en Guadalupe, NL), San Miguel de Aguayo y Bustamante. En Coahuila: San Esteban de la Nueva Tlaxcala (junto a Saltillo, La Divina Pastora (Piedras Negras), San Juan del Carrizal, Santa María de las Parras (Parras de la Fuente) y San Francisco, entre otras.


Indios Serranos y Tlaxcaltecas, Españoles y Mestizos del Pueblo de Purificación (Gil de Leyva) NL by Jorge H. Elías (Leoncillo Sabino)

lunes, 20 de enero de 2014

El Plano De Urrutia de la Ciudad de Monterrey 1768-1769

El Plano de Urrutia de la Ciudad de Monterrey


El plano de Urrutia es el más antiguo conocido de la ciudad de Monterrey. Lleva por título: “Plano del Presidio y Ciudad de Monterrey Capital del Nuevo Reyno de León situada en 26 grados y 4 minutos de Latitud boreal y 271 y 25 de Longitud contada desde el Meridiano de Tenerife”. Y lo firma: “Joseph de Vrrutia”.

Joseph de Urrutia  

Hombre valiente en la milicia y diestro en la ingeniería, Urrutia, “nació en la casa infanzona de Zalla, a unos veinte kilómetros al sudoeste de la villa de Bilbao”[1] en 1739. A los 25 años de edad se embarcó para la Nueva España como subteniente en el regimiento de América. Allí se integró como ingeniero y cartógrafo en la misión del general Juan de Villalba, destinada a  estructurar, en el Virreinato, un ejército regular para hacverle frente a lucha inter-colonial entre Inglaterra y España en el Nuevo Mundo. Para fortalecer y poner en estado defensivo los presidios norteños del Virreinato, se encomienda al marqués de Rubí, en agosto de 1765, a visitarlos. Dos cartógrafos, Lafora y Urrutia, fueron destinados a integrar la expedición. En ella se visitaron los presidios de Zacatecas, Durango, Chihuahua, El Paso (en la actual Cd. Juárez Chih.), Santa Fe (Nuevo México), San Buenaventura y Janos en Nueva Vizcaya (ambos en el actual estado de Chihuahua) y los seis presidios de Sonora. Y nuevamente la Nueva Vizcaya donde se encontraban además los presidios de Huejoquilla y Cerro Gordo. Más tarde: Coahuila y San Antonio de Béjar (Texas) y Monterrey la capital del Nuevo Reyno de León. “Un total de 2.936 leguas (16,361.44 km.) en un tiempo de veintitrés meses”[2].
Gracias a estos servicios prestados a la corona española, Urrutia, fue ascendido a teniente y tenemos el plano más antiguo conocido de Monterrey, entre otros planos  de gran valor histórico para México.
Urrutia continuó su trabajo, acompañando al visitador general de la Nueva España, José Gálvez,  por el noroeste del virreinato. Con él, visita San Blas en la Alta California. Allí, junto con el catalán Miguel Costanzó, traza  el “Plano del Puerto y Nueva Población de San Blas”. Prosiguen por Baja California, donde se trazaron los planos del Puerto de Cortés y la Bahía de San Bernabé en Cabo San Lucas. En su informe y memoria al virrey expresa que recorrió “un total de cuatro mil quinientas leguas”[3] (25,077.15 km.). “Urrutia permaneció en México hasta abril de 1769, concluyendo los planos de veintiún presidios visitados en el norte de Nueva España, detallados planos hoy en día localizados en el Museo Británico”.[4]

El plano de Monterrey


Los planos de los presidios levantados por Urrutia fueron trazados, o al menos bosquejados, en cada población y presidio visitado. La visita a Monterrey por la delegación del Marqués de Rubí y su equipo de militares e ingenieros ocurrió entre el 7 y el 20 de diciembre de 1767. Más tarde, entre febrero de 1768 y abril de 1769, ya en la ciudad de México, se le dio forma definitiva a los planos y se entregó al Virrey un informe y relación de toda la gestión.


 1. Plano del Presidio y Ciudad de Monterrey Capital del Nuevo Reyno de León... Joseph de Vrrutia (1767)

Analizando el plano de Monterrey, se puede apreciar que las estructuras más fuertes de la ciudad, como la parroquia, la casa del gobernador, el convento franciscano de San Andrés y el Colegio de la Compañía, se muestran en un color rosado, al igual que las principales fincas.  De estas últimas, las dos más grandes, además de la casa del gobernador, muestran un patio interior cuadrado. Una está a un lado de la plaza y la otra, al otro lado, un poco más hacia el norte. La del ala oriente, cuyo predio había pertenecido al General Antonio Fernández Vallejo era de María Báez de Treviño. Está aproximadamente en el lugar en que hoy se encuentra el Hotel Monterrey. La del lado poniente, pertenecía en 1762 a “Josefa Francisca Cantú, viuda del general Francisco Ignacio Larralde”[5]. Hoy allí se encuentra el Casino Monterrey.

2. Fragmento del Plano mostrando la Parroquia y los diferentes tipos de construcciones y terrenos.


En el plano aparecen unas 50 construcciones rosadas, indicando así que deben estar hechas de piedra. Descontando las construcciones públicas (parroquia, convento de San Andrés, Colegio de la Compañía y las casas reales) quedan unas 45 ó 46 casas privadas de piedra. Las casas grises, parecen ser construcciones hechas de adobe o quizá simplemente jacales. El plano no lo especifica. De este tipo de construcciones (grises) aparecen unas 171. Considerando que algunas familias pudieran habitar dos de ellas, puesto que muchas veces la cocina era una construcción aparte para evitar incendios
[6], se puede decir que habría unas 150 familias viviendo en este tipo de casas. Hay que considerar también que quizá no todas las casas fueron dibujadas en el plano, especialmente los jacales. Se puede especular, creo yo, en base a esto, que habría en el Monterrey de 1766 alrededor de unas 200 familias.
Se observa también que hay algunas áreas más pobladas que otras. Una de ellas es, como parece lógico, la que está a ambos lados del camino que llega o sale a Saltillo junto al río Santa Catarina. A su vez esa hilera de casas junto al camino, es abastecida por las aguas de un regadío que las recorre de cerca junto a la ribera, abastece al convento franciscano, a la parroquia y a la casa del gobernador y vuelve a desembocar en el río. Otra área poblada es la que se encuentra cerca de los ojos de agua de Santa Lucía. Manifestando siempre la necesidad de la proximidad del agua.
 Por fin, una tercera área mayormente poblada, es la que se encuentra en torno a la plaza de armas y a la parroquia. Allí se reunían las familias de los vecinos de mayor liderazgo social y económico. 
Urrutia distingue en el plano además de los tipos de casas, las diferencias de los terrenos. Aunque esto es también una conjetura, puesto que el plano no lo especifica. Se pueden diferenciar tres tipos de terrenos: los que se dejan vacíos o con escasos círculos pequeños, los que se rellenan de pequeños círculos y los que tienen líneas horizontales, diagonales o verticales.
Los primeros se encuentran generalmente fuera de la ciudad, cruzando el Río Santa Catarina, o el arroyo formado por los ojos de agua. Parecen de esta manera distinguirse los terrenos sin cultivo. Dentro de los límites de la ciudad aparecen pequeñas áreas de este tipo junto a los ojos de agua (que podemos imaginar área arenosa). Otros terrenos vacíos se encuentran junto al convento, tras la parroquia y lógicamente en la plaza de armas.
Los terrenos llenos de pequeños círculos parecen señalar huertas de árboles frutales. Se encuentran en el centro de la ciudad, especialmente junto a las construcciones de piedra (rosadas) aunque no de manera exclusiva a ellas.
Por último están las sementeras o milpas representadas probablemente mediante rectángulos cuya área lleva líneas horizontales, verticales o diagonales. Se encuentran en los límites de la ciudad dentro del área urbana delineada por el río y el arroyo.




[1] BEERMAN, Eric ¿Quién era el General Urrutia que Goya retrató? en Revista complutense de historia de América, Madrid, 1993 p. 195.
[2] JIMENEZ, Alfredo El Gran Norte de México Una frontera imperial en la Nueva España (1540-1820), Tebar, S.I. Madrid 2006 p. 172.
[3] BERMAN, Eric op.cit. p. 197
[4] Ibid, p. 198
[5] MENDIRICHAGA CUEVA, Tomás, Monterrey Antiguo… op. cit  2000 p. 580.
[6] Ibid, p. 576.

jueves, 17 de enero de 2013

Los Rurales de México 7/7

V.                   Defensas Rurales 

Después de la disolución de los cuerpos de Policía Rural, algunos Estados organizaron las llamadas Defensas Rurales. El Lic. Emilio Portes Gil siendo presidente de la república publicó el 1º de enero de 1929 el “Reglamento de Organización y funcionamiento de las Defensas Rurales”. Se trataba de que los agraristas organizados, formaran las defensas rurales, con el fin de proteger su tierra recientemente repartida y hacer frente a la policía privada de particulares y latifundistas (llamada guardia blanca), defendiendo los ideales revolucionarios.  Al menos esa era la teoría. El reclutamiento sería local y los regimientos se hallarían subordinados a las autoridades militares.

De un documento[1] de la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA)[2] tomo los siguientes datos:

El 5 de octubre de 1936 la Secretaría de Guerra organizó las defensas rurales en batallones o regimientos de infantería y caballería en forma similar a las tropas del ejército. Los integrantes de las defensas debían ser ejidatarios en posesión de su parcela e inidentificado con los principios revolucionarios. Se les denominó Reservistas.

El 26 de agosto de 1942, dejaron de ser reservistas para ser denominados Defensas Rurales Regionales.

El 1 de Julio de 1954 el Lic. Adolfo Ruiz Cortines, crea el Departamento de Defensas Rurales para dirigir y administrar los Cuerpos de Defensa Rural.

El 1 de Junio de 1974 cesa el Departamento de Defensa Rural para convertirse en la Dirección General de Defensas Rurales.

En el año 2006 existían 26 cuerpos de defensas rurales (13 de infantería y 13 de caballería). De Infantería: En Coahuila (Saltillo), Quintana Roo (Chetumal), Estado de México (Toluca), Sonora (Hermosillo), Tlaxcala (Panotla), Chiapas (Tapachula, Chicosén), Puebla (Puebla), Aguascalientes (Rincón de Ramos), Veracruz (Orizaba), Colima (Tecoman), Oaxaca (Ixcotel), Morelos (Cuernavaca); De Caballería: Chihuahua (Cd. Madera y Cd. Delicias), Nuevo León (Escobedo), Tamaulipas (Cd. Reynosa), Durango (2 cuerpos en Cinco de Mayo), Zacatecas (Jerez de García Salinas), San Luis Potosí (San Luis Potosí), Jalisco (Ocotlán), Guanajuato (Sarabia), Hidalgo (Pachuca), Michoacán (Zacapu y Apatzingán).

El vigente Instructivo para la Organización, Funcionamiento y Empleo de los Cuerpos de Defensa Rurales puede leerse en la página de la SEDENA[3] y consta de 7 Títulos divididos en capítulos y artículos en los que se detalla su objetivo, misión, funcionamiento, procedimientos, requisitos, etc.


"Mexico" por Daniel Cortés via Flickr


martes, 8 de enero de 2013

Los Rurales de México 6/7


IV.             En la Revolución Mexicana

Los rurales formaban la primera reserva del ejército. En caso de guerra se echaría mano de ellos y, de hecho, se les mandaba a apaciguar cualquier revuelta o agitación social. El reglamento lo estipulaba: cuando sirvan en el ejército, servirán en la “persecución de guerrillas poco numerosas”. Las fuerzas revolucionarias comenzarían siendo eso: pequeñas guerrillas armadas. Al estallar la revolución en 1910, los rurales pelearon al lado del ejército federal en la supresión de las guerrillas surgidas primero en Chihuahua, Durango, San Luis Potosí y Veracruz y luego, poco a poco, en toda la república. Llegó la hora en que el Dictador debió torcer el brazo y salir del país hacia el exilio, para ceder el puesto a un exiliado: Don Francisco I. Madero. Parece que la historia se empeña en repetirse una y otra vez en todos los rincones del planeta. Y el texto bíblico comprueba una vez más ser verídico: “hay un tiempo para reír  y otro para llorar” en un ancestral y nietzscheano eterno retorno.

Un Guardia Rural por Robert Runyon 1910-1920 

La Revolución no es, sin embargo, solo un acontecimiento del pasado, sino el lugar donde converge nuestra identidad presente, un hecho violento en el que participaron nuestros abuelos. El mío, por ejemplo, cuando se casó con mi abuela, en 1919, debió pedir una dispensa por haberse encontrado “durante ocho años al servicio de las armas sin residencia fija” en diferentes partes del país. Quiere decir, para alimentar mi orgullo, que casi desde el comienzo de la Revolución, desde 1911, mi abuelo se encontraría peleando una Revolución gestora de un México más justo (al menos esos eran los ideales). La Revolución profundizó la marca de la mexicanidad cuyos paradigmas fueron la Adelita y el Charro mexicano plasmados en las fotografías de la época que ayudaron a la difusión del “prototipo del mexicano” también en el extranjero.
   

Rurales con Bandera por John C. Hemment 
(fragmento)
Por su parte ese prototipo personificado en la policía rural, que había ganado prestigio y estima popular por su habilidad ecuestre y su conocimiento del terreno, reflejaba quizá el ideal de libertad hecho hombre y caballo al mismo tiempo. ¿Sería esto lo que llevaría a Madero a integrarlos y multiplicarlos en su ejército? Lo que sí es un hecho, es que lo condujeron a su propio fracaso y a la disolución de los Rurales como institución federal. Vanderwood afirma: “Cuando Francisco Madero asumió la presidencia de la Republica no licenció a los Rurales de Díaz, sino que los conservó como fundamento de una fuerza policíaca rural más amplia. El resultado fue una organización casi cuatro veces mayor que el grupo de Díaz – y un grupo así de debilitado por la participación de individuos sin principios, dominados por la ambición personal, demostró ser casi incontrolable. De hecho, los Rurales de Madero contribuyeron mucho al desorden interno que eventualmente condujo a la caída de su gobierno”[1].   Más aún, Francisco Cárdenas, miembro del 5º cuerpo de rurales fue el autor material del asesinato de Madero en febrero de 1913.

Victoriano Huerta sucesor golpista de Madero intentó inútilmente la reorganización de las fuerzas rurales. Éstas fueron desmanteladas junto con todo el ejército en julio de 1914 por  un nuevo presidente: Don Venustiano Carranza, quien, después de un tiempo, incorporó a muchos oficiales de la fuerza rural a su ejército, otros rurales se integraron a los ejércitos de Zapata y Villa.



[1] VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 48

miércoles, 2 de enero de 2013

Los Rurales de México 5/7


3.   ¡Vivan los Rurales!

A pesar de los defectos de esta institución y los casos de corrupción e impunidad en los que pudieron verse envueltos, la gente quería a los rurales. O quizá más que quererlos sentía hacia ellos una mezcla de admiración y temor. Sería famosa en aquel tiempo la frase “allí vienen los rurales” con la cual, dicen algunos autores, los delincuentes ponían “pies en polvorosa”. Emerson se pregunta ¿Causaría asombro que el solo nombre de los rurales sea suficiente para causar terror en los corazones de algunas personas de pies ágiles a lo largo del Río Grande?[1] refiriéndose muy probablemente a los ágiles pies de los grupos étnicos del norte de México.   

 Otra frase famosa según el mismo autor era: “besar y cabalgar como un rural” expresando el estilo de vida de los Rurales y dos elementos esenciales a su existencia. Él mismo afirma “De verdad, un rural en su atavío completo sobre un caballo, es una imagen que agrada a los ojos de la mayoría de las doncellas. Vestido en tono rojizo, gris ratón o negro aterciopelado de suave cuero desde el cuello hasta los tobillos, con elaboradas “grescas” de seda y botonaduras sobre la corta chaqueta bolera y el chaleco o sobre las costuras exteriores de los ajustados pantalones de cuero, con un sarape color rojo sangre al hombro y con los destellos de plata sólida sobre el sombrero, la silla y las espuelas, estos hombres delgados con sus oscuros rostros, penetrantes ojos y fieros bigotes negros, proyectan una imagen que nadie que haya estado en  México puede olvidar.


Rurales en Gomez Palacios c. 1910
Por American Press Association, New York
The Library Of Congress Prints And Photographs Online Catalog
Eran, según dicen algunos, el deleite de los extranjeros, la alegría de las fiestas, especialmente la parada militar del 5 de Mayo y los desfiles por el zócalo frente al Palacio de Gobierno y por el Paseo de la Reforma. La gente los aplaudía y les gritaba ¡vivas! Y se brindaba por ellos. En una de aquellas fiestas, el 3 de Mayo de 1891, el poeta Juan de Dios Peza hace un brindis improvisado por los rurales de México[2]:


¡POR LOS RURALES!

IMPROVISACIÓN EN EL BANQUETE DE 3 DE MAYO DE 1891.

La voz mal, torpe el acento
De la «influenza» á la presión,
Pero sano el pensamiento
Y el espíritu contento
En esta franca reunión.

Brindo, cual siempre he brindado
Con plectro humilde y sincero,
Por el ranchero-soldado,
Que presenta uniformado,
Vivo, á Nicolás Romero.

 El cosaco mexicano
Que tiene en monte y pradera
Por cetro un lazo en la mano,
Por corona su jarano,
Trono en su silla vaquera.

Qué orgulloso se cimbrea
Cuando el caballo relincha
Si el rancho vecino otea
Y ufano caracolea
Haciendo crujir la cincha.

Por el ranchero sencillo
Cuya riqueza á mi ver
La forman un vaquerillo,
Un jorongo del Saltillo,
Un rifle y una mujer.

Que en el palacio, en la choza,
De la tierra en la extensión,
Desde Marte á Zaragoza,
No hay quien no rinda á una moza
La espada y el corazón.

Brindo al que prefiere osado
Al «vol-au-vent» el elote,
Y al «Champagne» el «colorado»
Y al mejor faisán trufado
El «mole de guajolote».

Al jazmín las amapolas,
Y en música es su ideal,
No Valkirias ni mamolas
Sino el wals «Sobre las olas»
Junto al Himno Nacional.

Por el que con frente ufana
Odia todo lo extranjero,
Y declara gente vana
Al que no echa una mangana
Ni luce en un herradero.

Por el que no halla en Europa
Semejante ni rival
En garbo, en usos y en ropa
Y que surge en nuestra tropa
Como tipo nacional.

Y por el hombre de honor
A cuyo augusto perfil
La gloria le da esplendor....
El caudillo vencedor
De Puebla en el dos de Abril.

 Por su gloria y los fulgores
De su renombre inmortal
Y por sus timbres mejores;
Es decir, los tres colores
Del pabellón nacional.


Y desde entonces la imagen del charro se quedó grabada en la memoria histórica y folklórica de nuestro país.


  Guillermo de Landa y Escandón,  Cap. Porfirio Díaz Jr,                                 Don Porfirio Díaz 
Los Rurales en una Marcha Matutina. Al Fondo El Castillo De Chapultepec.
en TWEEDIE Alec Porfirio Díaz, Seven Times Presiden Of Mexico
 Hurst And Blackett London 1906




[1] EMERSON, E. The Rurales op. cit.
[2] PEZA, Juan de Dios Las Glorias de México Música Épica Cantos ala Patria. Maucci Hermanos México Buenos Aires Habana 1904 p.  279.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Los Rurales de México 4/7

2.     Agentes de la Paz Porfiriana

 Además del desarrollo de los ferrocarriles, los Rurales fueron uno de los principales recursos utilizados por  Díaz  para establecer la llamada Paz Porfiriana. (Un período de adelanto económico, paz social – muchas veces quizá, mediante la represión – y una imagen de seguridad y prosperidad que motivó la inversión de capitales extranjeros en la República). Este recurso humano llamado policía rural, era sobre todo, un individuo particular, con nombre propio.
General Sub-Inspector 1907
Mexico Of The Twentieth Century Vol I
por MARTIN, Percy F. London 1907
¿Qué podemos decir del tipo de personas integrantes  de la policía rural?

 En primer lugar, que eran en su mayoría, campesinos y artesanos que “provenían de las filas de desempleados, de la misma gente cuyas frustraciones trataba de controlar el gobierno [1]

Es posible que entre sus tropas hubiera algún ex-bandido o salteador como vimos antes, sin embargo, un conocedor a profundidad de este tema, Paul Vanderwood expone que “No existe ninguna evidencia de que Díaz haya reclutado deliberadamente bandidos dentro del cuerpo de Rurales, aunque ese sea el mito popular posrevolucionario. Por el contrario, la documentación indica que la organización hizo todo por deshacerse de personas desprestigiadas…” La leyenda de que las tropas estaban formadas por ex bandidos era fuerte incluso entre los mismos Rurales.  Me informó un rural, (escribe E. Emerson en un artículo de 1911) que uno de los más famosos entre todos ellos, que como bandido aterrorizó el territorio salvaje de Tepic entre la costa del Pacífico y Guadalajara, prestó juramento como líder rural al mismo Porfirio Díaz.”[2] Y en el mismo artículo se relata la anécdota de cómo Díaz lo capturó y le dio a escoger entre la muerte o el reclutamiento. Emerson advierte “Este tipo de historias abundan y algunas son probablemente ciertas”[3].

Podemos decir también que los Rurales eran gente sencilla y que, aunque el reglamento de 1880 estipulaba, entre los requisitos para ser admitido, el saber leer y escribir, no obstante el 50% de los miembros era analfabeto[4].

Domando A Un Bronco 1911
Por Edward Borein
Eran en su mayoría expertos jinetes, y tenían gran conocimiento del terreno. La mayor parte de la literatura referente a los Rurales, sobre todo la literatura extranjera, hace referencia a sus habilidades excepcionales en el dominio del caballo, la soga y el terreno en que se desarrollaban. Emerson, quien convivió con ellos como su escolta a principios del S. XX escribe: “… fue (Porfirio Díaz) quien (los) condujo… a su nivel actual de eficacia, sobresaliendo esta caballería nativa sobre la de otros lugares, sean la de los cosacos, ulanos, húsares, la policía montada de Canadá e incluso los Rangers de TexasComparado a los rurales, nuestra propia caballería regular y la de la mayoría de los grupos militares europeos serían calificadas de infantería montada. Los rurales son jinetes por excelencia[5]. Otros autores de la misma época, califican a los Rurales como “el único cuerpo de soldados de su tipo en el mundo[6]. Por lo general los autores se despliegan en elogios a las destrezas ecuestres de nuestros rurales e incluso, afirma Vanderwood,  “cuando Estados Unidos ocupó Cuba en 1898, las autoridades militares tomaron como modelo a México para la creación de la fuerza rural policíaca de Cuba”[7].

La principal función del policía rural, como quedaba estipulado desde el primer decreto de Juárez, era la vigilancia de los caminos, atrapar a los delincuentes y sospechosos para ponerlos en manos de las autoridades, sin embargo ésta no fue su única tarea. Conforme la paz porfiriana fue impregnando a la república, los Rurales iban diversificando sus funciones. Por su extraordinario conocimiento del campo, eran requeridos como guías y escoltas para expediciones científicas del gobierno, estudios geodésicos y otras empresas gubernamentales. Actuaban como escolta montada de gobernantes, jefes políticos, transportes valiosos y viajeros extranjeros cuando las condiciones del país así lo requerían. En alguna ocasión debieron transportar el correo[8] y hasta  un párroco de pueblo trató de utilizarlos ¡para recolectar el diezmo![9]

Parece que conforme iba envejeciendo el régimen de Díaz, con él se fueron acentuando la corrupción y el desorden entre los guardias rurales. Se emitieron una gran cantidad de reglamentos muy detallados con el fin de controlar las actividades de los guardias, pero se hizo poco para ponerlos en práctica, después de una inspección por parte del ministerio de Gobernación se encontró que “muchos Rurales ocupaban puestos políticos o administraban cantinas a las que los obreros se veían obligados a asistir, o servían como fuerzas policíacas personales de cafetaleros extranjeros que tenían que recurrir a la represión para mantener el control sobre sus peones. … En los cuarteles encontraron oficiales borrachos, guardias que no sabían montar y a uno de ellos que, siendo el herrero, tenía miedo a los caballos[10].

No se debe generalizar y no todos los guardias eran corruptos y frecuentemente, los que sí lo eran, iban presos por su crimen, fuera civil o militar. Sin embargo los excesos de los Rurales eran frecuentemente denunciados por las autoridades locales (principalmente los alcaldes). De los variados incidentes que refiere Vanderwood sobre los excesos de la policía rural no está de más citar el siguiente: “En una hacienda en el estado de Veracruz literalmente (el policía rural) retorció sus sables al azotar a los peones para mantenerlos bajo control, mientras su superior, un teniente, se probaba un uniforme norteamericano y practicaba su inglés brindando con los supervisores de la hacienda… estos abusos descubiertos por algún investigador, parecen haber permanecido impunes[11].
Rurales en Revista 1911
Por Edward Borein



[1] VANDERWOOD Paul J. Los Rurales procucto de una cecesidad social. En: Historia mexicana, v.22, no. 1 [85] El Colegio de México (jul. sep., 1972) p. 39.
[2] EMERSON, E. The Rurales op. cit.
[3] IBIDEM
[4] Cfr. VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 40
[5] EMERSON, E. The Rurales op. cit
[6] TWEEDIE Alec Porfirio Díaz, seven timespresiden of Mexico Hurst and Blackett London 1906 p 278.
[7] Cfr. VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 47.
[8] Cfr. EMERSON, E. The Rurales op. cit
[9] Cfr. VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 42.
[10] IBIDEM p. 46.
[11] VANDERWOOD Paul J. Los Rurales op cit p. 45

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