miércoles, 7 de febrero de 2018

¡Que Oso! El amor en los tiempos de mi bisabuelo

¡QUE OSO!
El amor en los tiempos de mi bisabuelo
Jorge H. Elias (2018)

¿Quién en Monterrey no ha “hecho el oso” alguna vez? Yo creo que todos tenemos derecho a hacerlo una vez de vez en cuando.

En realidad no sé qué tan común sea hoy en Monterrey usar los términos “hacer el oso” o “¡qué oso!” para expresar que alguien (quizá uno mismo) ha hecho el ridículo en público.  Durante mi época de juventud esas eran frases comunes. En aquel entonces yo pensaba que eran jerigonza de adolescentes, expresiones de moda pasajera entre nosotros. Resulta que no lo eran.

La expresión “Hacer el oso” es quizá más vieja que andar a pié.  El Diccionario de refranes, adagios, etc., de José María Sbarbi (1922) aporta la siguiente definición: “OSO. – Hacer el oso. Dar alguno lugar con su conducta extravagante a que los demás se rían de él, así como los osos adiestrados por los domadores van por la calle siendo con sus habilidades y proturas mímicas el hazmerreir de las personas.” [1]

En lengua española, zarzuelas, versos, obras de teatro y canciones del siglo XIX y principios del XX, aluden constantemente a ese término.

Pero no sólo el castellano utilizó esa expresión. La referencia más antigua que he encontrado está en lengua italiana. La expresión “fare´ l´orso” (haría el oso, según el contexto de la obra) se halla en el texto: “Rappresentatione di Santo Honofrio composta per mess. Castellano Castellani”[2] sin fecha, pero de principios del siglo XVI en 8 hojas, sobre la vida de San Honofre. En esa obra, la frase aparece en una conversación entre dos campesinos y la explicación del expositor, del siglo XIX, a pié de página, expresa que el enunciado es difícil de entender, aunque puede interpretarse como “haría el (papel de) estúpido”.

La misma expresión, en inglés, “playing the bear” (hacer el papel de oso), con esa misma acepción, de hacer el ridículo, aparece en antiguos textos ingleses y americanos del Siglo XIX. Sin embargo, la mayoría de éstos, al igual que muchos en lengua castellana, la usan con el significado de “cortejar”.  Podemos pensar que un enamorado al cortejar a su amada hace un poco el ridículo, al menos a la vista de los demás. En México, al menos en Monterrey, la expresión se quedó con la significado de hacer el ridículo y no con el de cortejar. Es algo curioso, pues las relaciones de visitas por parte de viajeros y turistas americanos de finales del siglo XIX y principios del XX, constantemente usan la expresión para referirse al cortejo entre las parejas de enamorados mexicanos y no para el hecho de hacer el ridículo, como se usa actualmente.

Y nada, ilustrar el tema de “hacer el oso” o “playing the bear” en el que el varón juega el papel de Oso se convirtió en favorito de muchos escritores americanos de aquella época.  En su libro “An American Girl in México[3], Elizabeth V. Mc Gary (1904) incluye la siguiente escena de cortejo de una elegante pareja de mexicanos.


Sin embargo, el oso puede ser interpretado no solo por los caballeros de la clase media o alta. El “peón” mexicano también estaba en su derecho de cortejar a su amada interpretando su papel de “oso” como aparece en esta imagen que procede del libro. Mexico and her people of to-day…”[4]



En la siguiente imagen otro charro mexicano en su papel de Oso. Imagen procedente de The Taylor-Trotwood Magazine de 1905[5].

Fotografía de C.B. Waite (1904)



Nadie queda exento de hacer su papel de oso, ni el aristócrata, ni el comerciante ni el extranjero que visita México. Así lo dejan claro los Muchachos Viajeros de la Editorial Harper and Brothers  y lo dejan ilustrado con esta imagen de “un oso afortunado” de 1890[6].

Siguiendo las costumbres de nuestros ancestros, los jóvenes en México no tenían la libertad de relacionarse entre ellos como pareja de novios, ni siquiera de amigos. Antes de comprometerse protagonizaban ese largo ceremonial conocido entonces como “jugar al oso” o “hacer el oso”.  Esto no significa que el joven diera rienda suelta a sus instintos una vez que él mismo (como oso), atrapaba a su víctima.

El pretendiente generalmente rondaba la cuadra y la ventana de la su amada varias veces al día. Se suponía que entre la pareja no había mucha conversación y sí muchas miradas tímidas y  medrosas reverencias. Digamos que el joven Don Pascual estaba interesado en la Señorita María Isabel… La había visto salir de misa un domingo por la mañana y allí empezó su amor por ella. Pascual procuraba entonces seguirla a la distancia, para que los padres de María Isabel no se dieran cuenta de sus intenciones. Después de seguirla pudo cerciorarse de su domicilio exacto. En casa de Isabelita, como en todas las de la ciudad, habría una gran ventana de barrotes de fierro, resguardando el honor de la familia.

Haciendo el Oso en el Monterrey de 1900. 
Colección Maria Luisa Barragán de Lamadrid, Fotografía compartida en el Blog de Fermín Tellez (2009)

A una cierta hora de la tarde, e incluso varias veces al día, el devoto amante se colocaba tras la ventana de la señorita y cuando ella aparecía, él podía detenerse y contemplarla, intercambiar miradas y sonrisas. Quizá una pequeña nota de amor procurando que los padres de la señorita no se enterasen.  Don Pascual iría todos los días a repetir la escena. Sabía que si permanecía fiel y persistía en esto unos dos o tres años, finalmente se le permitirá pretender a su amada y hablar con ella en presencia de Doña Carmelita, la tía "solterona" de Isabelita, o de algún otro miembro de la familia. Si todo se daba convenientemente  se casarían y vivirían felices hasta el final de sus días, como en un cuento de hadas.

"Oso tras su presa". Imagen procedente de The Ladies' home journal v14 1896-1897

Hacer monadas, no era la única estrategia del Oso para conquistar a su amada. La estrategia más halagadora era ofrecerle una serenata. Y según Elizabeth McGary en su especie de diario “Una Muchacha Americana en México”, si la Señorita que escuchaba la serenata aplaudía al final de ésta, eso significaba corresponder a las intenciones del oso. Él podía entonces pretenderla y alentar la esperanza de algún día hacerla su mujer.

Mariachis listos para ofrecer una serenata. Imagen procedente de Cupid´s ways in Mexico  en The Taylor-Trotwood magazine v1-2 1905-06

En el caso de Don Pascual y Doña Isabelita, que en 1885 se casaron casi al rebasar apenas su adolescencia, los acontecimientos se fueron sucediendo dócilmente. Después de un tiempo “prudencial” los padres de Isabel accedieron a que Don Pascual visitara a su hija e hiciera planes para su boda en el Pueblo. Se casaron, tuvieron muchos hijos y vivieron felices para siempre. Al menos esa era la versión de los hechos según mi papá, nieto de Isabelita y Don Pascual.

Termino este artículo con unos versos de la obra musical madrileña “Hacer el Oso” en los que el término es usado expresando sus dos acepciones: hacer el ridículo y cortejar. La obra se estrenó en el teatro de los Bufos Madrileños (Variedades) la noche del 5 de Febrero de 1867:

“Sí: es cosa muy vulgar,
aunque al oirlo te asombres,
que hagan el oso los hombres;
y te lo voy á probar.
El que á una mujer hermosa,
á cambio de una sonrisa,
no niega ninguna cosa
y se queda sin camisa
por goloso,
¿no hace el oso?
El que en vil prosa y confusa
ó en malos versos se expresa,
y porque aplaudan su musa
Lleva gentes á su mesa
generoso,
¿no hace el oso?
El que al punto que divisa
á cualquier mujer que pasa
va tras ella á toda prisa
hasta ver cuál es su casa,
por curioso
¿no hace el oso?
El que á una suegra raposa
que de su poder abusa
no echa de un susto á la fosa,
y sacrifica á la intrusa
su reposo,
¿no hace el oso?
Y en fin, todo el que se casa
y por final de su empresa
se queda como una pasa
sin confesar que le pesa
ser esposo,
¿no hace el oso?
En su loco desvarío
todos, y de varios modos,
absolutamente todos,
hacen el oso, hijo mio” [7].



Una boda Mexicana en el Pueblo. Fuente: The boy travellers in Mexico 1890.






[1] SBARBI y OSUNA, José María Diccionario de refranes, adagios, proverbios modismos, locuciones y frases proverbiales de la lengua española Vol. II Madrid, 1922 https://archive.org/details/diccionarioderef02sbaruoft
[2] Cfr. D´ANCONA, Alessandro, Firenze, Sucessori Le Monnier, 1872 https://catalog.hathitrust.org/Record/008689154
[3] McGARY, Elizabeth V. An American Girl in Mexico Dodd, Mead and Company New York 1904 https://archive.org/details/americangirlinme00mcga Fotografía atribuída a C.B. Waite
[4] WINTER, Nevin O., Mexico and her people of to-day; an account of the customs, characteristics, amusements, history and advancement of the Mexicans, and the development and resources of their country, Boston 1912 https://catalog.hathitrust.org/Record/009566949
[5] BYRN, L. Kendrick Cupid´s Ways in Mexico en  The Taylor-Trotwood magazine. v.1-2 1905-06 https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=mdp.39015065395462;view=2up;seq=534
[6] KNOX, Thomas Wallace, The boy travellers in Mexico: adventures of two youths in a journey to northern and central Mexico, Campeachy, and Yucatan, with a description of the republics of Central America and of the Nicaragua Canal, Harper & Brothers, Nueva York, 1890.
[7] Hacer el Oso. Juguete cómico en un acto en verso. Letra de Don Salvador María Granés, Música de los Sres Campo y Brocca. Estrenado en el teatro de los Bufos Madrileños (Variedades) la noche del 5 de Fevrero de 1867. Madrid, Imprenta de R. Labajos 1867. https://archive.org/stream/hacerelosojuguet2461camp#page/n0/mode/2up

4 comentarios:

Maria Antonieta Alvarez-Guajardo dijo...

Genial Jorge Elías. Me conmovió tu docta investigación y exposición
En mi generación (nací en 1944) ver en la esquina de tu casa a un "pretendiente" observando tus movimientos sin atreverse a acercarse, era de lo más romántico, y es verdad te mandaban recaditos con los niños del barrio, los cuales eran precavidos para que en las casas no se dieran cuenta
El encuentro de esas miradas que envíaban mensajes, sin decir nada y expresando mucho, era de lo más romántico
Que te llevara serenata un desconocido "no más por que le gustabas" sin pretender nada; tremendamente conmovedora (algunos no se atravían más que a eso)
TODAS LAS ÉPOCAS TIENEN BELLEZA. en esos tiempos las vivencias eran particularmente
preciososas y emocionantes Gracias Jorge

Jorge Elías dijo...

Muchas Gracias María Antonieta por tus amables comentarios. Un saludo.

Rey Marrokin dijo...

excelente investigación, pero como se te ocurrió buscar ese tipo de información. Te verdad sorprendes, que oso !!

Jorge Elías dijo...

@Rey Marroquin.
Jajajaja
Hace años vi por primera vez la fotografía del Charro en la ventana enamorando a la Señorita con el pié de página "Playing the Bear" y me pareció muy extraño y de allí salió la idea de buscar más sobre el tema.... QUE OSO!
Un saludo.

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