miércoles, 31 de marzo de 2010

Cebrián de la Nada fundador de Monterrey !

Se me ocurre hablar de algo religioso ya que estamos en semana santa. Es la historia, o la leyenda, de este fraile que, por otra parte, me tiene muy confuso, no él, el pobre, ni su alma (que Dios la tenga en su gloria), sino su historia. Comienzo con lo más fiable. El cronista de Monterrey, Israel Cavazos, en su Breve historia de Nuevo León, menciona a un Cebrián de Acevedo Ovalle, que hizo gestiones en 1600 para llevar frailes franciscanos al Nuevo Reino de León. Y dice textualmente:
“El padre Acevedo ha dado origen a interesantes estudios tendientes a establecer su identidad con la del célebre fray Cebrián de la Nada”.
Sería interesante saber cuáles son esos estudios a que él se refiere. Pero no estamos de suerte porque al respecto no dice más.
Por su parte Eugenio del Hoyo analiza la versión de “dos raros folletos” en los que se habla de un fraile asturiano, Cebrián de Llanos o de la Nada, nacido en 1529, de la orden hospitalaria o de los juaninos. que, entre otros datos, se dice fundó un beaterío en Guadalajara, misionó entre los indios de Cerrogordo y de allí pasó a fundar Monterrey! Allí sostuvo las misiones con los beneficios de dos minas cercanas. Se retiró anciano a Guadalajara y murió el 4 de enero de 1606 a los 77 años. (Cfr. Eugenio de Hoyo, Historia del nuevo Reino de León 2005). De Hoyo concluye que el caso de Cebrián de la Nada es
“un curioso caso que ilustra cómo se puede formar un personaje de leyenda fundiendo varios personajes reales”.
Los personajes reales de esta leyenda serían el bachiller Cebrián de Nava que fundó un beaterío en Guadalajara pero no era juaninio ya que la orden entró a Guadalajara en 1608 y el otro personaje es Cebrián de Acevedo Ovalle, sacerdote secular uno de los principales pobladores del Nuevo Reino de León, uno de sus mineros más importantes y socio de Diego de Montemayor el Mozo. Eugenio de Hoyo no continúa su argumento, lo suspende sugiriendo que el apellido de Llanos evoca al famoso obispo de Monterrey y el apelativo “de la Nada”, a la forma en que firmaba fray Margil de Jesús (misionero franciscanos): “de la mesma nada”, ambos personajes del siglo XVIII.

No sé si posteriormente a la primera edición de la Historia del Nuevo reino de León de Eugenio del Hoyo, éste habrá tenido oportunidad de conocer los folletos a los que se refiere, de cualquier manera, en el 2005 que se hace la reimpresión de su libro no se aclara nada al respecto.

Y entonces, apareció la maravilla de Google y su increíble caudal de información. Descubrí allí un volumen publicado en Madrid en 1716 sobre la historia de la orden de San Juan de Dios con el título Chronologia Hospitalaria en el que se narra la vida de Cebrián de la Nada. Yo creo, sin estar seguro, que los folletos a los que se refiere del Hoyo son una copia (modificada o no) de un texto que incluye los capítulos LXIX al LXXVII del libro III de este volumen, sobre las fundaciones juaninas en América. Los acontecimientos de la vida de este personaje parecen seguir la misma secuencia que del Hoyo narra. Pero hay algunas diferencias. La primera y más notable es que en este volumen de 1716 nunca se apellida a Cebrián de la Nada como de Llanos, ni tampoco que haya sido juanino toda su vida, sino solamente el último año de su vida. (Hice un documento aparte con el original de la Vida de Cebrian de la Nada lo pueden encontrar aquí: Vida del Venerable Siervo de Dios...)

El autor de la obra Chronologia Hospitalaria, de 1716 en la que se escribe la historia de Cebrián de la Nada no puede dar referencia sobre sus padres o lugar de nacimiento porque
“lo merecimos ya cargado en años”
dice. Entre sus parientes se cuentan sus tíos: un contador real de la Ciudad de México y un prior agustiniano también de la ciudad de México.

Fue a Nueva España buscando riquezas, “como todos”, pero durante la travesía casi naufraga el barco, y él hizo voto de convertirse en sacerdote si se libraban de aquella tragedia.
“Tenía edad de veinte y tres años, y corría el de mil quinientos y cuarenta y seis”
cuando llegó a Veracruz, después se trasladó a Puebla, donde se compromete a casarse pero, cae enfermo y disuelve el compromiso. Por fin pasa a México allí se hospeda con su tío el prior de los agustinos donde estudia y recibe las órdenes menores a los 25 años y más tarde pasa a Guadalajara para ser ordenado sacerdote por Francisco Gómez de Mendiola, porque “faltaba el obispo de México” En Guadalajara fundo un Colegio para educar a los monaguillos. Hizo más tarde un “recogimiento” para doncellas criollas y llamó a Doña María de Carvajal de la ciudad de México como profesora.

Regresa a la ciudad de México donde el virrey Luis de Velasco le encarga reparar el santuario de Monserrate. Allí quiso hacer también un recogimiento para doncellas como el de Guadalajara, pero llegaron los monjes benedictinos y se quedaron con la casa.

Después de entregada la casa a los benedictinos se va a predicar a los chichimecas
“que tanto daño han hecho á nuestros Españoles en la Nueva España, como los Indios Chilenos en el Perú” (¡!)
a Cerro Gordo, en Zacatecas.

En seguida narra los sucesos de sus travesías entre los “Cichimecas” pacíficos y guerreros.

“En estas conversiones entendió muchos años el Varón Santo, y aunque gastó mucho mas del caudal que tenia en ellas, agasajando los Indios de paz, para que los conduxessen por veredas no conocidas á reducir á los guerreros, y á los mismos guerreros para suavizarlos (…) Tenía yá gran numero de Indios reducidos, y hazia las Misiones mas á lo descubierto porque le acompañaban muchos y también Soldados Españoles, para guarda , y defensa de su persona”.

Descubrió dos minas, “una de Tonia y la otra de San Andrés” con las que subsidió sus misiones. Fue entonces que pasó a fundar la población de Monterrey en uno de los valles de aquellos lugares. Había un valle
”… que estaba muy vezino á las minas que se avian descubierto, de buen temperamento, y buenas aguas…”
y consultando con algunos Españoles Soldados veteranos se dispuso que se fundara allí la población de españoles e indios “reducidos” que trabajarían haciendo las edificaciones de la ciudad, principalmente la iglesia.
“Llego a ser tan grande la población, que se le dio el nombre de Ciudad, que se llamasse Monte-Rey, porque debía de aver nacido en la de España, y quiso eternizar el nombre de su Patria en aquellos Orbes… repartio las viviendas de las casas entre Españoles Soldados, y Indios reducidos, haciendo gobierno de Corregidor, y Alcaldes Indios, pero sujetos al gobierno de Corregidor. Aunque assistia animado a los indios que hazian la poblacion el Varon Santo, no dexaba las entradas en los guerreros, prosiguiendo sus misiones, y trayendo á la nueva población nuevos Indios reducidos”.

Una vez establecida la ciudad, Cebrián hizo venir de Zacatecas a “dos religiosos franciscanos ministros grandes” para que fundasen el convento franciscano en Monterrey. Más tarde, con su caudal, apoyó la labor de Fray Fco. de S. Miguel y Fray Agustín en la “conquista espiritual” de Nuevo México.

Dice el autor que en 1612 Cebrián tenia 76 años pero parecía de más de 100. Sería aquel el año en que ingresó a la orden de los juaninos y un año más tarde murió.

En este recuento de la vida de Cebrián de la Nada hay algunos datos confusos y otros curiosos.

Primero, el autor dice que Cebrián llegó a Veracruz en 1546 de 23 años y que murió en 1613 de 77. No pega. Si es verdad el primer dato entonces murió a los 90 y si es verdad del segundo entonces no llegó de 23. Lo que parece más lógico es que esté equivocada la fecha de llegada a Veracruz y en vez de ser 1546 sea 1576.

Segundo: dice que se ordenó sacerdote en Guadalajara con el obispo Mendieta, ésto coloca la época de su ordenación entre 1573-79.

Tercero: si es verdad que reconstruyó el santuario de Monserrate y lo dejó una vez que llegaron los benedictinos a él, quiere decir que se fue a las misiones entre chichimecas después de 1590 (fecha en que se funda el santuario según A. Vetancurt (Cfr. Augustín de Vetancurt Teatro Mexicano: descripción breve de los sucesos e ejemplares, históricos, políticos, militares y religiosos del Nuevo Mundo Occidental de las Indias, Volúmenes 1-2 Escalante y Ca., 1870).

Sin duda el relato de 1716 sobre la vida de fray Cebrián es un documento en el que se hace difícil separar los datos históricos de la leyenda. No se concretiza el nombre y apellido reales de este sacerdote. Puede ser que se trate del Padre Cebrián Acevedo y Ovalle que estuvo entre los fundadores de la ciudad de Monterrey y en 1600 hizo las gestiones necesarias para llevar frailes franciscanos a la Ciudad. Puede ser que sólo sea, como dice del Hoyo, un personaje de leyenda producto de la mezcla entre historias reales y míticas. Y en el relato en cuestión, además con la carga de lectura piadosa para enardecer el fervor religioso de los padres juaninos. No deja, sin embargo, de ser un relato muy interesante, en el que se reflejan ciertas particularidades de la época en que fue escrita, como el dato de que hay muchos sacerdotes que no saben decir la misa “y ojalá no fueran tantos”, o detalles curiosos como el hacer referencia a la belleza de las mujeres tapatías:
“y las más de aquel reino las ha dotado el Cielo de muy buenas caras”.
Es sugestiva también la descripción de los nativos que en ese tiempo eran llamados generalmente chichimecas:
“…traen la cara rayada á trechos en proporció, así hombres como mujeres, y se conocen por la diferencia de las rayas, la diferencia de Nación que ay entre ellos, Los rayan quando niños, a la manera que rayan en España los esclavos, pero las rayas de los Chichimecas tiran más á color de cardenillo…”
Al final, como inevitable conclusión, queda el misterio de este personaje que me parece quiso ser misterioso siempre si se hacía llamar Cebrián “de la Nada”.

Por cierto las imágenes de santos que incluyo (exceptuando la primera tarjeta postal de Cebrián de la Nada, colección de la UACJ Universidad Autónoma de Ciudad Juárez) no tienen mucho que ver con el tema, son solo las imágenes que pertenecen a los primeros catecismos y diccionarios de los misioneros y sacerdotes en México. Muchas otras ilustraciones se pueden encontrar en este tipo de libros en este link



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domingo, 21 de marzo de 2010

Pequeño Monterrey de 1791

Es interesante analizar los mapas coloniales de nuestras ciudades y pueblos. Aún cuando no tenían la exactitud de los satélites que utiliza Google Earth, muestran la necesidad de dominio sobre el terreno. Conocer lo que hay en cada rincón de la ciudad es, de alguna forma, atraparla. Así el mapa de Cristobal Bellido Faxardo, guardián y comisario de misiones, del 15 de Febrero de 1791, nos descubre un Monterrey organizado a la manera colonial: en el núcleo la plaza de armas, la iglesia y la casa de gobierno, y en torno a éstos, las viviendas de los vecinos destacados por ser descendientes de los fundadores, los líderes o acaudalados y más allá están las casas de la gente común, la que no tiene para una casa de piedra y se debe conformar con su humilde choza. Y por todas partes, el agua.
(Hacer click en el mapa para verlo más grande)
Este pequeño Monterrey de unas 4, 742 varas (unos 4, mil metros) de largo, colinda al norte con los Ojos de Agua de Santa Lucía, al sur y al este con el río Santa Catarina y al oeste llega hasta el Obispado. Los vecinos se encuentran poblando Nuevo Santander y Texas. Son pocos los que se quedan en la ciudad. De 3,000 habitantes que había en 1746, sólo quedaban 600 en 1754. Pero parece haber una fuerza expansiva, lenta pero aplastante. Como quiera que sea, la ciudad no se estanca, sigue creciendo. La parte superior del Mapa, dividido aquí en 2 fragmentos, muestra una ciudad dinámica, con por lo menos 10 puentes, 23 acequias, 75 pozos de agua o norias, 4 iglesias, calles y caminos, la residencia y el palacio del obispo, la plaza y la casa del alférez real.El mapa completo se encuentra en el Archivo General de la Nación y se puede consultar on line aquí.

También se encuentra en la biblioteca digital de la UANL que es el que yo utilicé aquí para la edición por ser más claro.

De la leyenda al pie del mapa, aquí solo copié y edité algunos puntos como las norias, puentes, casas, calles, etc. Pero la transcribo aquí completa con la misma ortografía con la que está escrita en el original.


Mapa de la Situacion de la Ciudad de Monterrey en el nuevo Reyno de con el Numero de Casas de Jacales o Chozas el de Posos o Norias Azequias de Agua que hai del piso que ocupa la Ciudad en el estado presente al que podrá en lo sucesivo. [Varas Castellanas que comprende de Oriente a Poniente y de Norte a Sur la dife]
A. [falta]
B. Plaza Principal, con ciento treinta Varas de Claro
C. Calles principales de Oriente a Poniente y entradas y salidas de Caminos Reales para varias partes del Obispado fuera de el
D. Combento de Nro. S. P. S. Francisco
Ȼ. Capillita de Sta Rita
F. Yglesia caída y Solar de Sn Francisco Xavier de los Jesuitas
G. Palacio Episcopal y Casa de Alferez Real
h. Callexones que atraviesan la Ciudad de Norte a Sur y entradas y salidas por el Norte para varias partes
I. Capilla de la Purisima que llaman de la Sapatera

J. Palacio que fabrici el Sor Opo. Verger en una Loma distante de la Plaza de la Ciudad Tres mil seisientas Varas cuyo piso esta mas alto Ochenta y siete y media Varas Respecto a el de la Ciudad y su Plaza

K. Veinte y tres Azequias de Aquua que circundan a toda la Ciudad por las quatro principales rumbos y con que se abastesen los Vecinos.
L. Rio de Sta Catarina que corre de Poniente a Oriente a Orilla de la Ciudad
M. La Sierra Madre y Lomas que corren de Poniente a Oriente

N. Cerro mui alto que llaman de la Silla
O. Ojo de agua mui grande y permanente
O.O.O. Varios Ojos de agua medianos y no permanentes
P. Arroyo que forman los referidos ojos de agua el que juntándose con las aguas del grande hacen un Rio hasta llegar a incorporarse con el de Sta Catarina.
Q. Cerro del Topo, dista dies y media legua de la Ciudad
RR Dos ojos de Agua Azufrosa que nace al pie del Ojo Seco (¿?)

S. Otro Ojo de Agua dulce pequeño y permanente
T.T. Dos mil trescientas setenta Varas que hay desde el principio de la Ciudad por el Oriente hasta la Compartición de la Agua lignea recta al Poniente

TY.TV. Dos mil setenta y dos Varas que hay desde la Compartición de el Agua hasta el pie de la Loma donde esta el Palacio nuebo lignea rrecta advirtiendo que desde la Comparticion hasta el dicho pie de la Loma hay diez Varas y media más alto del piso y desde la Plaza de la Ciudad hasta el Compartimiento nuebe varas y media que juntas hacen Veinte Varas por lo cual se experimenta otro distinto temperamento
V. Compartición de las Aguas

X. Setenta y cinco pozos o Norias que son las que hay en toda la Ciudad
Y. Varias Puentes para transitar asi por las Calles como por los Caminos de la Ciudad.

[Dibujo de una casa de dos pisos] Son el Numero de Casas fabricadas de Piedra de Cantera y Mescla

[Dibujo de dos casas con techo a dos aguas] Son Jacales o Chozas fabricadas de Palos o Adobes y techadas de Yerba o la casa de Sabino
ZZ Seiscientas sesenta Varas que tiene de ancho la Ciudad.
K.L. Azequia de tres quartas de agua que compro su Señoría Yl[ustrosíma] para beneficio de la Ciudad la que viene más alta del piso de la plaza principal treinta y seis varas =s; pudiéndose llevar el agua hasta diez leguas de distancia, así por el Rumbo del Norte como por el Oriente.

jueves, 11 de marzo de 2010

El Convento Franciscano de San Andrés



Hablar del convento franciscano de san Andrés es como hablar de un fantasma, o mejor, como hablar de un antepasado cuya silenciosa historia termina con un trágico desenlace. Es también el símbolo del pasado aplastado por el ansia de progreso, de modernidad y desarrollo. Pero está presente como símbolo en el mismo núcleo de la conciencia regiomontana: en el escudo del Estado de Nuevo León.


Dice Armando V. Flores que Fray Andrés de León lo fundó en 1602 y lo consagró al santo de su nombre: San Andrés. Israel Cavazos dice que fueron fray Lorenzo González, el viejo y fray Martín Altamirano quienes fundaron el convento de Monterrey, en 1602, bajo la advocación de San Andrés.

Pero la historia de este convento parece estar marcada por acontecimientos trágicos. Inundaciones, incendios e insensatez humana se confabulan en su contra.

En 1611 una inundación arrasó con las edificaciones de la ciudad. Los vecinos decidieron trasladar el trazo de la ésta hacia el sur. En el mapa que se muestra aquí puede verse este nuevo trazo, con la plaza de armas y el convento en el lado sur de la ciudad. (Plano del 15 de Febrero de 1791 y su comparativa actual)




En 1626, según un inventario de las construcciones de la ciudad, el convento contaba con torre fuerte, buenas campanas y cementerio grande para entierro de naturales.

El convento comenzó teniendo techo de paja o zacate y además de los deterioros por inundaciones que debió sufrir, también se incendió y quedó en la ruina. Pero en 1753 ya estaba nuevamente rehecho y mejorado. Fray Francisco Cabrera, guardián del convento, describe el templo de San Francisco...

...con una longitud de cuarenta varas (33.44 m), de latitud más de nueve (7.52 m) y de altitud diez varas (8.36 m). Puso en la fábrica de dicha iglesia especialísimo esmero en su portada (...) sobre el arco primero de la principal puerta de la iglesia (...) sale derecha una cornisa sobre la que descansa en su medio la ventana del coro curiosamente labrada, y a sus lados tiene la dicha ventana de su igual tamaño fabricados dos nichos bien pulidos y hermosos; en el uno de ellos, que es el del lado derecho, está una devotísima y bien hecha imagen de Nuestro Padre Santo Domingo, de bulto, de piedra cantería, de cuerpo entero, todo de una pieza, y del mismo modo está en el nicho del lado izquierdo Nuestro Padre San Francisco (...) sobre dicha ventana y nichos sale otra cornisa (...) sobre la que estriba y descansa siguiendo el mero medio de la ventana un nicho grande muy vistoso dentro del que está una hermosa y devota imagen de San Andrés, titular de este convento, fabricada de la misma materia de piedra cantería, la que tiene su repisa, aún más pulida y curiosa que las otras dos."
Su techo de bigas de encino reticuladas en rombo era único en la región, el piso era también de madera machimbrada. (Flores Salazar, Armando El Convento franciscano de San Andrés en Línea del Tiempo Biblioteca de la UANL)


En 1860 El Gobernador del Estado Santiago Vidaurri hace cumplir la Ley de Lerdo de apropiación de los bienes de la iglesia y
las piezas del referido ex convento que miran a la calle de San Francisco (hoy Calle de Abasolo) (...) y todo el primer patio quede separado para el establecimiento de escuelas gratuitas de la municipalidad de esta capital, quedando ese edificio a cargo del Ilustre Ayuntamiento para su conservación y mejora, a fin de que llene el objeto a que se destina”.
Entre 1864 y 1870 opera allí el Colegio Civil antes de pasar a su sede definitiva. Cuando se trasladó la sede del colegio, el convento pasó a ser cárcel municipal hasta fines del siglo XIX.

Incluso en el estado ruinoso en que seguramente se encontraba en 1887 como cárcel provoca la admiración de los visitantes. En una guía descriptiva de la época se le describe así:
La antigua Iglesia parroquial de San Francisco, una cuadra al sur de la plaza, es la reliquia arquitectónica más interesante en la ciudad. Data de 1590 (…) Es la Iglesia más vieja de la ciudad y es un buen ejemplo de la austera pero sólida arquitectura clasificada como de Franciscanos Primitivos (…) Merece la pena visitar su pintoresco interior con aperturas hacia el antiguo claustro. Muy pocas de las iglesias mexicanas existentes conservan el techo con las vigas cruzadas en cuadrícula, característico de esta estructura y tiene su contraparte en la de Coyoacán (…) La extraña inscripción latina a lo largo de la viga que sostiene el coro, hace referencia a la reconstrucción de la entrada (Porta Coeli-Puerta del Cielo) en 1842.”

“The old Parochial Church of San Francisco, one block South of the plaza (PI. D, 4), is the most interesting architectural antique in the city. It dates from 1590 and was founded as the Parroquia de San Francisco with San Andrés as its patron saint. It is the oldest of the city churches and is a good example of the austere but sturdy architecture classified as the Early Franciscan, and described at p. cxxix. Its quaint interior, which opens on to the old cloister, is worth inspecting. Very few of the existing Mexican churches retain the curious old cross-beams, in the ceiling, that are features of this structure, and its counterpart at Coyoacan (p. 408). The quaint Latin inscription which runs the length of the beam supporting the organ-loft refers to the reconstruction of the entrance (Porta cœli — door of Heaven) in 1842.” (Cfr. More Johnson, Hannan About Mexico Past and Present Presbiterian board of publication 1887
Las Guías del viajero (del siglo XIX) publicadas en Estados Unidos muchas veces hacen referencia a este Convento como uno de los principales puntos de visita. Hablan de este convento como un lugar en el que se pueden comprar artículos nativos en su cárcel. (Appletons' guide to Mexico: including a chapter of Guatamala, and a complete ... por Alfred Ronald Conkling de 1884.

Los visitantes extranjeros sentían admiración por este templo y convento a pesar de su condición ruinosa o quizás por ésta. Se puede leer en el American Magazine de 1884:
“Sería suficientemente tenebroso y oscuro el interior de la vieja iglesia si no fuese por la cantidad de velas que la fe han mantenido ardiendo a través de los siglos. A cualquier hora del día o de la tarde que uno entre hay siempre feligreses de rodillas recitando sus oraciones en español o susurrando a través de la rejilla del confesionario. El gusto de los ancestros parece haberse juntado con el extraordinario colorido y toda la familia de santos se vistió de los colores del arco iris. Los Cristos desmedidamente cruentos y lúgubres muchas veces de piernas moradas y cabellos azules y rosas tan grandes como coles brotando de las heridas de las manos y pies y, en el corazón de cada Dolorosa, una daga real se ostenta con orgullo. Esta vieja Iglesia de San Francisco fue de gran fascinación. Uno ama subir a la mohosa torre y sentarse junto a los pájaros y entre sus herrumbrosas campanas mirando hacia abajo y entre los pasillos desiertos ahora crecen yerbas donde monjes y monjas caminaron en otros días mientras el canto del viento parece hacer eco de las voces de aquellos quienes padecieron bajo las cúpulas en el nombre del misericordioso Jesús”.

It would be dark and gloomy enough within the old church were it not for many candles which the faithful have kept burning through all the centuries At whatever hour of day or evening one enters there are always worshipers upon their knees murmuring their Spanish prayers or whispering at confessional gratings The taste of the early fathers seems to have rioted in gorgeous coloring and the whole Blessed Family saints included are clad in all the colors of the rainbow The Christs are exceedingly bloody and lugubrious often with purple legs and blue hair and roses as large as cabbages growing out of the wounds in hands and feet and from the heart of each Mother of Sorrows a real dagger is ostentatiously protruding This old Iglesia de San Francisco has a wonderful fascination One loves to climb it moldy tower and perch with the birds among its rusty bells looking down into the courts now weed grown and deserted where nuns and monks walked in other days while the sighing of the wind seems echoing the voices of those who suffered in the vaults beneath in the name of the merciful Jesus . Ward Mostebet, Fannie B., Monterey, The Metropolis of Northen Mexico en The American magazine, Volume Vol XVII No. 3 17 Marzo 1884
Ya desde 1867, se empezaba a urdir la idea de derrumbar el Convento con la premisa absurda de alargar la calle Zaragoza hasta el río, "pues así lo requería el ornato de la ciudad" pero las autoridades eclesiásticas encabezadas por el obispo Francisco de Paula Vera lograron, en esa ocasión salvarlo, por casi 50 años más.

Convento franciscano de San Andrés después de la Inundación de 1909


La trágica inundación de 1909 no solamente fue el augurio de tiempos revueltos en Monterrey y México en la víspera de la Revolución, sino que además hizo bastantes estragos en el ya vetusto convento. Aún y eso, fue restaurado totalmente, y la torre campanario se completó agregándole como remate una cúpula con linternilla.


Lo que no pudieron hacer las inundaciones y el fuego, sí lo hizo la inconsciencia humana. Inútil culpar a nadie. El convento no puede recuperarse. De la época anticlerical de principios del siglo XX, el convento de San Andrés es su principal víctima. Y se decreta la demolición del Convento en 1914, siendo gobernador Antonio I. Villareal.

De la devastación de templo e imágenes "fusiladas" sólo se pudieron rescatar unos cuantos objetos:
"en el museo El Obispado se encuentran la escultura Tequitqui de Santo Domingo y la pila bautismal del siglo XVII, la viga de sabino del siglo XVIII con la dedicatoria del templo, el portón principal del Templo que funciona hoy como el portón de acceso al Museo, mientras las campanas siguen replicando hoy en día en la espadaña del Santuario de Guadalupe de la vecina colonia Independencia".
(Flores Salazar, Armando El Convento franciscano de San Andrés en Línea del Tiempo Biblioteca de la UANL)

Santo Domingo de Gusmán.
Escultura de piedra de estilo Tequitqui que se encontraba en el Convento. Hoy en el Museo del Obispado.
Fotografía de Esparta Palma
Museo Regional de Nuevo León, Ex Obispado.

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El Convento Franciscano de San Andrés Monterrey, Mexico
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