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lunes, 13 de febrero de 2017

Los primeros vecinos de Monterrey, Construyendo una ciudad desde sus cimientos II (Edificio de La Reinera. Edad: 116 años)

Edificio de La Reinera. Edad: 116 años


Otro predio y espacio significativo del centro de Monterrey es el que ocupa el edificio de La Reinera. Éste (en la esquina nor-oriente de Morelos y Parás) y todos sus edificios vecinos se encuentran en lo que alguna vez fueron terrenos del Convento Jesuita de San Francisco Javier. 


Edificio de La Reinera c. 1901 (De la Colección de Postales de Ricardo de León T.)



-      Desde 1702 y durante el siglo XVIII las manzana comprendidas entre las calles Morelos, Emilio Carranza, Padre Mier y Escobedo quedando por medio la Calle cerrada de Parás, formaban parte de los terrenos del Convento e Iglesia, cementerio y Seminario de San Francisco Javier.  Esta fue iniciada por el Padre Oblato Jerónimo López Prieto y más tarde entregada a de los padres Jesuitas. 


-      El 13 de marzo de 1702, Jerónimo López Prieto, presbítero, solicita al gobernador Juan Francisco de Vergara y Mendoza la merced de un terreno para construir una capilla a San Francisco Xavier y fundar un colegio seminario. Merced que es concedida el mismo día[1].

-      Los trabajos de edificación de los inmuebles debieron comenzar inmediatamente. Un documento del siguiente año hace mención de la capilla en construcción.

-      En 1704 también había anexo a la capilla un cementerio que daba servicio a la ciudad. Por más de 10 años la mayoría de los difuntos de Monterrey debieron haber sido sepultados en él. El terreno de este cementerio fue cedido al Padre López Prieto por un vecino de la ciudad: Don Francisco de Treviño.

-      El 22 de diciembre de 1708 el juez de tierras y aguas, Don Manuel Campuzano Cos y Cevallos, ratificó la merced y sugirió aumentarla con terrenos de cultivo. Y el 7 de enero de 1709 se llevó a cabo una nueva medición del terreno.

-      El colegio de San Francisco Xavier definitivamente cerró sus puertas hacia1745.

-       El 4 de julio de aquel año el provincial de la Compañía en la Nueva España, P. Cristóbal de Escobar y Llamas, dio orden al padre rector Juan José de Nava para vender la hacienda de los Jesuitas en el Nuevo Reino de León. Y el 1 de febrero de 1746  es vendida la hacienda que poseían en las Sabinas por 10 mil pesos a Don Manuel Flores de Valdés. Por su parte el colegio y la capilla con sus terrenos en el centro de la Ciudad, quedaron abandonados. Las alhajas y ornamentos almacenados en S. Javier fueron trasladados a la parroquia (actual catedral) de Monterrey.

-      En 1768 la iglesia se encuentra demolida y sus terrenos abandonados.


Dos fragmentos del “Mapa de la Situación de la Ciudad de Monterrey en el nuevo Reyno de León…”. Atribuido a Cristóbal Bellido Faxardo, guardián y comisario de misiones. 15 de Febrero de 1791. Archivo General de la Nación MX09017AGNCL01SB01FO178MAPILUUS4262 Se señala con la letra F la iglesia de San Francisco Javier en la esquina nor-oeste de las actuales calles de Morelos y Escobedo. En el mapa original extrañamente el Norte está dirigido hacia abajo. La X señala un pozo de agua.


-      El 14 de Noviembre de 1796 el cabildo de Monterrey otorga a Manuel Antonio Rigada e Inda la merced de esa propiedad a 12 pesos por vara[2]. Rigada compra el solar a todo lo largo de la cuadra colindando por el poniente con un callejón (Parás) y por el oriente con lo que fue la Iglesia de San Francisco Javier. El costo total del terreno fueron 472 pesos en plata.

-      A la muerte de Manuel Antonio de la Rigada y su esposa Rosa María Sada, la propiedad y casa en ella construida, fueron heredadas por María Josefa Guerra viuda de Manuel de Sada y madre de Rosa María.

-      El 4 de marzo de 1826 Juana de Ugarte compra esa propiedad y casa a la familia Sada (hijos de María Josefa) en 3,500 pesos. 

-      En 1855 el comerciante vizcaíno Don Mariano Hernández toma en arrendamiento esta finca e inaugura, el sábado de Gloria de 1855, la casa comercial llamada La Reinera. Ésta comenzó siendo una “casuca de matacán y techos de hormigón, con ligera cornisa y soportal de madera en escuadra y sin pilastras de sostén – admirable demostración de atrevida arquitectura pueblerina – levantaba también orgullosa su frontispicio, enjalbegado con humilde cal que en las noches se alumbraba con los mortecinos rayos de la parpadeante lámpara de petróleo encerrada en aquellos farolotes que, empotrados en las paredes o colgantes, eran también motivo de satisfacción y pavoneo de nuestros sencillos antepasados[3].


Calle del Comercio finales del Siglo XIX. Al Centro el primer edificio de la Reinera con Toldo.


-      En 1862 Don Mariano dejó la dirección del negocio encomendándola a sus hermanos Don Estanislao y Don José María. Con ellos formó la nueva sociedad bajo la razón de Hernández Hnos. y Cía. Don Mariano volvió a su natal Bilbao donde murió el 26 de Junio de 1891.

-      Don Estanislao Hernández falleció el 5 de Marzo de 1887 y su cadáver fue trasladado a Bilbao. Desde aquel año, hasta 1894, la dirección de los negocios de la sociedad quedó a cargo de los sobrinos de los fundadores, Don Felix y Don Tomás Mendirichaga y Hernández, hasta que en aquel año se practicó la liquidación final de la sociedad Hernández Hnos. Sucs., y se distribuyeron los bienes entre los herederos de los finados socios Don Estanislao y Don Ángel Hernández, retirándose de la dirección activa de los negocios don Félix, que fue a radicarse en España…”[4]

-      El 13 de Septiembre de 1901 La Reinera inaugura su nuevo edificio, diseñado por el Arq. Alfred Giles mismo que continúa en pie, en la Plaza comercial Morelos, esquina con Parás.


Edificio de la Reinera c. 1901


-      El 21 de agosto de 1909 el edificio se libra, podemos decir que milagrosamente y por el esfuerzo de los empleados de la negociación, de un terrible incendio iniciado en la Botica de León, edificio adyacente a La Reinera. El periodista corresponsal del Diario de México en Monterrey escribe: “El salvamento de la negociación se debió más al auxilio de los empleados que al aislamiento del fuego. Este había invadido ya las cabezas de las vigas del piso superior, introduciéndose por bajo del cielo raso y dificultando con esto las maniobras. Rasgado el cielo se atacó el incendio haciendo uso de mangueras de hule pero como el agua de los tinacos estaba hirviente, el hule se deshacía. Solamente los heroicos esfuerzos de los empleados lograron evitar la propagación[5].


Departamento de Damas del Almacén de la Reinera. (Imagen del Album Conmemorativo del 50º aniversario de la fundación de la casa de sucesores de Hernández Hnos. 1855-1905)


El edificio de la Reinera, de Alfred Giles, permanece allí como un ejemplo de buen gusto arquitectónico. Lo ocupan tiendas comerciales.


La Reinera Viaje al Pasado (Diseño visual de Armando Guevara 2014)





[1] Para los datos cronológicos Cfr. CAVAZOS, Israel  El colegio Jesuita de San Francisco Javier de Monterrey en Anuario Humanitas No. 34 vol. 4 Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, NL. Universidad de Nuevo León, 2007 pp. 16-17.
[2] Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, Tomas Monterrey Antiguo…   p.588 ss.
[3] ROEL, Santiago, Estampas de Antaño
[4] Cfr. Album Conmemorativo del 50º aniversario de la fundación de la casa de sucesores de Hernández Hnos. 1855-1905. Monterrey, NL., 1905.
[5] El Diario Periódico Nacional Independiente, México, DF, 26 de agosto de 1909 p. 1.

miércoles, 17 de junio de 2015

Viaje del Coronel Stowe al México Antiguo (1892) Parte I

Viaje del Coronel Stowe al México Antiguo (1892)

Por Jorge H. Elías

En 1892, un militar y empresario norteamericano, el Coronel James G. Stowe, realizó un viaje, según sus propias palabras al “Egipto del Nuevo Mundo” es decir a México. James, era descendiente de antiguas familias inglesas, de las que el Barón Stowe, fundador de la gran biblioteca Stowe  del Museo Británico, fue miembro prominente. Nació en Providence, Rhode Island el 14 de junio de 1841. Fue mecánico y dibujante, participó como coronel en la Guerra Civil Norteamericana y llegó a ser experto en armamento y municiones. Escribió libros y artículos sobre ese y otros temas de gran circulación en su época y diseñó una máquina para cargar cartuchos “tan eficiente que mil pudiesen ser cargados en tres cuartos de minuto”.  En Kansas (1894) estableció la Stowe Implement Supply Company, compañía dedicada al abastecimiento de implementos agrícolas.  En 1898 fue nombrado cónsul general en Sud África, desempeñando ese cargo durante casi 4 años. Mientras sirvió como cónsul, además de mediar en la guerra entre ingleses y boers[1], impulsó las importaciones de aquel país desde Estados Unidos de 6 a 20 millones de dólares al año[2]


El Coronel Stowe relata su viaje a ese Egipto del Nuevo Mundo en un artículo publicado en tres partes por la revista The Farmers Implements News (del 12, 19 y 26 de mayo de 1892)[3]. Es muy probable que lo realizara a principios de abril pues la narración incluye descripciones de Samana Santa de aquel año. Su relato comienza en Muskogee, Oklahoma. Expresa que la forma más rápida para llegar desde los Estados Unidos hasta el corazón de México es hacerlo por tren. Y se dispone a abordar allí un carro Pullman del “M.K. & T. Railroad” Es decir del tren de Missouri, Kansas & Texas, llamado cariñosamente el Katy. Aunque la narración del coronel hace suponer que son varias las personas quienes lo acompañan en su travesía, sólo se identifica con nombre a un acompañante, quizá ayudante, un fotógrafo de nombre T. H. Turner, a quien el Coronel llama Hiram.

 “Nuestro acompañante,  T. H. Turner, de la Bradley-Wheeler Company de Cansas City – escribe Stowe con su estilo coloquial – al  que llamamos Hiram, tiene con él su Kodak y os arreglará unas fotografías[4] de lugares y objetos de interés del Viejo México. Si la narración no explica completamente los tópicos  que las fotos representarán, podréis usarlos como lo hizo Lord Timothy Dexter, de Newburyport, Mass. Lord Timothy fue un genio que se hizo rico con negocios que para los sabios parecerían absurdos. Entre sus muchas inversiones estuvo la de enviar un barco cargado de calentadores de cama[5] a las Indias Occidentales. Ahora bien, estos tan deseados artículos de confort para nuestras madres y padres,  se supone que no son necesarios en una tierra tan caliente, pero los colonos del lugar, los compraban como cucharones para el arroz y con mucho margen de ganancia para Lord T. Otro negocio, fue el de enviar una pequeña embarcación, cargada de mitones[6] de lana al mismo lugar, y los colonos, fácilmente los compraban para usarlos como coladores de melaza y con un margen grande de ganancia. Finalmente Lord Timothy terminó escribiendo un libro,  por supuesto, sin ningún tema. Y cuando se le llamó la atención por el hecho de que en él, no había signos de puntuación, preguntó: ¿y qué cosa son? Y cuando se le explicó, pidió que las últimas dos páginas del libro se llenaran literalmente con todo tipo de signos de puntuación para que los lectores pudieran añadirlos a manera de “sal y pimienta” al gusto de cada quién. Así vosotros podéis disponer de estas fotografías.” En el artículo, al pié de página, se indica que las ilustraciones prometidas aparecerán la semana siguiente. Desafortunadamente, en la segunda parte del artículo sólo se incluyen dos imágenes que corresponden a dos dibujos (no fotografías): unos aguadores y una mula arrastrando madera.

Al llegar a San Antonio, los viajeros habían ya cambiado de tren, se hallaban en el International & Graet Northen Railroad. Allí permanecieron dos días. En esta parte del relato el coronel menciona, de paso, una costumbre que se iba adquiriendo en los viajes por tren en México. El hecho es que antes de abordar al tren hacia Laredo, el coronel desayunó en el Buda que “no es un restaurante regular – escribe Stowe – sino una casa de granja típica atendida por la Señora Carington  con una banda de hermosas sobrinas… Hiram se perdió el agasajo, pues deseaba adaptarse a la costumbre mexicana de tomar parte del bufet del vagón del tren: café y bollos.” Me parece a mí que sea el típico desayuno de café con una variedad de “panes de dulce” tan estimado en México.

Por fin llegan a Laredo. Allí experimentan nuevas situaciones, cambio de tren, que para sorpresa de los viajeros resultó ser más amplio de lo que esperaban. Y cambio de idioma. Por lo visto el Coronel se defendía en la lengua Castellana. Pero dejemos que el relato lo haga el Coronel Stowe. Traduzco: “Llegamos a Laredo, otro producto del boom, y enfrentamos una temperatura de 42º a la sombra, pero estábamos contentos de vislumbrar la república mexicana y poder comenzar a usar nuestro puro Castellano en vez del más vulgar inglés. Conforme nos acercábamos a Laredo, esperábamos mucha incomodidad, sabiendo que debíamos dejar la amplitud y elegancia de las instalaciones del tren I. N & G. N.  [International and Grand Northen] y cambiar a vagones más estrechos. Pero resultó ser lo opuesto de esto y estuvimos felizmente decepcionados. Mientras pasamos el desagradable trámite de que nuestros equipajes fuesen revisados por oficiales de inmigración en México, Hiram se mantuvo en ascuas debido a una caja extra de películas para su Kodak que, si era expuesta a la luz, significaba la ruina y el fin de las fotos, pero nos encontramos con el caballeroso y eficiente agente comercial del tren Nacional Mexicano, W. B. Ryan, quien nos brindó toda la asistencia posible, organizó nuestra transportación y nos destinó a un muy bien equipado vagón con todos los adelantos.


La transferencia en Laredo fue hecha rápidamente, y libres de todas las desagradables circunstancias que tanto temíamos nos retiramos a dormir. Ya estábamos en camino a Monterrey, nuestro primer destino. Lo alcanzamos al amanecer. No había muchos viajeros en los caminos debido al “temor Garza”[7], latente gracias a los periódicos norteamericanos. Y Garza, decían, no ha estado en la república. Los mexicanos, no pensaban en él ni por un instante y en la ciudad de México casi ni se oía hablar de él. 




[1] Boer: (en danés y africano) granjero. Durante los siglos XVIII y XIX en el este de Sud África así se nombraba a los descendientes de colonos daneses.
[2] Para la biografía del Coronel James G. Stowe cfr. GOODSPEED, Weston Arthur, LL. B Editor in Chief The Province and the States A history of the Province of Luisiana Under France and Spain, an of territories and States of the United States formed Therefrom In seven Volumes illustrated with numerous maps and Portraits Vol VII Madison, Wis, The Western Historical Association 1904 https://books.google.com/books?id=EUBEAQAAMAAJ&dq=colonel+James+G+Stowe&hl=es&source=gbs_navlinks_s
[3] STOWE, J. G. A Journey through Old Mexico en The Farmer implement News Vol XIII No. 19 Chicago, Ill May 12 y 19 1892. https://books.google.com/books?id=19I0AQAAMAAJ&dq=%22the+poor+people%22+maguey+Monterey&hl=es&source=gbs_navlinks_s
[4] Al pié de página hay esta nota: las ilustraciones aparecerán en la II parte, la próxima semana.
[5] Calentadores de Cama o "Warming pan". Utensilio metálico en forma de amplia cuchara con tapa y de mango largo. En su extremo cóncavo se colocaban piedras calientes, se protegían con su tapa y se frotaban entre las sábanas y colchas para calentar la cama.
[6] Mitones: guantes sin la parte de los dedos.
[7] El Temor Garza o "Garza Scare” hace referencia a la revuelta de Catarino Erasmo Garza (1859-1895) periodista, revolucionario y héroe folklórico nacido en Matamoros Tamaulipas y educado en Hualahuises, NL y en Matamoros, Tams. Hacia 1891 él y sus seguidores planearon la caída del régimen de Díaz formando un movimiento conocido como la Revuelta de Catarino Garza. Éste fue un intento fallido entre 1891-92 de organizar una revolución desde Texas contra el régimen porfirista. El 3 de febrero de 1891 un amigo y compañero de Garza, Ignacio Martínez, fue muerto por agentes de Díaz en las calles de Laredo. El asesinato de Martínez y la inconformidad al sistema porfiriano, fueron el detonante para el alzamiento contra el régimen. Desde Palito Blanco, Texas como su centro de inteligencia, en 1891, Garza organizó una fuerza revolucionaria para invadir México. En septiembre 15 comandó un grupo de 26 hombres armados quienes cruzaron el  Rio Bravo hacia Mier, Tamaulipas. Y proclamó allí el Plan revolucionario. Los rebeldes regresaron a Texas después de 9 días y un breve encuentro contra fuerzas mexicanas. Por los siguientes meses, los garcistas llevaron a cabo al menos dos incursiones más hacia México. De acuerdo con sus propios registros, a finales de 1891 su contingente tenía 64 comandantes, 186 oficiales y 1,043 soldados. Reaccionando inmediatamente el gobierno mexicano envió a la frontera al General Lorenzo García, quien al reprimir tan brutalmente a los disidentes anti Díaz, provocó una reacción pro-Garza en Texas. Temiendo una guerra en la frontera, texanos influyentes urgieron a los texanos del sur a permanecer neutrales y pidieron al gobernador policías para expulsar a los gracistas. En Diciembre de 1891 tropas del  ejército norteamericano fueron enviadas al área para patrullar la frontera. Se sucintó una corta escaramuza en Retamal Springs. En general el ejército resultó inefectivo, pero pronto los garcistas abandonaron el área en tanto que fueron destinados oficiales especiales y efectivos. Potenciales reclutas optaron por la neutralidad. En 1892 Garza, según informes, se enteró de que era buscado por los oficiales y huyó de Texas.  

jueves, 18 de febrero de 2010

Del Mero San Luisito






Sigo con la nostalgia de la tierra. Con la melancolía provocada por el alargarse del tiempo, ese tiempo ausente del lugar donde viví la infancia, la alegre y la triste. Pero me quedo siempre con la parte alegre. Esa en la que me recuerdo corriendo entre los naranjales o en la Plaza de Montemorelos, o cantando el corrido de Monterrey bajo el chorro del agua, antes de que huyera de la ciudad corriendo despavorida, antes de ser consumida hasta la última gota por los habitantes de aquel paraíso convertido casi en desierto.

Y recuerdo la primera estrofa del Corrido:

Tengo orgullo de ser del norte
del mero San Luisito
por que de ay es Monterrey
de los barrios el más querido
por ser el mas reinero si señor
barrio donde nací.


Pero San Luisito para mí era sólo eso: una frase en un corrido alegre, una imagen en la imaginación infantil. Oía hablar del barrio y el puente a mi Padrino Ernesto, con tanto cariño, con la cara alegre, con ese "orgullo de ser del norte". Y es que ese puente era especial, un puente con un mercado dentro que conectaba a la ciudad con el barrio de San Luisito. Y es curioso que llevase ese nombre uno de los que llevó la ciudad antes de ser Monterrey: Villa de San Luis Rey de Francia.



Es común leer en los libros de viajeros que pasan por Monterrey, hablar sobre este puente y el mercado, con admiración, no esa de quien se queda sin aliento al ver una obra maestra de la arquitectura (aunque tenía mucho mérito, aunque fuera solo el de cruzar el río Santa Catarina), sino la admiración de la vida que de la obra brota, la vida sí, y la alegría de la gente reunida para su diario vivir y convivir y por supuesto, muy regiomontanamente: comerciar, incluso hasta al cruzar el puente.

Acompañó a la ciudad a finales del siglo XIX y a principios de siglo XX debió ser renovado para, más tarde, convertirse en el Puente del Papa después de la Visita del Juan Pablo II.


Los datos de su construcción y otros los pueden encontrar en el Foro de Fermín Téllez (muy interesante siempre):
http://fermintellez.blogspot.com/2008/12/el-puente-del-papa-ayer-y-hoy.html

Y aquí tienen el Puente antes de la Inundación de 1909

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