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martes, 24 de marzo de 2015

John Russel Bartlett. La frontera entre México y Estados Unidos en 1852 (1a. Parte)

John Russel Bartlett. La frontera entre México y Estados Unidos en 1852
Jorge H. Elías

Una travesía de más de 3 mil Kilómetros


John Russell Bartlett fue un historiador y Lingüista norteamericano originario del estado de Rhode Island (1805 -1886).

Entre 1850 y 1853, desempeñó el cargo de comisionado responsable de medir los límites internacionales entre Estados Unidos y México.  Para esa tarea emprendió, junto con un grupo de agrimensores, un viaje por los Estados norteños de México y los del sur de Estados Unidos comenzando en las Californias y avanzando hacia el sureste. Recorrió partes de California y Baja California Norte, Arizona, Nuevo México, Sonora, Chihuahua, Durango, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Texas[1].

A lo largo de su recorrido Bartlett fue redactando un diario bastante detallado de sus experiencias durante el trayecto. En él puntualiza los paisajes, especifica las distancias entre pueblos y lugares donde acampa. Narra anécdotas, incidentes, peligros y vicisitudes. Traza, junto con su diario, múltiples bocetos a lápiz  a partir del paisaje, los caminos, la vegetación, etc. También dibuja personas, ciudades, casas, montañas, rocas, ruinas, piezas y restos cerámicos y mapas a lo largo de toda la frontera. El resultado de esta travesía es, sin lugar a dudas, un trabajo de inmenso valor artístico, científico e histórico vertido en su obra: “Personal Narrative of Explorations and Incidentes in Texas, New Mexico, California, Sonora and Chihuahua, connected with The United States and Mexican Boundary Commission, during the years 1850, ’51, ’52, and ’53[2]

Una recopilación de más de 230 obras de Bartlett se puede consultar on line en la página web de “The John Carter Brown Library at Brown University[3] Allí, los paisajes en color de Nuevo México y Arizona, junto con los bocetos de nativos, creo yo, son los más atractivos y hermosos.  Pero incluso los bocetos de trazos rápidos recogen detalles de gran interés para la investigación.

La citada colección incluye paisajes realizados en los Estados mexicanos de Chihuahua, Coahuila y Nuevo León. Aunque de entre estos, sólo hay unos cuantos elaborados con detalle y a todo color. La mayoría son bocetos a lápiz, apuntes y bosquejos realizados in situ.  

Figure 1 John Russell Bartlett, Casas Grandes Chihuahua Agosto 9 1852


La tarea de Bartlett era básicamente recorrer y explorar poblaciones relativamente vecinas a la línea fronteriza entre ambos países, y  “medir” la frontera. Podemos decir que Bartlett comenzó su recorrido como comisionado en San Diego, California en febrero de 1852 con su pequeño grupo de agrimensores. Durante el recorrido debió afrontar y superar los problemas de toda exploración de aquella época: cruzar o navegar ríos, atravesar desiertos, bosques o lugares montañosos, conseguir alimento para las bestias y los hombres del grupo, contratar guías que dirigiesen al grupo por los mejores caminos, etc. Un tema del que Bartlett hace referencia constante es la incertidumbre al afrontar las bandas de indios de la región. No todas las tribus o naciones eran amistosas y los encuentros con ellas podían llegar a ser fatales.

El grupo permaneció unos tres meses California. De San Diego no comenzó inmediatamente a recorrer la frontera. Subió a San Francisco por mar y exploró los Valles de Napa y San José, las misiones de Santa Clara, Maonterey, San Carlos, San Pedro, Los Angeles, San Gabriel,  San Diego, etc.

Para el 5 de junio, la comisión exploradora se encontraba en Alamo Mucho, actualmente conocido como Mexicali, en Baja California. Continuó su ruta hacia Fort Yuma, explorando los pueblos de indios Pimas y Maricopas en Arizona. El 16 de Julio la comisión llegó a Tucson, Arizona “La ciudad más al norte de México – escribe Bartlett – y un lugar muy antiguo”.

Continuó el grupo hacia el Presidio de Janos, en Chihuahua y después hacia Casas Grandes también en el Estado de Chihuahua llegando a El Paso del Norte (Ciudad Juárez, Chihuahua) el 18 de agosto.

En el Paso, Bartlett y sus compañeros, permanecieron hasta el 10 de Octubre. Continuaron su recorrido rumbo a la Ciudad de Chihuahua a la que llegaron el 22 de ese mes. De allí partieron hacia Parras de la Fuente Coahuila, ciudad a la que llegaron el 27 de Noviembre. En este tramo de la ruta, Bartlett refiere la escasez de lugares habitados y la peligrosa presencia de bandas de Apaches.

El 7 de Diciembre el grupo expedicionario se encontraba ya en Saltillo, donde permaneció 3 días. Continuó su ruta hacia el noreste. Del 11 al 15 de Diciembre los exploradores transitaron por Santa Catarina y Monterrey, llegando a Camargo, Tamaulipas, el día 20 del mismo mes. Por fin el 1 de Enero de 1853 la comisión encargada de medir la frontera llegó a Corpus Christi, Texas, en el Golfo de México.

Figure 2 Trayecto aproximado del Recorrido del Equipo de John R Bartlett desde San Diego, California hasta Corpus Christi, Texas. 1852.


[1] Es difícil contabilizar los kilómetros recorridos por este grupo de exploradores. Con la herramienta de Google-Maps y siguiendo aproximadamente los lugares que aparecen en la “Personal Narrative…” de Bartlett el resultado del recorrido a pié es de 3,167 Kms durante 641 horas.
[2] BARTLETT John Russell “Personal Narrative of Explorations and Incidents in Texas, New Mexico, California, Sonora and Chihuahua, connected with The United States and Mexican Boundary Commission, during the years 1850, ’51, ’52, and ’53” by John Russell Bartlett United States Commissioner During that Period. In Two Volumes Whid Map and Illustrations New York D. Appleton & Company, 346 & 348 Brodway, and 16 Little Britain, London. 1854. https://books.google.com/books?id=bXoUAAAAYAAJ&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

sábado, 10 de abril de 2010

Vida en el Viejo México 1902 (primera parte)

La escritora americana Elizabeth Visere debió visitar México entre 1901-1902. No cabe duda que su vista le fue significativa y fructuosa. El encuentro con este viejo México, tan distinto al New Mexico y a su propia tierra, Texas, produce en la ella, creo yo, una curiosidad productiva. El carácter ceremonioso de la sociedad mexicana de la que ella llama “better class” y la fresca e inexpugnable sencillez del peón tejen la narración pintoresca y la anécdota ligera. No digo más, es mucho mejor leerla. La traduzco y soy consciente de que traduciéndola la traiciono, pero aún y todo, creo que salió algo interesante.

No incluyo la versión original en inglés que se puede leer aquí: Visere McGary, Elizabeth Life in Old Mexico en Olympian Magazine Julio 1903 Buen provecho.

Vida en el Viejo México

Por Elizabeth Visere McGary, (Primera parte)

Desde el momento en que el tren cruza el Río Grande hacia el viejo México, uno se impresiona con la completa novedad de todo.

“Tamales, tamales calientes”, es casi el primer grito que saluda al turista mientras mira hacia los nativos envueltos en mantas alrededor de la estación, quienes visten estos granes “paños” incluso a mediados del verano. Si les preguntas porqué, te contestan, “por el aire” aunque el aire no sea ni siquiera fresco, sino placentero y agradable todos los días del año. Entre los más grandes encantos de esta fascinante tierra está su clima, con aquel radiante sol que no golpea sin piedad aunque sean las dos en punto de un día de verano, sino que cae sosegador, brillante a esa hora sobre quienes pasean en la plaza, ese puro y reparador aire y la exquisita vida vegetal que es el resultado de tal atmósfera y tal resplandor.

Las plazas, donde los turistas haraganean todo el día, son hermosas, con palmas y naranjos, grandes platanales meciéndose y magnolias cuyas ramas se mecen con cada brisa, cargando el aire con su dulce perfume.

Amapolas y glorias carmesíes desprenden su narcótica influencia mano a mano con los inofensivos rosales, lirios, violetas, pensamientos, grandes rosas “American beauty”, están allí por todas partes en tal cantidad, que uno puede sentarse en el borde de una tintineante fuente y reunir un gran manojo si no hay algún policía cerca.

Los hoteles son pintorescos y distintivamente extranjeros. En precio son sólo la mitad de lo que un hotel americano, pero uno puede sentirse compensado por menos eficiente servicio por la novedad. Un pizarrón en la oficina se usa para registrar los nombres de quienes llegan, con el número de su habitación en el lado opuesto. El equipaje, o lo que queda de él después de la rígida inspección en la frontera, es llevado, con toda calma, a la habitación de piedra en los pisos superiores por uno de los muchos sirvientes mal pagados. Esta inspección de baúles y velises en la frontera es tan interesante como fastidiosa. Oficiales mexicanos suben al tren casi antes de que se detenga y comienzan a zarandear casi todos los velises. Aparecen cepillos de dientes y calcetines y las manos se apresuran a coger los calcetines según como esté el humor del oficial ese día. Tan pronto como esto termina todo el mundo se levanta de su asiento y busca su baúl y lo abre. Entonces los inspectores comienzan su registro. Pero salir de México es mucho más exexhaustivo que entrar. Allí cada prenda es analizada y observada por arriba y abajo y sacudida. Es más divertido observar a los diferentes tipos de turistas. Algunos que tienen demasiadas curiosidades en sus baúles, asumen una postura indiferente y se alejan, o silban mientras la se hace el registro; otros, se mantienen atentos, pálidos y temblorosos y hay otros que conversan de manera muy intrigante, pero la inocencia siempre ha sido el mejor salvavidas.

Las casas de México todas tienen adobe, o piedra, pisos, techos y paredes, lo que las hace deliciosamente frescas. Las casas de los aristócratas usualmente tienen muebles parisinos y son muy lujosas. Hay siempre una superabundancia de espejos, ya que los mexicanos son gente vanidosa. Las casas están construidas alrededor de un patio, cada habitación abre hacia él, que es hermoso con flores y árboles y mucho sol porque, por supuesto, no tiene techo. Bajo un naranjo, a una, dorada con frutos y blanqueada con botones de flores, se extiende la mesa.
Siempre hay 4 comidas al día, y a menudo cinco, porque frecuentemente antes del tardío desayuno, que considerando su lentitud de tiempo en media hora, se sirve a alrededor de las 9, disfrutan una taza de café y un huevo. En el desayuno usualmente se sirve fruta, tostadas, bistec, frijoles y café; bistec marinado en yerbas y café con crema de cabra. Frijol colorado, refrito en manteca, se comen tres veces al día todos los días de sus vidas, con las delgadas tortillas de maíz, hechas de maíz molido y hervido. Estas son moldeadas muy delgadas, cocinadas sobre una estufa de brasas y servidas calientes y humeantes. Su suavidad, es suficientes para aplacar el hambre del más fuerte de los nativos.

Sus frutas son deliciosas; las jugosas chirimoyas, zapotes, mangos y otras de peculiar y encantador sabor que nunca hemos probado en nuestro país. Los turistas son quienes tienen más qué decir de las frutas que de cualquier otra cosa en México. Para la cena, asado relleno con pasas, zanahorias y duraznos hervidos todo junto y la sopa es servida con plátanos cortados. Para el postre, lo favorito es una mezcla de medio plátano y camotes medio hervidos, esto se sirve con crema batida [whipped cream]. Huevos hervidos, camotes horneados, y orejas asadas se venden por la calle. Muchos “pulqueros” transitan por la calle con su feroz pulque todo el día dejando una línea intoxicada de “peones” (gente de clase baja) a su paso.

La vida hogareña de todas las clases es alegre, se la pasan descansando ya sean peones o castellanos. La “Señorita Aristocrática” no trabaja; esto está por debajo de una dama de su calidad. La cocinera está a cargo del “suelto” para las compras del mercado diariamente, y como cocinera, no tiene escrúpulos al manejar el dinero ajeno, puede ser que después de todos sus mandados no quede tan poco. Son duras de culpar, cuando a la más eficiente cocinera se le paga no más de 10 dólares en su moneda de medio valor, y un mozo corre a hacer mandados un ciento de veces al día por menos de eso. Estas condiciones deben ser el fundamento de su fama como ladrones, más que nada los peones antes que cualquier otro. Cargan largos ganchos que atraviesan fácilmente entre los barrotes de las ventanas de una casa que siempre están abiertas y dan directamente a la calle y de esta manera, pueden tirar de algún tapete o cortina. Niños de aspecto lamentable se paran ante estas ventanas y extienden sus delgadas y morenas manos pidiendo mendrugos de la mesa. Un trapito” (¿?) [“un pedacito”] suplican, mirando hambrientos las cosas apetecibles que tienen delante. Muchos padecen de hambre pero no se resfrían, porque bajo el radiante sol de México nunca sufren esa enfermedad.

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