domingo, 16 de mayo de 2010

The People of Arizona


These are the portraits of some of the very first Arizonans. The handbook to Arizona of 1878 by Richard Josiah Hinton quotes: “From the accounts of Father Garcia, who accompanied an expedition in 1774, it appears that the tribes on the Gila and lower Colorado, including the Yumas, Cocopahs, Pimas, Maricopas and Papagoes, then numbered over 25,000 ; they do not now much exceed 10,000. The tribes now inhabiting the Colorado river below the Great Bend are, commencing at its mouth, the Cocopahs, Yumas, Chemehuevis, Mojaves, and Pah-Utes. The Hualapais are in the adjacent mountains of Mojave county”.
The same handbook lists the tribes that at that moment lived in Arizona:



1. The Yumas and Mojaves have a reservation on the Colorado river above La Paz.

2. Apache-Mojaves inhabited a section of country east of the Colorado.

3. The Hualapais, or Wallapais… live in the mountains east of Mojave.

4. The Pah-Utes and Savints are not numerous, and they live on both sides of the Colorado canon. And speaking about Savints the author says:
“Very few whites have ever seen these Indians, or this remarkably secluded valley. Those that have been there were kindly treated, and furnished with blankets and food.”
It is so true Billy Wilder sentence: No good deed goes unpunished.

5. The Pimas have a reservation on the Gila river… They have always been at peace with the whites.

6. The Papagoes have a reservation on the Santa Cruz river… their settlements extend some distance into Sonora. They are about 6,000, and occupy 800 houses, many of them adopting the habits and dress of the Mexicans.

7. The Aravaipa branch of the Apaches lived north of the Gila river.

8. The Tontos lived west and north of them, and the Coyoteros lived east… laid the country under contribution from the Gila south far into Mexico, and east to the San Pedro river. The autor says that
"The Tontos were among the last to surrender, and before they did so most of the tribe were killed.” “They are inferior, physically and mentally, to the other branches of the Apaches; hence their name Tonto, which in Spanish means fool.
They, too, live on the reservation at the San Carlos.

9. The Coyoteros lived in the White mountains… They have been moved to the San Carlos much against their will.

10. The Chiricahuas lived mostly in the Chiricahua and Dragoon mountains, and raided from the San Pedro to the Rio Grande and south far into Sonora and Chihuahua, when they finally made peace they were coaxed on the reservation and given their own terms. About a year and a half ago these Indians were moved to the San Carlos reservation, except a small portion under a sub-chief named Pionsenay, numbering about thirty warriors, who refused to go…

11. The Coco-Maricopas are represented…. as occupying the country south of the river Gila for 150 miles in length from its mouth upwards… These people then consisted of three tribes: the Yumas, the Cocopahs, and the Maricopas.

12. On the east side of the Colorado, near the line between Utah and Arizona, is a tribe of Piutes called the Kwai-an-ti-kwok-ets, numbering forty-seven persons.

13. The U-in-ka-rets dwell among the mountains of that name in northern Arizona, and number about sixty. The Sheav-wits inhabit the plateau of that name in northern Arizona, and number about 180.

14. The Hualapais now inhabit in a wandering way the greater part of the mountain region of Mojave county and the western edge of Yavapai, and are said to number only about 600...

15. The Pimas… number, with the Maricopas, 4,316. When first found by the Spaniards… they resided in settled villages, which they still occupy.

16. On the White Mountain Reservation are 4,459 Apaches of various tribes, viz: 1,512 Coyoteros, 1,051 Phials and Arivaipas, 629 Tontos, 207 Chiricahuans, 352 Apache-Yumas, and G18 Apache-Mojaves.

17. The Navajo Reservation, by treaty of June 1st, 1868, is located in the north-east corner of Arizona and adjacent portion of New Mexico; it comprises an area of 5,200 square miles, or 3,328,000 acres.

18. The Moqui occupy seven villages, or " pueblos," east of the Colorado-Chiquito and Painted Desert.

The scholars think that some of these Indian Tribes were related to the habitants of the Northeast of Mexico and for sure are related to Navajoes and other tribes that live today in the North of Mexico in the States of Chihuahua, Sonora and Baja California.

With such a history I think is very odd that Arizona´s government pronounces a law based on the appearance of the people and even bans the studies about minority groups to control illegal immigration. I know that recall to the unfair historic relationship between Whites and Indians is a clichéd argument, but don´t you think could be other kind of laws to restrain or control illegal immigration? Asking “paper please” to brownish or other facial features people is an strategy more appropriated to a totalitarian regime than to the Democratic Super Power Nation USA is.

lunes, 26 de abril de 2010

Vida en el Viejo México 1902 (3a. y última parte)

Por Elizabeth Visere McGary

[Los mexicanos] Son gente de curiosas costumbres. El Señor aristócrata lanza piropos a la Señorita, aunque no se atreva a caminar con ella por la calle y ella piensa que aquellos piropos, dichos a alguna compañera mientras pasa, son un tributo de su feminidad. En sus hermosas plazas tropicales hay tres niveles de corredores, uno para peones, el central; uno para la clase media, y otro, el de afuera, para castellanos y todos los americanos. Las distintas clases se colocan en sus lugares y no osan cruzar un nivel más alto. Hombres y mujeres van en dirección opuesta sólo con el saludo “adiós” al pasar, aunque el amante peón llama a su “dulce corazón” para invitarla a sentarse en una banca bajo una palma, le declara su amor, mientras la música tierna es entonada dentro de la plaza – la inimitable música mexicana.

La gente se baña como un deber religioso el día de San Juan Bautista el 24 de junio y es un hecho bien comprobado que éste es el único baño del peón durante todo el año. A pesar de la vida fuera de casa que lleva, yendo a su jacal con piso de tierra sólo por la noche, no es difícil de creer que sus abluciones son muy escasas. Hombres, mujeres y niños se sumergen en el río durante este día y toman un largo y remojado baño. La Señorita de clase alta lava su cabello casi todos los días y va al centro de compras con su con los cabellos escurriendo por la espalda tipo sirena. Y al preguntarle si no tiene vergüenza, ella responde: “¿de qué? la gente sabe que me levé el cabello”. Y como resultado de ese frecuente lavado y airado es usualmente hermoso. Ellas saludan de mano a todos los dependientes de las tiendas al entrar y salir y conversan libremente, pero no se percatarán de la presencia de ningún dependiente si van por la calle, porque son sólo un poco más que sirvientes. En México todos los dependientes son hombres, así como quienes atienden la oficina de teléfonos, Después de hecha la compra, el dependiente hace un “regalo” aunque sea una fotografía perfumeada.

Los vegetales se comercian de casa en casa a lomo de burro, y una cocinara puede quizá comprar la mitad de un tomate, o un tallo de apio, tan pequeño como lo desee y disfruta mucho el regatearlo. El lechero pasea a su cabra por los pasillos de las casas de los clientes, y llena la medida de leche en la puerta de la cocina, recibe su paga y encamina a su “cabrita” a la siguiente casa. Los baúles se llevan de la estación en las espaldas de los mozos, inclusive una gran cama de latón o una estufa se llevará así por alguna de estas bestias humanas de carga.

Cada persona lleva el nombre de un santo y ese día es celebrado más que el cumpleaños. Enchiladas o tamales se sirven siempre el día del santo.

La gente es enterrada en un lote alquilado y si al final de dos años la familia es incapaz de renovar el contrato de renta, el esqueleto es exhumado y echado a un patio de huesos [¿?] público. Aquí en cualquier momento se puede encontrar la calavera del bebé de un peón al lado de la de un catedrático. No se hace diferencia de persona, quien haya fallado en pagar el alquiler recibe este tratamiento. Casas de empeño gubernamentales son un enviado de Dios para los “pobres”. Allí ellos pueden obtener dinero sobre cualquier cosa que posean, y cuando se vende el artículo, si es por un precio mayor que el del empeño, la plusvalía, menos un pequeño interés, es devuelta al dueño. Llaman a las casas de empeño: “Montes de Piedad”. Allí, lado a lado pueden verse los pantalones de algún peón y la montura de plata de la victoria de algún aristócrata orgulloso.


Los mercados o “parianes” son centros que atrapan el interés. Cualquier cosa desde un piano hasta un pichón es vendida aquí y a tu propio precio. En el mismo momento en el que uno ve un ramo de rosas (American Beauties) a 25 centavos, el mugroso muchacho de la carne ahuyenta a un perro callejero con un bistec y lo vende al primero que pase por un dólar, bistecs o chícharos, papas, arroz, heno, sogas, pollos, sombrillas, sombreros, aguacates, frutas, zapatos se encuentran uno cerca de otro. Es difícil elegir un camino ya que todo está abarrotado y los perezosos vendedores te jalan el vestido y te suplican que les compres y te sonríen dulcemente si no lo haces. Los americanos dan codazos por el camino a través de la muchedumbre cosmopolita, riéndose de las escenas, frunciendo el ceño con la mezcla de olores, regateando por una canasta brillante, o golpeando a algún “ratero” que intenta atracar a plena luz del día un libro de bolcillo.

En la Ciudad de México hay un “Mercado de ladrones” [mercado negro] oficial cuyos integrantes están en la calle todo el tiempo robando y donde se pueden encontrar increíbles gangas.♦

Aquí el artículo completo en formato PDF:
Vida en el Viejo México


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La versión original en inglés se puede leer aquí: Visere McGary, Elizabeth Life in Old Mexico en Olympian Magazine Julio 1903

miércoles, 14 de abril de 2010

Vida en el Viejo México 1902 (2a. Parte)

por Elizabeth Visere McGary


El cortejo es único, sentimentalmente cursi, pero interesante. Entre la gente aristocrática un hombre comienza un largo y continuado desfile ante la ventana, semejante a una reja de prisión, de la casa de una muchacha -la muchacha, cuyos oscuros ojos él añora-. Y este desfile de quizá varios meses, se mantiene día y tarde todos los días, no hay intercambio de sentimientos, nada hay entre ellos, sino sonrisas. Después de un tiempo él le manda una banda para que le den serenata a media noche, con piezas tan hermosas como “Lágrimas de Amor” y “Para Ti” porque no hay música en la tierra tan llena de amor y suspiros como la mexicana. Si ella aplaude la música, y usualmente lo hace, porque una doncella mexicana no da esperanzas a un hombre a la ligera, él, de pié a la luz de la luna tras los músicos, sueña un futuro sin tristezas, porque la próxima noche que vaya y toque con aplomo la aldaba de bronce de la puerta de su amada, será admitido en la presencia de aquella a quien ama y pudo no haber conocido, de su madre y padre. Ellos están allí para dar su consentimiento al compromiso y para estar de chaperones delante de la feliz pareja. Pronto ella pasea en su adornada victoria [carruaje] por la alameda (el parque favorito) junto con su conductor. Y entonces a su debido tiempo, se anuncia el compromiso y él manda un cheque por el monto que sea capaz para comprar el delicado ajuar, porque esto es una costumbre peculiar en México. Temprano por la mañana se casan, siempre hay una ceremonia un día y otra al siguiente, pero la novia raramente abandona su apellido de soltera por el de su esposo.
Hay un peculiar folclore en el vestido de todas las clases en México. El “peón” viste calzones muy atados a los lados con listones de colores brillantes, sandalias de cuero, una camisa áspera y un gran sombrero de pico, formado y decorado con terciopelo y oropel. Su enamorada viste una blusa brillante, corpiño corto, cabello trenzado entrelazado con listones brillantes y una mantilla siempre, que acomoda graciosamente sobre su cabeza y sus hombros morenos. Usualmente no usan chaquetas, excepto algunas cortas que llegan solo a medio codo y dejan ver sus perfiladas manos y brazos. La novia de clase alta usa un sombrero de seda, paños finos y zapatos brillantes en punta y es muy “elegante”. La señorita tras la ventana cerrada se viste con un estilo amplio y adornado y viste una mantilla de encaje blanco y transparente y estrechas zapatillas puntiagudas. Esta mantilla la usan todas las muchachas y mujeres de todas clases, difieren solo en la calidad.
La vida es cara para el aristócrata, y debe ser, necesariamente, barata para el peón que come sólo frijoles y tortillas. Sedas, bordados, encajes y linos son en comparación baratos; pero percales [mantas], organzas y todas esas cosas de uso femenino están por encima del alcance de cualquier bolsillo. Los percales se venden por metros a un precio que llega a 85 y 90 centavos la yarda. En el área culinaria, los productos americanos son preciados: manteca, harina, azúcar y productos enlatados se venden a precios ridículos y la mantequilla, no es infrecuente encontrarla a 90 centavos de dólar por una insignificante libra.
Hay casas en renta, aunque todas las familias aristocráticas son dueños de sus casas, de fabulosa construcción. En contradicción a esto el hospedaje es mucho más barato que en los Estados Unidos
Todas las tiendas tienen nombres como “Joy of the Meiden” [La alegría de la Doncella], “Way to Paris” [Camino a París], “The Fascination” [La Fascinación]; y la farmacia con el nombre de “Puerta al Cielo” está exactamente enfrente a la cantina que se anuncia con el título “Camino al Infierno”.
Toda la nación es Católica, su religión está inmersa en ella desde la cuna hasta la tumba. Desde el momento en que el bebé empieza a balbucear sus primeras palabras en ese lenguaje acogedor, su mamá lo lleva a la catedral y ante la Virgen María le enseña a rezar con un pequeño rosario. Los conductores que transitan por la calle, se quitan el sombrero y se persignan cuando pasan delante de la Iglesia, y pagan la mitad de sus ganancias a las manos pedigüeñas de sus bien alimentados sacerdotes vestidos de púrpura. De esta manera éstos son capaces de colocar coronas de joyas a la estatua de la Virgen María con un costo de varios cientos de dólares. Durante la Cuaresma los nativos son, por supuesto, más devotos, y las puertas de la Catedral nunca cierran. Figuras de cera de Cristo de tamaño natural, con las marcas de los clavos y sangrantes, yacen en un ataúd en todas las iglesias y, junto a él, la Virgen María vestida de negro, la viva imagen del desconsuelo con lágrimas de aceite en sus mejillas que parecen reales.
La gente se coloca o se arrodilla cerca, llorando alto sobre la atormentante escena. La mañana de Pascua cientos de campanas llenan el aire con su alegre repiqueteo por la resurrección de Cristo, y María, vestida de azul marino, ha perdido sus lágrimas de ayer, y hay una sonrisa de paz en su alegre semblante. Hay una escena de alegría en cada iglesia y aquellos que, de rodillas, escalaron algún monte para rezar al pie de la negra cruz, se encuentran ahora entre la gozosa muchedumbre, sin mancha debido a su peregrinación sobre las afiladas piedras y zarzas.
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La versión original en inglés se puede leer aquí: Visere McGary, Elizabeth Life in Old Mexico en Olympian Magazine Julio 1903

sábado, 10 de abril de 2010

Vida en el Viejo México 1902 (primera parte)

La escritora americana Elizabeth Visere debió visitar México entre 1901-1902. No cabe duda que su vista le fue significativa y fructuosa. El encuentro con este viejo México, tan distinto al New Mexico y a su propia tierra, Texas, produce en la ella, creo yo, una curiosidad productiva. El carácter ceremonioso de la sociedad mexicana de la que ella llama “better class” y la fresca e inexpugnable sencillez del peón tejen la narración pintoresca y la anécdota ligera. No digo más, es mucho mejor leerla. La traduzco y soy consciente de que traduciéndola la traiciono, pero aún y todo, creo que salió algo interesante.

No incluyo la versión original en inglés que se puede leer aquí: Visere McGary, Elizabeth Life in Old Mexico en Olympian Magazine Julio 1903 Buen provecho.

Vida en el Viejo México

Por Elizabeth Visere McGary, (Primera parte)

Desde el momento en que el tren cruza el Río Grande hacia el viejo México, uno se impresiona con la completa novedad de todo.

“Tamales, tamales calientes”, es casi el primer grito que saluda al turista mientras mira hacia los nativos envueltos en mantas alrededor de la estación, quienes visten estos granes “paños” incluso a mediados del verano. Si les preguntas porqué, te contestan, “por el aire” aunque el aire no sea ni siquiera fresco, sino placentero y agradable todos los días del año. Entre los más grandes encantos de esta fascinante tierra está su clima, con aquel radiante sol que no golpea sin piedad aunque sean las dos en punto de un día de verano, sino que cae sosegador, brillante a esa hora sobre quienes pasean en la plaza, ese puro y reparador aire y la exquisita vida vegetal que es el resultado de tal atmósfera y tal resplandor.

Las plazas, donde los turistas haraganean todo el día, son hermosas, con palmas y naranjos, grandes platanales meciéndose y magnolias cuyas ramas se mecen con cada brisa, cargando el aire con su dulce perfume.

Amapolas y glorias carmesíes desprenden su narcótica influencia mano a mano con los inofensivos rosales, lirios, violetas, pensamientos, grandes rosas “American beauty”, están allí por todas partes en tal cantidad, que uno puede sentarse en el borde de una tintineante fuente y reunir un gran manojo si no hay algún policía cerca.

Los hoteles son pintorescos y distintivamente extranjeros. En precio son sólo la mitad de lo que un hotel americano, pero uno puede sentirse compensado por menos eficiente servicio por la novedad. Un pizarrón en la oficina se usa para registrar los nombres de quienes llegan, con el número de su habitación en el lado opuesto. El equipaje, o lo que queda de él después de la rígida inspección en la frontera, es llevado, con toda calma, a la habitación de piedra en los pisos superiores por uno de los muchos sirvientes mal pagados. Esta inspección de baúles y velises en la frontera es tan interesante como fastidiosa. Oficiales mexicanos suben al tren casi antes de que se detenga y comienzan a zarandear casi todos los velises. Aparecen cepillos de dientes y calcetines y las manos se apresuran a coger los calcetines según como esté el humor del oficial ese día. Tan pronto como esto termina todo el mundo se levanta de su asiento y busca su baúl y lo abre. Entonces los inspectores comienzan su registro. Pero salir de México es mucho más exexhaustivo que entrar. Allí cada prenda es analizada y observada por arriba y abajo y sacudida. Es más divertido observar a los diferentes tipos de turistas. Algunos que tienen demasiadas curiosidades en sus baúles, asumen una postura indiferente y se alejan, o silban mientras la se hace el registro; otros, se mantienen atentos, pálidos y temblorosos y hay otros que conversan de manera muy intrigante, pero la inocencia siempre ha sido el mejor salvavidas.

Las casas de México todas tienen adobe, o piedra, pisos, techos y paredes, lo que las hace deliciosamente frescas. Las casas de los aristócratas usualmente tienen muebles parisinos y son muy lujosas. Hay siempre una superabundancia de espejos, ya que los mexicanos son gente vanidosa. Las casas están construidas alrededor de un patio, cada habitación abre hacia él, que es hermoso con flores y árboles y mucho sol porque, por supuesto, no tiene techo. Bajo un naranjo, a una, dorada con frutos y blanqueada con botones de flores, se extiende la mesa.
Siempre hay 4 comidas al día, y a menudo cinco, porque frecuentemente antes del tardío desayuno, que considerando su lentitud de tiempo en media hora, se sirve a alrededor de las 9, disfrutan una taza de café y un huevo. En el desayuno usualmente se sirve fruta, tostadas, bistec, frijoles y café; bistec marinado en yerbas y café con crema de cabra. Frijol colorado, refrito en manteca, se comen tres veces al día todos los días de sus vidas, con las delgadas tortillas de maíz, hechas de maíz molido y hervido. Estas son moldeadas muy delgadas, cocinadas sobre una estufa de brasas y servidas calientes y humeantes. Su suavidad, es suficientes para aplacar el hambre del más fuerte de los nativos.

Sus frutas son deliciosas; las jugosas chirimoyas, zapotes, mangos y otras de peculiar y encantador sabor que nunca hemos probado en nuestro país. Los turistas son quienes tienen más qué decir de las frutas que de cualquier otra cosa en México. Para la cena, asado relleno con pasas, zanahorias y duraznos hervidos todo junto y la sopa es servida con plátanos cortados. Para el postre, lo favorito es una mezcla de medio plátano y camotes medio hervidos, esto se sirve con crema batida [whipped cream]. Huevos hervidos, camotes horneados, y orejas asadas se venden por la calle. Muchos “pulqueros” transitan por la calle con su feroz pulque todo el día dejando una línea intoxicada de “peones” (gente de clase baja) a su paso.

La vida hogareña de todas las clases es alegre, se la pasan descansando ya sean peones o castellanos. La “Señorita Aristocrática” no trabaja; esto está por debajo de una dama de su calidad. La cocinera está a cargo del “suelto” para las compras del mercado diariamente, y como cocinera, no tiene escrúpulos al manejar el dinero ajeno, puede ser que después de todos sus mandados no quede tan poco. Son duras de culpar, cuando a la más eficiente cocinera se le paga no más de 10 dólares en su moneda de medio valor, y un mozo corre a hacer mandados un ciento de veces al día por menos de eso. Estas condiciones deben ser el fundamento de su fama como ladrones, más que nada los peones antes que cualquier otro. Cargan largos ganchos que atraviesan fácilmente entre los barrotes de las ventanas de una casa que siempre están abiertas y dan directamente a la calle y de esta manera, pueden tirar de algún tapete o cortina. Niños de aspecto lamentable se paran ante estas ventanas y extienden sus delgadas y morenas manos pidiendo mendrugos de la mesa. Un trapito” (¿?) [“un pedacito”] suplican, mirando hambrientos las cosas apetecibles que tienen delante. Muchos padecen de hambre pero no se resfrían, porque bajo el radiante sol de México nunca sufren esa enfermedad.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Cebrián de la Nada fundador de Monterrey !

Se me ocurre hablar de algo religioso ya que estamos en semana santa. Es la historia, o la leyenda, de este fraile que, por otra parte, me tiene muy confuso, no él, el pobre, ni su alma (que Dios la tenga en su gloria), sino su historia. Comienzo con lo más fiable. El cronista de Monterrey, Israel Cavazos, en su Breve historia de Nuevo León, menciona a un Cebrián de Acevedo Ovalle, que hizo gestiones en 1600 para llevar frailes franciscanos al Nuevo Reino de León. Y dice textualmente:
“El padre Acevedo ha dado origen a interesantes estudios tendientes a establecer su identidad con la del célebre fray Cebrián de la Nada”.
Sería interesante saber cuáles son esos estudios a que él se refiere. Pero no estamos de suerte porque al respecto no dice más.
Por su parte Eugenio del Hoyo analiza la versión de “dos raros folletos” en los que se habla de un fraile asturiano, Cebrián de Llanos o de la Nada, nacido en 1529, de la orden hospitalaria o de los juaninos. que, entre otros datos, se dice fundó un beaterío en Guadalajara, misionó entre los indios de Cerrogordo y de allí pasó a fundar Monterrey! Allí sostuvo las misiones con los beneficios de dos minas cercanas. Se retiró anciano a Guadalajara y murió el 4 de enero de 1606 a los 77 años. (Cfr. Eugenio de Hoyo, Historia del nuevo Reino de León 2005). De Hoyo concluye que el caso de Cebrián de la Nada es
“un curioso caso que ilustra cómo se puede formar un personaje de leyenda fundiendo varios personajes reales”.
Los personajes reales de esta leyenda serían el bachiller Cebrián de Nava que fundó un beaterío en Guadalajara pero no era juaninio ya que la orden entró a Guadalajara en 1608 y el otro personaje es Cebrián de Acevedo Ovalle, sacerdote secular uno de los principales pobladores del Nuevo Reino de León, uno de sus mineros más importantes y socio de Diego de Montemayor el Mozo. Eugenio de Hoyo no continúa su argumento, lo suspende sugiriendo que el apellido de Llanos evoca al famoso obispo de Monterrey y el apelativo “de la Nada”, a la forma en que firmaba fray Margil de Jesús (misionero franciscanos): “de la mesma nada”, ambos personajes del siglo XVIII.

No sé si posteriormente a la primera edición de la Historia del Nuevo reino de León de Eugenio del Hoyo, éste habrá tenido oportunidad de conocer los folletos a los que se refiere, de cualquier manera, en el 2005 que se hace la reimpresión de su libro no se aclara nada al respecto.

Y entonces, apareció la maravilla de Google y su increíble caudal de información. Descubrí allí un volumen publicado en Madrid en 1716 sobre la historia de la orden de San Juan de Dios con el título Chronologia Hospitalaria en el que se narra la vida de Cebrián de la Nada. Yo creo, sin estar seguro, que los folletos a los que se refiere del Hoyo son una copia (modificada o no) de un texto que incluye los capítulos LXIX al LXXVII del libro III de este volumen, sobre las fundaciones juaninas en América. Los acontecimientos de la vida de este personaje parecen seguir la misma secuencia que del Hoyo narra. Pero hay algunas diferencias. La primera y más notable es que en este volumen de 1716 nunca se apellida a Cebrián de la Nada como de Llanos, ni tampoco que haya sido juanino toda su vida, sino solamente el último año de su vida. (Hice un documento aparte con el original de la Vida de Cebrian de la Nada lo pueden encontrar aquí: Vida del Venerable Siervo de Dios...)

El autor de la obra Chronologia Hospitalaria, de 1716 en la que se escribe la historia de Cebrián de la Nada no puede dar referencia sobre sus padres o lugar de nacimiento porque
“lo merecimos ya cargado en años”
dice. Entre sus parientes se cuentan sus tíos: un contador real de la Ciudad de México y un prior agustiniano también de la ciudad de México.

Fue a Nueva España buscando riquezas, “como todos”, pero durante la travesía casi naufraga el barco, y él hizo voto de convertirse en sacerdote si se libraban de aquella tragedia.
“Tenía edad de veinte y tres años, y corría el de mil quinientos y cuarenta y seis”
cuando llegó a Veracruz, después se trasladó a Puebla, donde se compromete a casarse pero, cae enfermo y disuelve el compromiso. Por fin pasa a México allí se hospeda con su tío el prior de los agustinos donde estudia y recibe las órdenes menores a los 25 años y más tarde pasa a Guadalajara para ser ordenado sacerdote por Francisco Gómez de Mendiola, porque “faltaba el obispo de México” En Guadalajara fundo un Colegio para educar a los monaguillos. Hizo más tarde un “recogimiento” para doncellas criollas y llamó a Doña María de Carvajal de la ciudad de México como profesora.

Regresa a la ciudad de México donde el virrey Luis de Velasco le encarga reparar el santuario de Monserrate. Allí quiso hacer también un recogimiento para doncellas como el de Guadalajara, pero llegaron los monjes benedictinos y se quedaron con la casa.

Después de entregada la casa a los benedictinos se va a predicar a los chichimecas
“que tanto daño han hecho á nuestros Españoles en la Nueva España, como los Indios Chilenos en el Perú” (¡!)
a Cerro Gordo, en Zacatecas.

En seguida narra los sucesos de sus travesías entre los “Cichimecas” pacíficos y guerreros.

“En estas conversiones entendió muchos años el Varón Santo, y aunque gastó mucho mas del caudal que tenia en ellas, agasajando los Indios de paz, para que los conduxessen por veredas no conocidas á reducir á los guerreros, y á los mismos guerreros para suavizarlos (…) Tenía yá gran numero de Indios reducidos, y hazia las Misiones mas á lo descubierto porque le acompañaban muchos y también Soldados Españoles, para guarda , y defensa de su persona”.

Descubrió dos minas, “una de Tonia y la otra de San Andrés” con las que subsidió sus misiones. Fue entonces que pasó a fundar la población de Monterrey en uno de los valles de aquellos lugares. Había un valle
”… que estaba muy vezino á las minas que se avian descubierto, de buen temperamento, y buenas aguas…”
y consultando con algunos Españoles Soldados veteranos se dispuso que se fundara allí la población de españoles e indios “reducidos” que trabajarían haciendo las edificaciones de la ciudad, principalmente la iglesia.
“Llego a ser tan grande la población, que se le dio el nombre de Ciudad, que se llamasse Monte-Rey, porque debía de aver nacido en la de España, y quiso eternizar el nombre de su Patria en aquellos Orbes… repartio las viviendas de las casas entre Españoles Soldados, y Indios reducidos, haciendo gobierno de Corregidor, y Alcaldes Indios, pero sujetos al gobierno de Corregidor. Aunque assistia animado a los indios que hazian la poblacion el Varon Santo, no dexaba las entradas en los guerreros, prosiguiendo sus misiones, y trayendo á la nueva población nuevos Indios reducidos”.

Una vez establecida la ciudad, Cebrián hizo venir de Zacatecas a “dos religiosos franciscanos ministros grandes” para que fundasen el convento franciscano en Monterrey. Más tarde, con su caudal, apoyó la labor de Fray Fco. de S. Miguel y Fray Agustín en la “conquista espiritual” de Nuevo México.

Dice el autor que en 1612 Cebrián tenia 76 años pero parecía de más de 100. Sería aquel el año en que ingresó a la orden de los juaninos y un año más tarde murió.

En este recuento de la vida de Cebrián de la Nada hay algunos datos confusos y otros curiosos.

Primero, el autor dice que Cebrián llegó a Veracruz en 1546 de 23 años y que murió en 1613 de 77. No pega. Si es verdad el primer dato entonces murió a los 90 y si es verdad del segundo entonces no llegó de 23. Lo que parece más lógico es que esté equivocada la fecha de llegada a Veracruz y en vez de ser 1546 sea 1576.

Segundo: dice que se ordenó sacerdote en Guadalajara con el obispo Mendieta, ésto coloca la época de su ordenación entre 1573-79.

Tercero: si es verdad que reconstruyó el santuario de Monserrate y lo dejó una vez que llegaron los benedictinos a él, quiere decir que se fue a las misiones entre chichimecas después de 1590 (fecha en que se funda el santuario según A. Vetancurt (Cfr. Augustín de Vetancurt Teatro Mexicano: descripción breve de los sucesos e ejemplares, históricos, políticos, militares y religiosos del Nuevo Mundo Occidental de las Indias, Volúmenes 1-2 Escalante y Ca., 1870).

Sin duda el relato de 1716 sobre la vida de fray Cebrián es un documento en el que se hace difícil separar los datos históricos de la leyenda. No se concretiza el nombre y apellido reales de este sacerdote. Puede ser que se trate del Padre Cebrián Acevedo y Ovalle que estuvo entre los fundadores de la ciudad de Monterrey y en 1600 hizo las gestiones necesarias para llevar frailes franciscanos a la Ciudad. Puede ser que sólo sea, como dice del Hoyo, un personaje de leyenda producto de la mezcla entre historias reales y míticas. Y en el relato en cuestión, además con la carga de lectura piadosa para enardecer el fervor religioso de los padres juaninos. No deja, sin embargo, de ser un relato muy interesante, en el que se reflejan ciertas particularidades de la época en que fue escrita, como el dato de que hay muchos sacerdotes que no saben decir la misa “y ojalá no fueran tantos”, o detalles curiosos como el hacer referencia a la belleza de las mujeres tapatías:
“y las más de aquel reino las ha dotado el Cielo de muy buenas caras”.
Es sugestiva también la descripción de los nativos que en ese tiempo eran llamados generalmente chichimecas:
“…traen la cara rayada á trechos en proporció, así hombres como mujeres, y se conocen por la diferencia de las rayas, la diferencia de Nación que ay entre ellos, Los rayan quando niños, a la manera que rayan en España los esclavos, pero las rayas de los Chichimecas tiran más á color de cardenillo…”
Al final, como inevitable conclusión, queda el misterio de este personaje que me parece quiso ser misterioso siempre si se hacía llamar Cebrián “de la Nada”.

Por cierto las imágenes de santos que incluyo (exceptuando la primera tarjeta postal de Cebrián de la Nada, colección de la UACJ Universidad Autónoma de Ciudad Juárez) no tienen mucho que ver con el tema, son solo las imágenes que pertenecen a los primeros catecismos y diccionarios de los misioneros y sacerdotes en México. Muchas otras ilustraciones se pueden encontrar en este tipo de libros en este link



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domingo, 21 de marzo de 2010

Pequeño Monterrey de 1791

Es interesante analizar los mapas coloniales de nuestras ciudades y pueblos. Aún cuando no tenían la exactitud de los satélites que utiliza Google Earth, muestran la necesidad de dominio sobre el terreno. Conocer lo que hay en cada rincón de la ciudad es, de alguna forma, atraparla. Así el mapa de Cristobal Bellido Faxardo, guardián y comisario de misiones, del 15 de Febrero de 1791, nos descubre un Monterrey organizado a la manera colonial: en el núcleo la plaza de armas, la iglesia y la casa de gobierno, y en torno a éstos, las viviendas de los vecinos destacados por ser descendientes de los fundadores, los líderes o acaudalados y más allá están las casas de la gente común, la que no tiene para una casa de piedra y se debe conformar con su humilde choza. Y por todas partes, el agua.
(Hacer click en el mapa para verlo más grande)
Este pequeño Monterrey de unas 4, 742 varas (unos 4, mil metros) de largo, colinda al norte con los Ojos de Agua de Santa Lucía, al sur y al este con el río Santa Catarina y al oeste llega hasta el Obispado. Los vecinos se encuentran poblando Nuevo Santander y Texas. Son pocos los que se quedan en la ciudad. De 3,000 habitantes que había en 1746, sólo quedaban 600 en 1754. Pero parece haber una fuerza expansiva, lenta pero aplastante. Como quiera que sea, la ciudad no se estanca, sigue creciendo. La parte superior del Mapa, dividido aquí en 2 fragmentos, muestra una ciudad dinámica, con por lo menos 10 puentes, 23 acequias, 75 pozos de agua o norias, 4 iglesias, calles y caminos, la residencia y el palacio del obispo, la plaza y la casa del alférez real.El mapa completo se encuentra en el Archivo General de la Nación y se puede consultar on line aquí.

También se encuentra en la biblioteca digital de la UANL que es el que yo utilicé aquí para la edición por ser más claro.

De la leyenda al pie del mapa, aquí solo copié y edité algunos puntos como las norias, puentes, casas, calles, etc. Pero la transcribo aquí completa con la misma ortografía con la que está escrita en el original.


Mapa de la Situacion de la Ciudad de Monterrey en el nuevo Reyno de con el Numero de Casas de Jacales o Chozas el de Posos o Norias Azequias de Agua que hai del piso que ocupa la Ciudad en el estado presente al que podrá en lo sucesivo. [Varas Castellanas que comprende de Oriente a Poniente y de Norte a Sur la dife]
A. [falta]
B. Plaza Principal, con ciento treinta Varas de Claro
C. Calles principales de Oriente a Poniente y entradas y salidas de Caminos Reales para varias partes del Obispado fuera de el
D. Combento de Nro. S. P. S. Francisco
Ȼ. Capillita de Sta Rita
F. Yglesia caída y Solar de Sn Francisco Xavier de los Jesuitas
G. Palacio Episcopal y Casa de Alferez Real
h. Callexones que atraviesan la Ciudad de Norte a Sur y entradas y salidas por el Norte para varias partes
I. Capilla de la Purisima que llaman de la Sapatera

J. Palacio que fabrici el Sor Opo. Verger en una Loma distante de la Plaza de la Ciudad Tres mil seisientas Varas cuyo piso esta mas alto Ochenta y siete y media Varas Respecto a el de la Ciudad y su Plaza

K. Veinte y tres Azequias de Aquua que circundan a toda la Ciudad por las quatro principales rumbos y con que se abastesen los Vecinos.
L. Rio de Sta Catarina que corre de Poniente a Oriente a Orilla de la Ciudad
M. La Sierra Madre y Lomas que corren de Poniente a Oriente

N. Cerro mui alto que llaman de la Silla
O. Ojo de agua mui grande y permanente
O.O.O. Varios Ojos de agua medianos y no permanentes
P. Arroyo que forman los referidos ojos de agua el que juntándose con las aguas del grande hacen un Rio hasta llegar a incorporarse con el de Sta Catarina.
Q. Cerro del Topo, dista dies y media legua de la Ciudad
RR Dos ojos de Agua Azufrosa que nace al pie del Ojo Seco (¿?)

S. Otro Ojo de Agua dulce pequeño y permanente
T.T. Dos mil trescientas setenta Varas que hay desde el principio de la Ciudad por el Oriente hasta la Compartición de la Agua lignea recta al Poniente

TY.TV. Dos mil setenta y dos Varas que hay desde la Compartición de el Agua hasta el pie de la Loma donde esta el Palacio nuebo lignea rrecta advirtiendo que desde la Comparticion hasta el dicho pie de la Loma hay diez Varas y media más alto del piso y desde la Plaza de la Ciudad hasta el Compartimiento nuebe varas y media que juntas hacen Veinte Varas por lo cual se experimenta otro distinto temperamento
V. Compartición de las Aguas

X. Setenta y cinco pozos o Norias que son las que hay en toda la Ciudad
Y. Varias Puentes para transitar asi por las Calles como por los Caminos de la Ciudad.

[Dibujo de una casa de dos pisos] Son el Numero de Casas fabricadas de Piedra de Cantera y Mescla

[Dibujo de dos casas con techo a dos aguas] Son Jacales o Chozas fabricadas de Palos o Adobes y techadas de Yerba o la casa de Sabino
ZZ Seiscientas sesenta Varas que tiene de ancho la Ciudad.
K.L. Azequia de tres quartas de agua que compro su Señoría Yl[ustrosíma] para beneficio de la Ciudad la que viene más alta del piso de la plaza principal treinta y seis varas =s; pudiéndose llevar el agua hasta diez leguas de distancia, así por el Rumbo del Norte como por el Oriente.

jueves, 11 de marzo de 2010

El Convento Franciscano de San Andrés



Hablar del convento franciscano de san Andrés es como hablar de un fantasma, o mejor, como hablar de un antepasado cuya silenciosa historia termina con un trágico desenlace. Es también el símbolo del pasado aplastado por el ansia de progreso, de modernidad y desarrollo. Pero está presente como símbolo en el mismo núcleo de la conciencia regiomontana: en el escudo del Estado de Nuevo León.


Dice Armando V. Flores que Fray Andrés de León lo fundó en 1602 y lo consagró al santo de su nombre: San Andrés. Israel Cavazos dice que fueron fray Lorenzo González, el viejo y fray Martín Altamirano quienes fundaron el convento de Monterrey, en 1602, bajo la advocación de San Andrés.

Pero la historia de este convento parece estar marcada por acontecimientos trágicos. Inundaciones, incendios e insensatez humana se confabulan en su contra.

En 1611 una inundación arrasó con las edificaciones de la ciudad. Los vecinos decidieron trasladar el trazo de la ésta hacia el sur. En el mapa que se muestra aquí puede verse este nuevo trazo, con la plaza de armas y el convento en el lado sur de la ciudad. (Plano del 15 de Febrero de 1791 y su comparativa actual)




En 1626, según un inventario de las construcciones de la ciudad, el convento contaba con torre fuerte, buenas campanas y cementerio grande para entierro de naturales.

El convento comenzó teniendo techo de paja o zacate y además de los deterioros por inundaciones que debió sufrir, también se incendió y quedó en la ruina. Pero en 1753 ya estaba nuevamente rehecho y mejorado. Fray Francisco Cabrera, guardián del convento, describe el templo de San Francisco...

...con una longitud de cuarenta varas (33.44 m), de latitud más de nueve (7.52 m) y de altitud diez varas (8.36 m). Puso en la fábrica de dicha iglesia especialísimo esmero en su portada (...) sobre el arco primero de la principal puerta de la iglesia (...) sale derecha una cornisa sobre la que descansa en su medio la ventana del coro curiosamente labrada, y a sus lados tiene la dicha ventana de su igual tamaño fabricados dos nichos bien pulidos y hermosos; en el uno de ellos, que es el del lado derecho, está una devotísima y bien hecha imagen de Nuestro Padre Santo Domingo, de bulto, de piedra cantería, de cuerpo entero, todo de una pieza, y del mismo modo está en el nicho del lado izquierdo Nuestro Padre San Francisco (...) sobre dicha ventana y nichos sale otra cornisa (...) sobre la que estriba y descansa siguiendo el mero medio de la ventana un nicho grande muy vistoso dentro del que está una hermosa y devota imagen de San Andrés, titular de este convento, fabricada de la misma materia de piedra cantería, la que tiene su repisa, aún más pulida y curiosa que las otras dos."
Su techo de bigas de encino reticuladas en rombo era único en la región, el piso era también de madera machimbrada. (Flores Salazar, Armando El Convento franciscano de San Andrés en Línea del Tiempo Biblioteca de la UANL)


En 1860 El Gobernador del Estado Santiago Vidaurri hace cumplir la Ley de Lerdo de apropiación de los bienes de la iglesia y
las piezas del referido ex convento que miran a la calle de San Francisco (hoy Calle de Abasolo) (...) y todo el primer patio quede separado para el establecimiento de escuelas gratuitas de la municipalidad de esta capital, quedando ese edificio a cargo del Ilustre Ayuntamiento para su conservación y mejora, a fin de que llene el objeto a que se destina”.
Entre 1864 y 1870 opera allí el Colegio Civil antes de pasar a su sede definitiva. Cuando se trasladó la sede del colegio, el convento pasó a ser cárcel municipal hasta fines del siglo XIX.

Incluso en el estado ruinoso en que seguramente se encontraba en 1887 como cárcel provoca la admiración de los visitantes. En una guía descriptiva de la época se le describe así:
La antigua Iglesia parroquial de San Francisco, una cuadra al sur de la plaza, es la reliquia arquitectónica más interesante en la ciudad. Data de 1590 (…) Es la Iglesia más vieja de la ciudad y es un buen ejemplo de la austera pero sólida arquitectura clasificada como de Franciscanos Primitivos (…) Merece la pena visitar su pintoresco interior con aperturas hacia el antiguo claustro. Muy pocas de las iglesias mexicanas existentes conservan el techo con las vigas cruzadas en cuadrícula, característico de esta estructura y tiene su contraparte en la de Coyoacán (…) La extraña inscripción latina a lo largo de la viga que sostiene el coro, hace referencia a la reconstrucción de la entrada (Porta Coeli-Puerta del Cielo) en 1842.”

“The old Parochial Church of San Francisco, one block South of the plaza (PI. D, 4), is the most interesting architectural antique in the city. It dates from 1590 and was founded as the Parroquia de San Francisco with San Andrés as its patron saint. It is the oldest of the city churches and is a good example of the austere but sturdy architecture classified as the Early Franciscan, and described at p. cxxix. Its quaint interior, which opens on to the old cloister, is worth inspecting. Very few of the existing Mexican churches retain the curious old cross-beams, in the ceiling, that are features of this structure, and its counterpart at Coyoacan (p. 408). The quaint Latin inscription which runs the length of the beam supporting the organ-loft refers to the reconstruction of the entrance (Porta cœli — door of Heaven) in 1842.” (Cfr. More Johnson, Hannan About Mexico Past and Present Presbiterian board of publication 1887
Las Guías del viajero (del siglo XIX) publicadas en Estados Unidos muchas veces hacen referencia a este Convento como uno de los principales puntos de visita. Hablan de este convento como un lugar en el que se pueden comprar artículos nativos en su cárcel. (Appletons' guide to Mexico: including a chapter of Guatamala, and a complete ... por Alfred Ronald Conkling de 1884.

Los visitantes extranjeros sentían admiración por este templo y convento a pesar de su condición ruinosa o quizás por ésta. Se puede leer en el American Magazine de 1884:
“Sería suficientemente tenebroso y oscuro el interior de la vieja iglesia si no fuese por la cantidad de velas que la fe han mantenido ardiendo a través de los siglos. A cualquier hora del día o de la tarde que uno entre hay siempre feligreses de rodillas recitando sus oraciones en español o susurrando a través de la rejilla del confesionario. El gusto de los ancestros parece haberse juntado con el extraordinario colorido y toda la familia de santos se vistió de los colores del arco iris. Los Cristos desmedidamente cruentos y lúgubres muchas veces de piernas moradas y cabellos azules y rosas tan grandes como coles brotando de las heridas de las manos y pies y, en el corazón de cada Dolorosa, una daga real se ostenta con orgullo. Esta vieja Iglesia de San Francisco fue de gran fascinación. Uno ama subir a la mohosa torre y sentarse junto a los pájaros y entre sus herrumbrosas campanas mirando hacia abajo y entre los pasillos desiertos ahora crecen yerbas donde monjes y monjas caminaron en otros días mientras el canto del viento parece hacer eco de las voces de aquellos quienes padecieron bajo las cúpulas en el nombre del misericordioso Jesús”.

It would be dark and gloomy enough within the old church were it not for many candles which the faithful have kept burning through all the centuries At whatever hour of day or evening one enters there are always worshipers upon their knees murmuring their Spanish prayers or whispering at confessional gratings The taste of the early fathers seems to have rioted in gorgeous coloring and the whole Blessed Family saints included are clad in all the colors of the rainbow The Christs are exceedingly bloody and lugubrious often with purple legs and blue hair and roses as large as cabbages growing out of the wounds in hands and feet and from the heart of each Mother of Sorrows a real dagger is ostentatiously protruding This old Iglesia de San Francisco has a wonderful fascination One loves to climb it moldy tower and perch with the birds among its rusty bells looking down into the courts now weed grown and deserted where nuns and monks walked in other days while the sighing of the wind seems echoing the voices of those who suffered in the vaults beneath in the name of the merciful Jesus . Ward Mostebet, Fannie B., Monterey, The Metropolis of Northen Mexico en The American magazine, Volume Vol XVII No. 3 17 Marzo 1884
Ya desde 1867, se empezaba a urdir la idea de derrumbar el Convento con la premisa absurda de alargar la calle Zaragoza hasta el río, "pues así lo requería el ornato de la ciudad" pero las autoridades eclesiásticas encabezadas por el obispo Francisco de Paula Vera lograron, en esa ocasión salvarlo, por casi 50 años más.

Convento franciscano de San Andrés después de la Inundación de 1909


La trágica inundación de 1909 no solamente fue el augurio de tiempos revueltos en Monterrey y México en la víspera de la Revolución, sino que además hizo bastantes estragos en el ya vetusto convento. Aún y eso, fue restaurado totalmente, y la torre campanario se completó agregándole como remate una cúpula con linternilla.


Lo que no pudieron hacer las inundaciones y el fuego, sí lo hizo la inconsciencia humana. Inútil culpar a nadie. El convento no puede recuperarse. De la época anticlerical de principios del siglo XX, el convento de San Andrés es su principal víctima. Y se decreta la demolición del Convento en 1914, siendo gobernador Antonio I. Villareal.

De la devastación de templo e imágenes "fusiladas" sólo se pudieron rescatar unos cuantos objetos:
"en el museo El Obispado se encuentran la escultura Tequitqui de Santo Domingo y la pila bautismal del siglo XVII, la viga de sabino del siglo XVIII con la dedicatoria del templo, el portón principal del Templo que funciona hoy como el portón de acceso al Museo, mientras las campanas siguen replicando hoy en día en la espadaña del Santuario de Guadalupe de la vecina colonia Independencia".
(Flores Salazar, Armando El Convento franciscano de San Andrés en Línea del Tiempo Biblioteca de la UANL)

Santo Domingo de Guzmán.
Escultura de piedra de estilo Tequitqui que se encontraba en el Convento. Hoy en el Museo del Obispado.
Fotografía de Esparta Palma
Museo Regional de Nuevo León, Ex Obispado.

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El Convento Franciscano de San Andrés Monterrey, Mexico
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