miércoles, 31 de marzo de 2010

Cebrián de la Nada fundador de Monterrey !

Se me ocurre hablar de algo religioso ya que estamos en semana santa. Es la historia, o la leyenda, de este fraile que, por otra parte, me tiene muy confuso, no él, el pobre, ni su alma (que Dios la tenga en su gloria), sino su historia. Comienzo con lo más fiable. El cronista de Monterrey, Israel Cavazos, en su Breve historia de Nuevo León, menciona a un Cebrián de Acevedo Ovalle, que hizo gestiones en 1600 para llevar frailes franciscanos al Nuevo Reino de León. Y dice textualmente:
“El padre Acevedo ha dado origen a interesantes estudios tendientes a establecer su identidad con la del célebre fray Cebrián de la Nada”.
Sería interesante saber cuáles son esos estudios a que él se refiere. Pero no estamos de suerte porque al respecto no dice más.
Por su parte Eugenio del Hoyo analiza la versión de “dos raros folletos” en los que se habla de un fraile asturiano, Cebrián de Llanos o de la Nada, nacido en 1529, de la orden hospitalaria o de los juaninos. que, entre otros datos, se dice fundó un beaterío en Guadalajara, misionó entre los indios de Cerrogordo y de allí pasó a fundar Monterrey! Allí sostuvo las misiones con los beneficios de dos minas cercanas. Se retiró anciano a Guadalajara y murió el 4 de enero de 1606 a los 77 años. (Cfr. Eugenio de Hoyo, Historia del nuevo Reino de León 2005). De Hoyo concluye que el caso de Cebrián de la Nada es
“un curioso caso que ilustra cómo se puede formar un personaje de leyenda fundiendo varios personajes reales”.
Los personajes reales de esta leyenda serían el bachiller Cebrián de Nava que fundó un beaterío en Guadalajara pero no era juaninio ya que la orden entró a Guadalajara en 1608 y el otro personaje es Cebrián de Acevedo Ovalle, sacerdote secular uno de los principales pobladores del Nuevo Reino de León, uno de sus mineros más importantes y socio de Diego de Montemayor el Mozo. Eugenio de Hoyo no continúa su argumento, lo suspende sugiriendo que el apellido de Llanos evoca al famoso obispo de Monterrey y el apelativo “de la Nada”, a la forma en que firmaba fray Margil de Jesús (misionero franciscanos): “de la mesma nada”, ambos personajes del siglo XVIII.

No sé si posteriormente a la primera edición de la Historia del Nuevo reino de León de Eugenio del Hoyo, éste habrá tenido oportunidad de conocer los folletos a los que se refiere, de cualquier manera, en el 2005 que se hace la reimpresión de su libro no se aclara nada al respecto.

Y entonces, apareció la maravilla de Google y su increíble caudal de información. Descubrí allí un volumen publicado en Madrid en 1716 sobre la historia de la orden de San Juan de Dios con el título Chronologia Hospitalaria en el que se narra la vida de Cebrián de la Nada. Yo creo, sin estar seguro, que los folletos a los que se refiere del Hoyo son una copia (modificada o no) de un texto que incluye los capítulos LXIX al LXXVII del libro III de este volumen, sobre las fundaciones juaninas en América. Los acontecimientos de la vida de este personaje parecen seguir la misma secuencia que del Hoyo narra. Pero hay algunas diferencias. La primera y más notable es que en este volumen de 1716 nunca se apellida a Cebrián de la Nada como de Llanos, ni tampoco que haya sido juanino toda su vida, sino solamente el último año de su vida. (Hice un documento aparte con el original de la Vida de Cebrian de la Nada lo pueden encontrar aquí: Vida del Venerable Siervo de Dios...)

El autor de la obra Chronologia Hospitalaria, de 1716 en la que se escribe la historia de Cebrián de la Nada no puede dar referencia sobre sus padres o lugar de nacimiento porque
“lo merecimos ya cargado en años”
dice. Entre sus parientes se cuentan sus tíos: un contador real de la Ciudad de México y un prior agustiniano también de la ciudad de México.

Fue a Nueva España buscando riquezas, “como todos”, pero durante la travesía casi naufraga el barco, y él hizo voto de convertirse en sacerdote si se libraban de aquella tragedia.
“Tenía edad de veinte y tres años, y corría el de mil quinientos y cuarenta y seis”
cuando llegó a Veracruz, después se trasladó a Puebla, donde se compromete a casarse pero, cae enfermo y disuelve el compromiso. Por fin pasa a México allí se hospeda con su tío el prior de los agustinos donde estudia y recibe las órdenes menores a los 25 años y más tarde pasa a Guadalajara para ser ordenado sacerdote por Francisco Gómez de Mendiola, porque “faltaba el obispo de México” En Guadalajara fundo un Colegio para educar a los monaguillos. Hizo más tarde un “recogimiento” para doncellas criollas y llamó a Doña María de Carvajal de la ciudad de México como profesora.

Regresa a la ciudad de México donde el virrey Luis de Velasco le encarga reparar el santuario de Monserrate. Allí quiso hacer también un recogimiento para doncellas como el de Guadalajara, pero llegaron los monjes benedictinos y se quedaron con la casa.

Después de entregada la casa a los benedictinos se va a predicar a los chichimecas
“que tanto daño han hecho á nuestros Españoles en la Nueva España, como los Indios Chilenos en el Perú” (¡!)
a Cerro Gordo, en Zacatecas.

En seguida narra los sucesos de sus travesías entre los “Cichimecas” pacíficos y guerreros.

“En estas conversiones entendió muchos años el Varón Santo, y aunque gastó mucho mas del caudal que tenia en ellas, agasajando los Indios de paz, para que los conduxessen por veredas no conocidas á reducir á los guerreros, y á los mismos guerreros para suavizarlos (…) Tenía yá gran numero de Indios reducidos, y hazia las Misiones mas á lo descubierto porque le acompañaban muchos y también Soldados Españoles, para guarda , y defensa de su persona”.

Descubrió dos minas, “una de Tonia y la otra de San Andrés” con las que subsidió sus misiones. Fue entonces que pasó a fundar la población de Monterrey en uno de los valles de aquellos lugares. Había un valle
”… que estaba muy vezino á las minas que se avian descubierto, de buen temperamento, y buenas aguas…”
y consultando con algunos Españoles Soldados veteranos se dispuso que se fundara allí la población de españoles e indios “reducidos” que trabajarían haciendo las edificaciones de la ciudad, principalmente la iglesia.
“Llego a ser tan grande la población, que se le dio el nombre de Ciudad, que se llamasse Monte-Rey, porque debía de aver nacido en la de España, y quiso eternizar el nombre de su Patria en aquellos Orbes… repartio las viviendas de las casas entre Españoles Soldados, y Indios reducidos, haciendo gobierno de Corregidor, y Alcaldes Indios, pero sujetos al gobierno de Corregidor. Aunque assistia animado a los indios que hazian la poblacion el Varon Santo, no dexaba las entradas en los guerreros, prosiguiendo sus misiones, y trayendo á la nueva población nuevos Indios reducidos”.

Una vez establecida la ciudad, Cebrián hizo venir de Zacatecas a “dos religiosos franciscanos ministros grandes” para que fundasen el convento franciscano en Monterrey. Más tarde, con su caudal, apoyó la labor de Fray Fco. de S. Miguel y Fray Agustín en la “conquista espiritual” de Nuevo México.

Dice el autor que en 1612 Cebrián tenia 76 años pero parecía de más de 100. Sería aquel el año en que ingresó a la orden de los juaninos y un año más tarde murió.

En este recuento de la vida de Cebrián de la Nada hay algunos datos confusos y otros curiosos.

Primero, el autor dice que Cebrián llegó a Veracruz en 1546 de 23 años y que murió en 1613 de 77. No pega. Si es verdad el primer dato entonces murió a los 90 y si es verdad del segundo entonces no llegó de 23. Lo que parece más lógico es que esté equivocada la fecha de llegada a Veracruz y en vez de ser 1546 sea 1576.

Segundo: dice que se ordenó sacerdote en Guadalajara con el obispo Mendieta, ésto coloca la época de su ordenación entre 1573-79.

Tercero: si es verdad que reconstruyó el santuario de Monserrate y lo dejó una vez que llegaron los benedictinos a él, quiere decir que se fue a las misiones entre chichimecas después de 1590 (fecha en que se funda el santuario según A. Vetancurt (Cfr. Augustín de Vetancurt Teatro Mexicano: descripción breve de los sucesos e ejemplares, históricos, políticos, militares y religiosos del Nuevo Mundo Occidental de las Indias, Volúmenes 1-2 Escalante y Ca., 1870).

Sin duda el relato de 1716 sobre la vida de fray Cebrián es un documento en el que se hace difícil separar los datos históricos de la leyenda. No se concretiza el nombre y apellido reales de este sacerdote. Puede ser que se trate del Padre Cebrián Acevedo y Ovalle que estuvo entre los fundadores de la ciudad de Monterrey y en 1600 hizo las gestiones necesarias para llevar frailes franciscanos a la Ciudad. Puede ser que sólo sea, como dice del Hoyo, un personaje de leyenda producto de la mezcla entre historias reales y míticas. Y en el relato en cuestión, además con la carga de lectura piadosa para enardecer el fervor religioso de los padres juaninos. No deja, sin embargo, de ser un relato muy interesante, en el que se reflejan ciertas particularidades de la época en que fue escrita, como el dato de que hay muchos sacerdotes que no saben decir la misa “y ojalá no fueran tantos”, o detalles curiosos como el hacer referencia a la belleza de las mujeres tapatías:
“y las más de aquel reino las ha dotado el Cielo de muy buenas caras”.
Es sugestiva también la descripción de los nativos que en ese tiempo eran llamados generalmente chichimecas:
“…traen la cara rayada á trechos en proporció, así hombres como mujeres, y se conocen por la diferencia de las rayas, la diferencia de Nación que ay entre ellos, Los rayan quando niños, a la manera que rayan en España los esclavos, pero las rayas de los Chichimecas tiran más á color de cardenillo…”
Al final, como inevitable conclusión, queda el misterio de este personaje que me parece quiso ser misterioso siempre si se hacía llamar Cebrián “de la Nada”.

Por cierto las imágenes de santos que incluyo (exceptuando la primera tarjeta postal de Cebrián de la Nada, colección de la UACJ Universidad Autónoma de Ciudad Juárez) no tienen mucho que ver con el tema, son solo las imágenes que pertenecen a los primeros catecismos y diccionarios de los misioneros y sacerdotes en México. Muchas otras ilustraciones se pueden encontrar en este tipo de libros en este link



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2 comentarios:

Juan Crouset dijo...

Muy interesantes todos los datos recopilados sobre el personaje.
Don Eugenio del Hoyo era sumamente minucioso en sus investigaciones, como director de la Biblioteca Cervantina del TEC, tuvo oportunidad de ver muchos documentos interesantes y microfilmes que solicitaba con frecuencia a los archivos de España.
Excelente entrada Leoncillo.
Te mando un saludo.

eljasjorge4 dijo...

Gracias J. Crouset por tus comentarios. Don Eugenio debió haber sido todo un personaje. El estilo en su Historia del Nuevo Reino de León es muy elocuente y a la vez ameno. Saludos y buena suerte.

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