miércoles, 29 de marzo de 2017

Los Primeros Vecinos de Monterrey VII.... (Casa Sanborns. Edad: 87 años).

Casa Sanborns. Edad: 87 años.


Pasamos a la esquina sur-poniente de Escobedo y Morelos, donde hoy están Sanborns y un Burguer King.



No he podido recopilar fechas precisas sobre este lugar tan significativo en la historia de Monterrey, cuna de uno de sus más grandes hijos: el Padre Mier. Pero he encontrado lo siguiente.

La primera referencia, y muy vaga, que he encontrado sobre esta finca es de diciembre de 1709. En ese año Bartolomé de Arizpe vende al Capitán Nicolás de Ayala un solar que linda con el del Alferéz Bartolomé Gonzalez de Quintanilla y el del Capitán Diego Laruel Fernández de Castro “de parte que mira a la Iglesia de San Francisco Javier haciendo Calle con la cerca del corral del palacio”[1]. El solar comprado por Ayala se hallaría entre los de Bartólomé González y Diego Laruel Fernández. Pero no se puede precisar cuál se encontraría hacia el poniente o cuál al oriente. Y sin estar seguro si alguna de esas dos fincas coincide exactamente con la casa de la esquina sur-poniente de las actuales calles de Escobedo y Morelos, donde 54 años más tarde, el 18 de octubre de 1763, nació Fray Servando Teresa de Mier y Guerra. Eleuterio González indica que la casa fue construida por D. Francisco de Mier y fue heredada por su hijo Don Joaquín, padre de Fray Servando. En esa misma casa nacieron sus hijos y “es la número 26 de la calle del Comercio frente al Palacio de Gobierno, el cual antes fue Colegio de los Jesuitas[2]. Quién mejor que Gonzalitos para asegurar que aquella vieja casona, de su propiedad un siglo después, era el sitio donde nació el precursor, héroe y apóstol de la independencia. 

Calle de Morelos vista hacia el oriente  en1896 durante las fiestas del tercer centenario de la fundación de Monterrey. A la derecha se aprecia, en su estado original, la casona donde nació Fray Servando y, en ese año, propiedad de Don Valentín Rivero. Esta imagen aparece en el libro "José Eleuterio González: benemérito de Nuevo León" del Padre A. Tapia Méndez. 1976. Foto de la Fototeca del ITESM.


El Dr. Eleuteiro González fue dueño de varias propiedades en la ciudad, una de ellas fue aquella casona. Y mientras que el doctor vivía en su casa de la calle Dr. Coss No. 29. (entre Padre Mier y Matamoros), la casona de la calle del Comercio debió estar arrendada a Don Valentín Rivero Álvarez desde mediados del Siglo XIX.  “En la acera sur de la calle Principal [hoy Morelos] – escribe el biógrafo de Rivero – media  cuadra al oriente de la calle de la Presa Chiquita [hoy Escobedo], se encontraba la casa comercial de Valentín Rivero, que le arrendaba el también comerciante Patricio Milmo, irlandés radicado en Monterrey. Al principiar el año 1854 el propietario pidió la desocupación de la finca. Seguramente entonces decidió Valentín Rivero ocupar la antigua y amplia casona en la esquina suroeste de aquellas calles”[3].

En su lecho de muerte, Gonzalitos, cede la casona como herencia a beneficio del pueblo regiomontano. En la cláusula 6ª de su testamento fechado el 31 de Diciembre de 1887 expresa: “Es mi voluntad que se venda la casa que tengo por la calle de Morelos, frente al Palacio de Gobierno, y que su producto se destine por mitad al Hospital Civil y a la Escuela de Medicina de esta capital”[4]. Y al año siguiente, Don Valentín Rivero, “Compra a la testamentaria del doctor José Eleuterio González, en 16 mil pesos[5]aquella propiedad.

Don Valentin Rivero Álvarez
La vivienda era muy amplia. Albergaba no sólo a la familia de Don Valentín, su esposa Doña Octavia Gajá[6] y sus hijos[7], sino también a las oficinas del viceconsulado español (ya que el Sr. Rivero era vicecónsul). La finca además “servía de almacén a los productos de hilados y tejidos de “El Porvenir” y a las oficinas dedicadas a asuntos financieros[8].

Carlos Pérez Maldonado narra una interesante anécdota vivida por la familia Rivero Gajá en aquella casona. En el año de 1864 “al hacer los franceses su entrada a nuestra ciudad, - escribe Maldonado - tanto al Jefe del Estado Mayor Lewal como al Coronel  Lussan les fue asignada la residencia de la familia Rivero para que se hospedaran en ella… Don Valentín Rivero…  dado su carácter de representante de una potencia extranjera, se negó a recibir en su casa a los oficiales. Caía menuda lluvia y el calor y la humedad eran insoportables, a lo cual no estaban acostumbrados los franceses, después del clima fresco y seco de la altiplanicie, y aquel tiempo bochornoso exasperaba a todo el mundo, aparte de que el momento era poco propicio para que el jefe del estado mayor de la División, Teniente Coronel Lewal, comprendiera la situación, puesto que el señor Rivero no hablaba francés. Entonces Lussan trató de persuadirlo, en su pobre español, de que al menos lo dejara hospedarse por veinticuatro horas, prometiéndole irse después a alojarse a otro lado. La discusión fue airada. El Comandante se impacientaba y ya hablaba de instalarse por la fuerza cuando la señora Rivero, que había sido educada en Burdeos y hablaba perfectamente el francés, exclamó con firmeza – “contra la fuerza no hay razón que valga”. Por fin se calmaron los ánimos; Don Valentín también se calmó y todo quedó arreglado según se había propuesto. Al día siguiente los oficiales se cambiaron a la casa de enfrente, y sus relaciones sociales con la familia Rivero se tornaron desde entonces muy cordiales.[9].

Murió Don Valentín en aquella casona. El 29 de Julio de 1897,  “por su gran portón salieron los restos corporales de Don Valentín Rivero. La procesión de familiares, amigos y pueblo llegó a la iglesia del Roble donde se celebraron "suntuosas exequias". El cortejo se dirigió después al Panteón Municipal donde la familia Rivero tenía su mausoleo…[10].

Por fin comenzó el siglo XX, la familia Rivero Gajá, o al menos la familia de Don Valentín Rivero, hijo, trasladó su domicilio a la hermosa mansión frente a la Plazuela Degollado (en la acera sur de la Calle de Hidalgo).

La antigua mansión, siguió manteniendo, pero sólo por breve tiempo, su aspecto monacal y norestense. Sus sobrias ventanas resguardadas por burdos barrotes de fierro y sencillos remates de plomo; sus postigos y puertas dobles de pesada madera; sus sencillas molduras… todo sucumbió ante el deseo de prosperidad y desarrollo.

Ampliación de la Calle Morelos en 1930. Al fondo a la derecha se observa la finca ya modificada donde nació Fray Servando y en ese momento propiedad de la Familia Rivero Gajá. Fotografía de la colección de Tomás Mendirichaga, del libro "Los Cuatro Tiempos de un Pueblo... " de Rodrigo Mendirichaga. Compartida en FB por Condesa Mont, 

En 1930, durante el gobierno del Lic. Aarón Sáenz, se decretó la ampliación de la Avenida Morelos, desde Zuazua hasta Garibaldi. Las antiguas fincas de la acera sur de la arteria perdieron, cada una, 5 metros de profundidad. Éstos fueron ganados por la calle que se convirtió en Avenida Morelos.  El cronista José P. Saldaña argumenta que aquella iniciativa despertó al sector privado de la “apatía en que se hallaba con motivo de los continuos desbarajustes políticos y sociales por los que había atravesado el país[11]. Se espabiló el sector privado, pero se destruyó el patrimonio histórico urbano de la ciudad.

La casa donde nació Fray Servando se puso un vestido nuevo. Adquirió una fachada de estilo ¿ecléctico?, ¿morisco…? Yo no sé cómo calificarlo. Pero ya el 5 de octubre de 1930,  fecha de la inauguración de la ampliación de la Avenida Morelos, el edificio lucía ya su nueva arquitectura.

La esquina fue ocupada, entre los primeros, la casa “La Nueva China” dirigida por inmigrantes Chinos, comerciantes de perfumes. Éstos “se distinguían porque siempre ganaban el concurso de aparadores que en esos años se hacían entre los comerciantes de la calle Morelos en época navideña, pues eran muy ingeniosos[12].
En 1936, se establece allí la empresa Sanborns. Como se había hecho en la Ciudad de México con la antigua casa llamada “De Los Azulejos”, en Monterrey se acondiciona aquella casona ya reformada y abre al público un negocio innovador para su época con farmacia, cafetería, restaurante, fuente de sodas, etc. Todo en un solo lugar. Su inauguración fue el16 de julio de 1936.

Avenida Morelos después de la Ampliación de 1930. A la izquierda el edificio del Sr. Rivero ocupado por la Perfumería La Nueva China. Postal compartida por Roberto Iruegas en Facebook.


Desde entonces aquella esquina ha sido un punto de convergencia para regiomontanos y extranjeros, especialmente americanos. “Muy recomendable” –anunciaban en la década de 1930 las guías turísticas. Allí se ofrecía comida de calidad a precios moderados. “Higiénico, con aire acondicionado, fresco en verano y cálido en invierno” Destacaba su cafetería, sus salones de té y de cocteles, su fuente de sodas... Todo aquello era novedoso en aquel momento. Era, según su propaganda, “la sede de los automovilistas norteamericanos”.

Hoy, Sanborns, sigue atendiendo al público. Su entrada principal por la calle Escobedo. En el glorioso lugar que vio nacer a Fray Servando hay ahora varias tiendas comerciales, que no evocan en lo más mínimo nada patriótico o de identidad regiomontana a no ser por una tímida placa de bronce, casi oculta, que da cuenta de lo que fue aquél lugar.

Hoy en la célebre esquina hay un colorido y paradójicamente “triste” Burger King.
Mejor “nos vemos en Sanborns”.

Burger King y Sanborns imagen actual. Compartida por Jesús Treviño Rodríguez en Facebook






[1] Cfr. CAVAZOS GARZA, Israel, Catálogo… op. cit., 1178). IX, fol. 167, no. 50.
[2] GONZALEZ, José Eleuterio, Biografía del Benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra en Armas y Letras UANL 1963
[3] MENDIRICHAGA CUEVA, T., & MENDIRICHAGA, R. (1989). El inmigrante: vida y obra de Valentín Rivero. Monterrey, México, Emediciones p. 99.
[4] DAVILA, Hermenegildo Biografía del Dr. D. José Eleuterio González (Gonzalitos) Monterrey, Tipografia del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, 1888., pp. 69-70.
[5] MENDIRICHAGA CUEVA, T. El inmigrante… op. cit. p. 265.
[6] Casados en la iglesia parroquial de Tampico, Tams. 16 de enero de 1845.
[7] La pareja tuvo once hijos: María Higinia, José Valentín, María Modesta, José María, Víctor, Manuel G., Juan Bautista, Ramón, Eugenio Antonio, María Antonia Eusebia y María de los Ángeles.
[8] SALDAÑA, José P. Estampas Antiguas… op. cit. p. 137.
[9] PÉREZ-MALDONADO, C. Narraciones historicas regiomontanas. Mexico, Imprenta El regidor, 1961 p. 72.
[10] MENDIRICHAGA CUEVA, T. El inmigrante… op. cit. p. 9.
[11] SALDAÑA, J. P.  Y qué hicimos?--: Monterrey en el siglo XX. Monterrey, N.L., Méx, Producciones Al Voleo-El Troquel 1988, p. 61.
[12] ESPINO BARROS ROBLES, E. El Monterrey de mi niñez, adolescencia y juventud, 1930-1950. [Monterrey, Mexico], Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León 2007, p. 132.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante de principio a fin como siempre.
Gracias Jorge.
Juan Crouset

Jorge Elías dijo...

Muchas Gracis J. Crouset. Un Saludo.

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