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domingo, 21 de octubre de 2012

Buena Vista, Ecos de la Guerra II


Toque de Retirada (Santa Anna´s Retreat)

Sigo tratando de escuchar los ecos de aquella batalla de Buena Vista o Angostura y de los batallones mexicanos atacando, retrocediendo, cavilando la mejor estrategia por parte de los líderes militares, etc. Angostura fue un peldaño más avanzado por los norteamericanos en su implacable marcha hacia la capital. Hay quien dice que la batalla de Buena Vista no fue ganada por ninguno de ambos bandos, sino que fue un “empate técnico”. Yo de eso no sé nada. A mí me parece que en la guerra no hay empates, pero no estoy aquí para desmentir a nadie ni para analizar las tácticas y acuerdos de la batalla. Quiero oír “las voces” de los soldados, mis ancestros (que alguno de ellos estaría peleando por defender su patria arrebatada). Aquellas voces eran multi-lingüísticas, aunque el término no encaja en la época. Entre los ejércitos mexicanos ¿habría quienes hablaran mexicano o náhuatl, otomí o alguna otra lengua nativa? Tampoco sé responder a eso. 

Sin embargo es bien sabido que entre los ejércitos de Santa Anna se encontraba el Batallón de San Patricio, en el que no solo hablarían inglés sino también irlandés, pues era su lengua materna. Junto con su idioma y cultura debieron también influir en la música de los regimientos. Un posible ejemplo de ello es una melancólica melodía llamada “Santa Anna´s Retreat”, de la que se dice, era tocada cuando los escuadrones de Santa Anna se retiraban. 

Ejecución de los Sanpatricios
por S. Chamberlain

En la colección “American Memory” de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se lee, y traduzco: Henry Reed decía, presuntamente apoyado en la autoridad de su maestro de flautín y mentor, Quinci Dillion,  que fue pífano[1] en la Guerra Mexicana,  que esta marcha era tocada por el ejército de Santa Anna al alejarse de las fuerzas americanas durante la Guerra Mexicana. Ya que la melodía es una aria[2] británica venerable, parece más verosímil que fuese tocada por el contingente americano, aunque había de hecho Irlandeses (o americano-irlandeses) participando en la armada mexicana.[3]

Es también verosímil que el batallón de San Patricio tocase las marchas y melodías militares a las que estaban acostumbrados antes de descertar del ejército norteamericano y que Quinci Dillon no estuviese equivocado en adjudicar la melodía a los ejércitos mexicanos.

De esta pieza tengo dos versiones, ambas al violín.

1.   Una del propio Henry Reed, publicada en 1966 en y que aparece en la página citada:



2.    La versión de mi PC, en base a la partitura manuscrita del mismo Reed. Aquí se puede escuchar y después de la primera parte y un breve silencio, una variante de la melodía registrada en el mismo manuscrito. 








[1] Persona que toca el pífano (flautín de tono muy agudo, usado en las bandas militares.)
[2] Aria: composición musical sobre cierto número de versos para que la cante una sola voz. En este caso la voz única del instrumento.
[3] Fiddle Tunes of the Old Frontier: The HenryReed Collection en American Memory, Library of Congress. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Buena Vista, Ecos de la Guerra I

Marcha de Santa Anna


A finales de 1846 ondeaba ya la bandera norteamericana en la cima del cerro del Obispado en Monterrey y las tropas extranjeras iban arrebatando pedazo a pedazo la patria. Dominaban todas las provincias norteñas y, por el Golfo de México, se aproximaban a Veracruz con la prisa cebada por la ambición. Los americanos avanzarían irremediablemente hasta la Capital. Se libraron batallas y se asediaron ciudades y pueblos. Una de estas batallas fue la de Angostura, cerca de Saltillo también llamada Buena Vista (febrero de 1847). En los relatos de guerra norteamericanos destaca la admiración de éstos por el lustre que mostraba el ejército de Santa Anna con sus pulidos metales e instrumentos, sus impecables uniformes blancos, sus procesiones religiosas y misas solemnes antes de iniciar las batallas. Un soldado norteamericano, Sam Chamberlain, escribe en su diario de guerra sobre uno de estos actos religiosos: “… un chocante contraste con la situación de nuestras líneas. ¡En nuestro ejército no había ni siquiera un capellán!”

Procesión Religiosa en Buena Vista por Sam Chamberlain
 
La guerra entonces y ahora era y es el acto inmoral, manipulado por las ambiciones de una élite poderosa. En ella convergen la soberbia, el odio y el vicio sazonado con pólvora a sangre y fuego.  Y sin embargo, las sociedades se han empeñado desde tiempos primigenios a justificarla. La misma voz latina que traduce guerra, bellum, sirve de raíz, tanto para nuestro vocablo bello, como para bélico. Se ha dicho que la guerra sirve para contener la población mundial, para desarrollar la tecnología, la ciencia y la medicina. Vamos, que indudablemente en tiempos y regiones de guerra se incrementa el conocimiento y el desarrollo tecnológico, pero ¿seríamos capaces de evolucionar sin necesidad del sufrimiento que ocasionan los encuentros bélicos?  Y tenemos entre los batallones al capellán e incluso a los “dignatarios de la iglesia”  en el caso de aquella Batalla de Buena Vista (o por lo menos lo que le parecieron  dignatarios al desenfadado Chamberlain).

Otra cosa que debió provocar, si no admiración, sí un particular interés, además del imponente aspecto del ejército mexicano, fue la música local, sea en las bandas de guerra o en las cantinas.

La Creole 
 Au Mexique 1862 
Combats er retraite des six mille par Georges Bibesco 
Como siempre después de la tormenta vino la calma, el regocijo de los vencedores y la desazón de los vencidos. Los norteamericanos celebraban cantando, pintando, escribiendo poemas a la Señorita de Monterrey y no podía ser de otra manera, la Señorita era hermosa y el soldado, galante, aunque fuera un pelmazo. Y la mayoría, que no tendría talentos artísticos, se conformaría con festejar en las cantinas.  No hace falta echar a volar la imaginación demasiado para entrar a una taberna y asistir a un fandango de aquella época, oír a las “margaritas”[1] hablar un fresco e incipiente  espanglish,   escuchar las risotadas, los pleitos entre borrachos y las canciones acompañadas por locales guitarras, bandolones o mandolinas y el instrumento que se iba poniendo de moda: el Piano.

Es más difícil señalar una melodía específica de aquella época. En otras entradas de este blog, he hecho algunos intentos de materializar melodías precisas: La Pasadita, El Tecolote, La Señorita de Monterrey. Es el turno de una melodía que pretende ser una marcha mexicana. Con el título de “Marcha de Santa Anna a la que se añade una Melodía popular compuesta en el campo de batalla de Buena Vista por un oficial americano arreglada para el Piano y dedicada a la Señorita (Mary Ann) Fitzgerald por W. C. Peters[2]. Dicho sea de paso, un ejemplar de la partitura de esta pieza, que se lanzó al público en su época por 25 centavos, se ofreció en subasta en abril de 2011  por internet con un valor de entre 1,200 y 1,500 dólares[3].

Volvamos a 1847. Esta misma marcha en la versión de Peters en Sol mayor, ya había sido publicada un mes antes en Do Mayor como una pieza única con el título:  “Marcha de Santa Anna como se tocaba por las Bandas del Ejército Mexicano en el campo de Buenavista la noche previa a la batalla, arreglada para el Piano por William Ratel. NB. Esta hermosa Aria fue traída por algunos Voluntarios de Kentucky habiéndola oído tocar por los regimientos Mexicanos en Buena Vista durante su servicio de guardia”[4].

¿Es posible que Voluntarios de Kentucky hayan llevado la melodía de Buena Vista a Lexington? Creo que sí es posible. Un poco como se hace con las canciones populares. Se cantan por cada quien a su aire. Y en este caso, incluso algunos compases evocan a  “The Maid of Monterrey”. La melodía en ambas versiones es la misma aunque cambiada de tono. Y por otra parte, los compositores (Ratel y Peters), sólo se adjudican la composición de los arreglos para piano. El compositor de la Marcha queda así en el anonimato, al igual que el oficial autor de la “melodía popular” presuntamente gestada en Buena Vista  con el título de “Trío”, “el  primer ejemplo  impreso  de  colaboración  musical  mexicano-norteamericana” [5].

¿Cuánto de Mexicano hay en estas melodías? Yo creo que mucho, quizá no ganarían hoy, un óscar a la mejor composición musical, pero reflejan un momento de la historia mexicano-norteamericana.  Se apartan de la narración histórica fría, crítica o parcial (dependiendo de cada bando) de los hechos, para revelar mediante la música, una parte del alma de los hombres y mujeres que se enfrentaron en una guerra injustificada, como casi todas las guerras.

Aquí les dejo la Marcha de Santa Anna interpretada al piano por mi PC.







[1] Término de la época sinónimo de prostituta.
[2] Santa Anna´s March to wich is added a Popular Melody composed on the battle field of Buena Vista by an American Officer. Arranged for the Piano Forte and Inscribed to Miss Fitzgerald by W. C. Peters. Publicada por W. C. Peters Cincinnati Ohio Diciembre 1847.
[4] Santa Anna´s March As played by the Bandsof tne Mexican army on the field of Buena Vista the night previous to thebattle arranged for the Piano Forte by William Ratel NB: This beautiful air was brought by some Kentucky Volunteers having Heard it played by the Mexican Bands at Buena Vista while on sentry duty. Philadelphia George Willig, Lexington Kentucky Noviembre 1847
[5] Stevenson Robert Visión norteamericana de las otras Américas hacia 1900. Revista Musical Chilena on line. 

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