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martes, 23 de junio de 2015

Viaje del Coronel Stowe al México Antiguo (1892) Parte III

San Luis Potosí,  Ciudad de México y Veracruz


El coronel Stowe continúa el relato de sus experiencias a través de México en Luis Potosí “una ciudad de 65 mil almas (700 americanos)”. En aquella ciudad se hace notar la existencia de una guardia policial abundante a pesar de que allí, según el coronel, “no hay armas de fuego” y “casi no hay ladrones”. 

Tren El Nacional Mexicano en la estación de San Luis Potosí, 1904 Waite, C. B. (Charles Burlingame) DeGolyer Library, Southern Methodist University

Dato interesante es la visita a la casa de la Moneda:

Visitamos la casa de la moneda – escribe Stowe – propiedad  de particulares, donde cada uno toma su lingote y lo divide en monedas por sí mismo. Sólo un oficial del gobernador se haya presente para ver que el número correcto de granos de plata es usado en la acuñación de la moneda. Aquí hay libre acuñación, simple y sencillamente, e incluso inflación. Y la gente se pregunta por qué con la protección excesiva y la ley de compra de productos dentro de la republica, no son tan prósperos como en Estados Unidos. La plata fluctúa diariamente, y por 100 dólares norteamericanos recibimos en la frontera 141 dólares mexicanos, y el dólar Mexicano contiene más granos de plata que el Americano”.

El autor señala, entre otras muchas cosas, que en San Luis Potosí no logró ir a una corrida de toros por coincidir su estancia allí con la Semana Santa. De paso describe la cruel versión de la “gallinita ciega” de mi infancia: “Una pelea de toros debía haber tomado lugar durante nuestra estancia, pero se suspendió por el Domingo de Ramos […] los mexicanos aman este tipo de deportes porque es algo que contiene sangre, algo que es cruel. Los muchachos pequeños pueden enterrar una gallina con solo su cabeza visible sobre el suelo y entonces vendan a uno de sus compañeros, le dan varias vueltas para que pierda el sentido de la dirección, lo colocan 10 pies de distancia de la gallina, le dan un palo de 10 pies y todos reirán tanto al ver como aquél pierde, golpea o mata a la gallina. El pobre y paciente burro o mula también recibe su castigo”.

En esta ciudad donde “los pobres son muy pobres y los ricos son muy ricos” un lugar de mucho interés para el Coronel fue la fábrica de cigarros que, por cierto, allí, “no son nocivos”. “Debe hacerse mención – escribe Stowe – de  la gran fábrica de cigarros localizada en San Luis Potosí. En un salón unas 400 muchachas están sentadas en bancas bajas, cada una con un recipiente de tabaco que enrollan con dedos hábiles hasta convertirlo en el “letal cigarro”. Pero los cigarros que aquí se elaboran no son nocivos. En este salón había un altar, decorado con plata, bolas de vidrio y oropel, que tenían ofrendas sobre el piso alrededor extendidas por muchos pies. Estas consisten en naranjas con pequeñas banderas clavadas en ellas, o un centavo, un plátano y muchas otras pequeñas cosas que estas pobres muchachas pudiesen ofrecer al altar de la Virgen. En cada uno de estos salones había altares empotrados en la pared, todos llamativos, todos humildes, pero todos con sus devotas ofrendas.

Continúa su recorrido hacia la ciudad de México. De ella, el coronel, no detalla sus edificios porque “se han descrito ya exhaustivamente en las guías y por los viajeros – dice  Stowe – Pero la representación de la Pasión no se ha descrito antes y verla una sola vez en la vida es más que suficiente.”

En esta parte del artículo el coronel narra la procesión tradicional del Viernes Santo y las costumbres de Semana Santa: elegantes procesiones, cruentos Cristos, campanadas a las 10 de la mañana, todos los vendedores ambulantes ofreciendo “artículos para hacer ruido”, judas que cuelgan por la calle, etc.

El siguiente destino de esta jornada fue la ciudad de Veracruz. El coronel describe el viaje con sus barrancos y precipicios, el polvo y el calor. Le parece que esta parte del país es muy diferente al resto.

Concluye su artículo:

En general, nos gusta México, nos gusta su originalidad, nos gusta su gente  aquellos que son educados, sus casas, sus productos y su clima. Hay un gran futuro delante de este país. Puede que no se alcance por años, pero seguro llegará. La pregunta en mi mente es, si fue fundado por los egipcios o si gente de este país fundó Egipto”.

El coronel Stowe, Masón de grado 33, al finalizar su artículo agradece a los personajes que le facilitaron su estancia en este viaje, pero además “a los Masones Libres en cada ciudad que visitamos, quienes abrieron los salones de su logia y sus casas y armas para recibirnos. Para el beneficio de nuestros lectores que son Masones Libres digamos que un masón viajando por México siempre encontrará amigos. La masonería del Rito Escocés está creciendo rápidamente. El Presidente Díaz está a la cabeza y la mejor gente en la república incluyendo todos los oficiales del gobierno tanto de la república como de los diferentes estados, son altos masones. Las oficinas principales del grupo, presididas por el Grand Comendador Cantone, está en la ciudad de México, en el edificio que una vez fue usado por la inquisición de la Iglesia”.

James Stowe fue un hombre sensible y solidario hacia México. Parece interesarse por el buen funcionamiento de los negocios mexicanos. Escribe “Los acuerdos de reciprocidad propuestos entre los Estados Unidos y la república de México serán, creemos, recibidos con mucho agrado por los ciudadanos, pero los comerciantes extranjeros en México y Centro América llevarán una cruzada activa en su contra. El descenso en los precios de la plata (ahora valorada a 1.47 por 1 dólar americano) está provocando serios perjuicios a los negocios en general.”

 Y agrega dejando clara su simpatía hacia México: “Antes de entrar a este país, chocamos con el socarrón que nos propuso hacer una buena comida antes de dejar los Estados Unidos, llevar nuestras toallas, jabón y velas. Pero encontramos la mejor comida por todos lados y la mejor cocina. No tuvimos necesidad de comprar ningún jabón, toalla o vela. En cada hotel, excepto uno, encontramos agradable jabón y suficientes toallas. Los baños son lujosos, todos con fragantes pastillas de jabón, toallas, ropa de baño, cepillos y peines limpios”.

Es una lástima que las fotos kodak de T. H. Turner prometidas en la primera parte del artículo no aparezcan por ningún lado. Seguiré buscándolas. En su lugar el artículo tiene dos dibujos. Coloco aquí uno de ellos por tratarse de mi personaje olvidado favorito de la historia de México. El Aguador, en este caso dos aguadores mexicanos.





domingo, 2 de marzo de 2014

Un viaje en Tren de Veracruz a la Ciudad de México en 1878

Un hermoso libro escrito por Antonio García Cubas e ilustrado por Casimiro Castro nos puede hacer viajar por el camino que recorría el ferrocarril entre el Puerto de Veracruz y la Ciudad de México desde 1873. Lleva por título: Álbum del ferrocarril Mexicano Colección de Vistas pintadas del Natural por Casimiro Castro, y ejecutadas encromo-litografía por A. Sigogne, C. Castro etc., con una descripción del camino y de las regiones que recorre. 

Las excelentes litografías  de Casimiro Castro nos muestran los paisajes, las barrancas, los puentes, las pueblos y ciudades,  la vegetación y la geografía de un México, si no más luminoso que el actual, sí más claro y desestresado. El tren se detiene en cada pueblo, con una “prisa” diferente a la nuestra. Es curioso leer en el citado libro: “La relación que acaba de hacerse respecto de la zona recorrida por el ferrocarril mexicano, es brevísima como el viaje mismo. La locomotora, con su irresistible fuerza impulsiva, en unas cuantas horas de movimiento traspone las sabanas de las costas, llega á las primeras alturas, escala la cordillera y encumbra la mesa central, sin que le sirvan de obstáculos ni barreras, las barrancas y precipicios, las cumbres y desfiladeros de las montañas: un leve apoyo le sirve para sustentarse en los aires. Si la celeridad del movimiento apenas da lugar al viajero para contemplar rápidamente los paisajes que, en general, se desarrollan á su vista, preciso es trasportarlo á determinados lugares elegidos para este álbum, á fin de dárselos á conocer detalladamente”.

Recuerdo que en 1985 hice mi primer viaje en tren. Fui desde la Ciudad de México hasta Lagos de Moreno, Jalisco. El camino me pareció eterno. ¿Cuánto podría y debía acelerar en la década de 1870 un tren mexicano? ¿40-60 kph? No sé. Pero me imagino que en perfectas condiciones de las vías y la máquina y sin ir cuesta arriba esa sería su velocidad normal. Además el debía parar en 24 estaciones a lo largo de los casi 400 kilometros que hay entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México.  Los pasajeros debieron permanecer en el tren durante toda una jornada (10-12 horas?)

Es posible imaginar en los carros de 1ª clase a los caballeros de corbata, chaqueta y sombrero y a las damas con sus amplios vestidos y sombreros adornados con plumas. Y en los carros de 3ª al pueblo campesino que por algún motivo se trasladaba de una estación a la siguiente a comerciar sus cargas de frutas, verduras, animales o artesanías en los mercados locales.

En fin les dejo unas cuantas litografías aquí y los remito al libro. 

El Viaje comienza en el Puerto de Veracruz

Cruza túneles que perforan las montañas veracruzanas y  puentes sobre barrancas y ríos como éste de Atoyac,

Llega a Córdoba
Y sigue recorriendo pueblos y ciudades de Puebla, Hidalgo y Tlaxcala hasta llegar a su destino: La Ciudad de México. Este era el panorama al llegar del Valle de México.




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